domingo, 25 de noviembre de 2012

SILVESTRE Y PIOLÍN: LA VERDAD SALE A LA LUZ

Pues nada, que estoy aquí de dominguero, leyendo las cosas que se les ocurren a los compinches en el Facebook, y me tropiezo con una viñeta-chiste inspiradora de Guillermo Zago, que me lleva de una idea a otra como las lianas llevaban a Tarzán de paseo por la selva.

            Empiezo por recordar los dibujos animados de la Warner, los del gato Silvestre y el pajarraco amarillo Piolín.
            Y recuerdo que nunca me cayó nada bien el pajarraco amarillo, porque además de estar protegido por esa especie de golem viejuno, la abuela de las gafas haciendo calceta, al final resulta que los palos siempre se los llevaba el pobre gato. 
            Y llego así a la conclusión de que en realidad los guiones eran muy astutos.
            El pollo amarillo, Piolín, es aparentemente el héroe perseguido, pero en realidad es un chulo y un mamonazo chivato que amenaza con avisar a la abuela para que le sacuda al gato. Es la víctima llorona que todos tenemos siempre cerca. A veces nosotros somos esa víctima llorona.
             El gato Silvestre es en principio el villano, el antagonista que persigue. El verdugo. Pero nunca consigue su objetivo, como le pasa al pobre Coyote con el Correcaminos. Está marcado para perder. Y al final nos acaba cayendo más simpático que el pollo. Incluso nos identificamos con él, siquiera por el empeño que pone en conseguir su objetivo, aunque nunca logre lo que pretende: incluso cuando consigue meterse finalmente el puñetero pollo en la boca, sabemos que el jodido bicho amarillo conseguirá escapar de sus fauces de algún modo.
 
             Y el puñetero pájaro siempre amenazando: "Me parece que he visto un lindo gatito!"
             Maldito chivato cabrón. 
            Total, que la víctima, el pollo, acaba siendo el verdugo, cuando la vieja se pone a repartirle leña al gato, y el gato, supuesto verdugo, acaba siendo la víctima.
            De hecho en los cortos de la Warner solían prestar mucha atención al desdoblamiento como trama de algunos guiones, así en plan Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Era un tema recurrente.
            Así que Piolín podía llegar a convertirse en este bicho. 
 
            Y todo queda claro. Se hace la luz.
            ¿Será por eso que me gustan los gatos y no me gustan los pájaros enjaulados?

1 comentario:

Andres Pons dijo...

Me encantan los gatos.