sábado, 24 de noviembre de 2012

LA VENGANZA DE GILEAD, de Dan Abnett y Nik Vincent

Normalmente los elfos me caen de puta pena. No los trago. Debo tener inclinaciones de enano caótico, o algo por el estilo (ya que estamos, a ver cómo me ha tratado a la compañía de enanos Peter Jackson en El Hobbit, espero que no me los haya feminizado como a Trancos y compañía en El señor de los anillos…).

            Así que pillé este libro de las novelas de Warhammer con mucho cuidado, no poca inquietud y notable desapego.
            Pero ahí estaba Dan Abnett dándole a la tecla, así que no me quedaba otro remedio que probar suerte.
            Y mereció la pena.
            Estructurado en relatos cortos, algunos no tan cortos, que se relacionan entre sí con la continuidad establecida por los protagonistas, el alto elfo Gilead y su acompañante, que es el narrador del asunto, es lo más tragable de elfos que he leído en los relatos fantásticos. Vale que el elfo sigue siendo un gilipollas de no te menees y en cuanto te descuidas se pone poético-llorón y dan ganas de darle una colleja, pero eso es tema que va perfectamente con el personaje y además queda sobradamente compensado por el colega narrador, que tiene los pies puestos en el suelo.
            Salvando todas las distancias, la estructura tiene algo de Don Quijote y Sancho Panza, salvo que aquí el caballero de la triste figura es un elfo medio pirado que busca huellas de su raza perdida en el mundo de los hombres y Sancho Panza es un sufrido socio al que acaba hartando y que se larga a una peripecia final en plan Los siete magníficos, defendiendo un pueblo contra una horda de mercenarios tileanos. Además, como ocurre en todas las novelas del universo Warhammer, hay mezcla de géneros. O por hablar más claro: que toman prestado de todas partes: el western (o mejor dicho, el espagueti western), la fantasía, el terror, la psicodelia cósmica (por los elfos, es la parte más coñazo de la colección de relatos, las cosas claras, con el prota persiguiendo a su fémina por un laberinto de cosas que no son lo que parecen y que me ha recordado algunos tebeos del Doctor Extreñido, digo Extraño, de la editorial Marvel), la intriga policial estilo ¿quién lo hizo? o whodunit, y finalmente un retorno al western en clave épica).
            El caso es que todo eso está bastante bien estructurado en un arco de historias sólo aparentemente independientes: 1 El rastro de Gilead, 2 El destino de Gilead, 3 La decisión de Gilead, 4 La senda de Gilead, 5 La prueba de Gilead y 6, la mejor de todas, Las espadas de Gilead, que es una especie de adaptación de la fórmula de Los siete samuráis al mundo de Warhammer, con un personaje, un campesino, que le dice algo muy obvio a un hombre de guerra, obvio pero no por ello menos cierto: “¡No me hables de la guerra, caballero. Tú juegas a la guerra, nosotros vivimos las consecuencias!”. Cambien caballero por banquero y lo mismo les suena más a la movida que nos estamos tragando con la mierda de la crisis, si me permiten el arrebato populista.
            Resumiendo: que al final sigo sin tragar a los elfos, prefiero a los enanos, pero me he pasado unas cuantas horas divertidas leyendo las peripecias de Gilead.

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