sábado, 3 de noviembre de 2012

MATAR AL IRLANDÉS (BULLETPROOF GANGSTER), de Jonathan Hensleigh



 Cleveland, 1975, Danny Greene (Ray Stevenson) se enfrenta al enésimo atentado contra su vida en un principio que recuerda el arranque de Casino de Martin Scorsese, antes de que la película acuda al flashback para presentarnos el personaje desde su juventud en un giro que recuerda los primeros pasos de otra película de Scorsese, Uno de los nuestros.

            A partir de ahí, Matar al irlandés empieza a buscar su propio camino, siguiéndole la pista a un personaje real y recreando la guerra de un mafioso irlandés difícil de matar al que la mafia italiana parecía no poder abatir de ninguna manera, porque como el mismo Danny Greene dijo en la vida real: “Si el Tío de ahí arriba mueve los hilos, te vas, no hay otra”. 
 
            Definido como el Robin Hood de Collingwood, mirándose a sí mismo como un guerrero celta y presentándose con la frase: “Soy un irlandés católico con la gracia de Dios a mis espaldas”, Danny Greene encuentra su mejor traductor en un Ray Stevenson al que conocimos en el papel de Tito Pullo en la serie Roma y que no ha tenido hasta el momento mucha suerte en el cine como protagonista de la curiosa Outpost y la francamente decepcionante Punisher. De estas tres está claro que la mejor es Matar al irlandés, una crónica de guerra en el crimen organizado que tiene cierto aire de telefilme en algunos momentos y en la que el intento de retratar la vida privada del protagonista junto con su vida criminal no funciona del todo, buena prueba de lo cual es que sea más interesante esa relación de madre-hijo que mantiene el personaje con su vieja vecina irlandesa (Fionnula Flanagan), que las relaciones con su esposa (Linda Cardellini, una de las chicas de la serie Urgencias) y con su ligue. 
 
            Pero dejando de lado el entorno privado del relato, todo lo relacionado con la lucha por el poder funciona bastante bien como película de mafia bien surtida de rostros conocidos, como los de Christopher Walken, Val Kilmer, Vincent D´Onofrio, Vinnie Jones, Paul Sorvino… Ellos son la salsa de este largometraje en el que se nos explica por qué “hacen falta algo más que unos petardos para matar a Danny Greene”, una auténtica leyenda en el paisaje urbanita de Cleveland en los años 70. 
Eso sí, no me pregunten por qué de repente el gran Christopher Walken me ha recordado a Yoda. 
 
            Hombre, no es Uno de los nuestros, ni siquiera Casino, le falta ese tono épico que le aplica Scorsese a sus historias de mafia, pero está bastante interesante si te gusta el cine criminal y si no te gusta resulta bastante entretenida.
            Como calificación le doy 

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