viernes, 2 de noviembre de 2012

REVERENDO COLT, de León Klimovsky. “No hay nada como una bala para convencer a un ateo”



¡Curas con pistola! Un tema de infalible gancho en el western mediterráneo.
El prolífico director argentino afincado en España León Klimovsky (Klimowsky según la carátula del DVD), un todo terreno imparable, decidió sacarle el jugo en esta película rodada en 1970, donde el cazarrecompensas Miller Colt (Guy Madison, que había alcanzado relevancia en Estados Unidos interpretando el papel del pistolero Wild Bill Hickok en una serie de televisión y como muchos  otros actores norteamericanos buscó en Europa un retiro dorado como estrella del cine de explotación), se convierte en el Padre Miller, pero al ponerse el alzacuellos no deja la cartuchera vacía y sigue llevando pistola para lucir puntería cuando la situación lo requiere. Como el padre Miller dice: “No hay nada como una bala para convencer a un ateo”. 

Este western mediterráneo se mueve en una clave más clásica y menos disparatada que las producciones italianas del mismo género. Los equivalentes de inclinación más española en el espagueti western se inclinaban más en la línea de las novelas de quiosco de Lafuente Estefanía, siguiendo más de cerca la estructura argumental de los clásicos del cine del oeste fabricados en Estados Unidos. La frase “Voy a matarte, Flanagan, así que empieza a rezar” podría haber salido de cualquiera de las novelas de quiosco de Lafuente Estefanía. 

De manera que si bien Reverendo Colt invoca el reiterado tema del pasado y la memoria en flashback, tan típico de los antihéroes que poblaron el espagueti western más puro, para mostrar el motivo que llevó al cazarrecompensas a convertirse en cura, siendo así el tema de la redención y no el de la venganza el que impulsa al personaje principal, lo cierto es que en esta ocasión el desarrollo argumental es más lineal, convencional, y depara menos sorpresas que otras muestras del western europeo. 

La trama de la caravana acosada por un grupo de bandidos que recibe la protección del Padre Miller y acaba encontrando cobijo y siendo víctima de un asedio en un fuerte, decanta el argumento hacia un esquema de aventuras. Aunque se plantean conflictos entre los miembros de la caravana para mantener cierta intriga dramática, restando además mayor protagonismo al cura pistolero, lo cierto es que no llega a tener el tono sombrío y siniestro que acompañaba a los personajes del espagueti western puro. Lo malo es que de ese modo se le resta mayor protagonismo al personaje del padre Miller, que debería haber sido más desarrollado, pero se queda algo esquemático, o al menos más limitado de lo deseable, dado que la idea del sacerdote con pistola es el anzuelo principal de la función.
Así nos encontramos con algunos temas que facilitan una evolución de algunos personajes, como el interpretado por Germán Cobos, que viene a ser el “falso culpable” de la historia y en un fragmento de la trama adquiere incluso más relevancia que el propio cura con pistola.

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