sábado, 10 de noviembre de 2012

JOHN FORD, LA DILIGENCIA, LA GENTE Y EL MOSQUITO DE PREDATORS


¿Cómo que qué cojones tienen que ver John Ford, La Diligencia, la gente y el mosquito de Predators?
Pues todo, señores, señoras, niños, niñas, gente en general.
TODO.
Verán ustedes: John Ford triunfó en todo el mundo e hizo películas acojonantes porque sabía tratar a la gente en sus historias. Gente buena y gente mala. Gentuza y gentecilla.
Todos sus personajes tienen algo detrás.
Todos tienen una vida, aunque en principio algunos nos produzcan una sensación de asco.
Ford hace que podamos entender incluso al más hijoputa de sus personajes.
Entendemos incluso al banquero de La Diligencia, que se va con toda la pasta del pueblo para huir de la harpía de su señora, mucho más cabrona que él, porque seguramente es la que le ha inoculado el virus de la corrección política y la enfermedad de juzgar al prójimo y echar putas de los pueblos, más por miedo a que de repente el marido venga a casa a exigir lo que le dan pagando en la calle que por miedo a que les pasen unas venéreas de las de querer irse de este mundo por la pata abajo. 
 
El pobre tipo, el banquero digo, no tiene otro remedio que salir por piernas, escapar con su bolsa de dinero ajeno y con su máscara de dignidad cuarteada mirándose a sí mismo con optimismo como un intrépido pícaro de altos vuelos, todo indignación, exigencia y rectitud por fuera, mientras la procesión de su pecado, que no es sino miedo a seguir siendo un mierda el resto de su vida, le corre por dentro como el “agua de fuego”, ese whisky peleón que el médico borrachín vacía con metódica aplicación de la maleta del tímido vendedor de bebidas espirituosas.
Ford es grande y sabe jugar a reírse de la vida manejando la paradoja como enfrentamiento pugilístico entre contrarios.
Miramos con curiosidad y reticente empatía el exótico espectáculo del orondo banquero bailando en la cuerda floja y probablemente pensando en ir a pasear su dignidad en el primer burdel que encuentre cuando llegue a la civilización, si es que los indios no le cortan antes la cabellera.
Porque cuando la gente mira a la gente en las películas de John Ford encuentra un espejo, de manera que el astuto Ford deja que juguemos a identificarnos con el héroe pero no duda en meternos también en el pellejo del villano. 
 
Por eso el cine de John Ford es grande.
Porque trata de la gente.
Habla de y con la gente.
Y hace que la gente se mire en la gente.
En esencia todo lo que no están haciendo el noventa por ciento de quienes tienen alguna capacidad de decisión en este mundo tan navajero que nos ha tocado vivir.
¿Y el mosquito de Predators?
 
El mosquito de Predators es el representante de toda esa horda de golfos y chupasangres que aletea alegremente sobre las cabezas de la gente buscando a su próxima víctima.
Miren bien al mosquito de Predators.
Siempre está con nosotros, allí arriba, esperando su momento para arrearnos un picotazo.  
Es una bestia persistente dotada de infinita paciencia.
Por cierto, en lo referido a La Diligencia de Ford y las diligencias en general, un dato curioso: la compañía Wells Fargo se fundó hace unos 160 años en Nueva York para atender a los negocios relacionados con la fiebre del oro de San Francisco.
Así que podríamos decir que lo de llevar a la gente de un sitio a otro era simplemente un efecto secundario del picotazo del mosquito de Predators a la persecución de la riqueza.
No se engañen: todos llevamos dentro un trozo del banquero de La Diligencia, al que algunos estudios definen como el gran villano de la película, olvidando que a todos nos gusta el dinero. Que todos nos miramos como si fuéramos mejor de lo que somos y vendemos nuestra dignidad a precio más caro de lo que realmente vale.  Olvidando que a todos nos gustaría hacer lo que nos da la gana… aunque nos falten las pelotas para apalancarnos la bolsa del dinero ajeno y salir pitando en una diligencia de la Wells Fargo.
Y en el fondo todos sabemos que arriesgarse a perder la cabellera a manos de los indios es preferible que seguir perdiendo el tiempo con una vida de hombre-cucaracha escapado de las pesadillas de Kafka.
No se confundan. Acabo de leer un artículo en el que definen al banquero como el verdadero villano de La Diligencia, pero en realidad sólo es un títere del mosquito de Predators, esa bestia que siempre engorda con las mentiras que nos contamos a nosotros mismos. 
Hoy todos estamos viajando en La Diligencia de John Ford. Nos persiguen los indios armados con hipotecas y desahucios y amenazas de despido o jubilación anticipada mientras el suelo bajo nuestros pies se tambalea de forma alarmante. 
Muchas cosas en las que creímos no son como pensamos que serían al llegar a este momento de nuestras vidas.  
Pero no se rindan. 
Si es la hora del lobo, no sean ovejas. 
Mejor piensen en la hora de las pistolas.  
Echen un vistazo a alguna película de John Ford y miren su imagen reflejada en el espejo de sus gentes.  
 

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