domingo, 4 de noviembre de 2012

GORGO, de Eugene Lourie



 
Tarde de domingo lluviosa y puñetera para andar por la calle. Así que he decidido rendirle homenaje nostálgico a aquellas otras tardes de domingo de los años sesenta y setenta que me pasaba o en un cine de sesión continua y programa doble o en alguna parroquia de mi barrio en la que pusieran alguna película para la chavalería por cincuenta o setenta y cinco pesetas. Precio módico. 
 
Gorgo, dirigida por Eugene Lourie en 1961, era una de las películas que solían poner en esas sesiones y es la que me he puesto yo esta tarde. Argumentalmente es una variante de King Kong, con unos marineros que capturan un bicho reptilesco primo del Godzilla y se lo llevan a Londres para exhibirlo en un circo. 
 
Mala idea.
El bicho tiene madre. Y la madre tiene muy mala leche, además de abultar cuatro veces más que el hijo. 
 
Resultado: destrozo total de la ciudad del Támesis, con especial atención a sus monumentos más carismáticos, naturalmente. 

¿Qué sería de estas películas de monstruos gigantes si las criaturitas no pudieran echar abajo los monumentos más postaleros de cada ciudad que visitan? ¿Acaso no son todas estas producciones con bicharracos gigantes cabreados una variante de las guías turísticas en clave destroyer?
 Pues eso.
Total, que la madre va a buscar al hijo a Londres y la lía parda. 

 

Mejor que las producciones japonesas sobre Godzilla y jugando con la situación ambigua del espectador frente al monstruo merced a incrementar la empatía con el bicho respecto a la fórmula de King Kong, haciendo que en lugar de un gorila peludo sea una madre lagarta que busca a su cría, y cambiando a la rubiales macizorra que ponía cachondo al primate por un niño que se identifica con la lagartija secuestrada
Gorgo empieza con un buen planteamiento de intriga en una isla reforzada por un paisajismo tenebroso.
 
 
 Luego se entrega al habitual despliegue de efectos visuales y movilización de efectivos militares para combatir la amenaza siguiendo la pauta de las películas japonesas y las norteamericanas del mismo asunto producidas en la década de los cincuenta. 
 
Al final les sale una curiosa película de catástrofe en la que no queda una casa londinense en pie.
Asumo que el destrozo nos gustaba más a los chavales en aquellas sesiones de las que he hablado al principio que cualquier reflexión sobre la maternidad responsable o cualquier mensaje proto-ecologista que pudieran pretender sugerirnos los responsables de la película. La fórmula bicho grande y gritón destroza todo lo que se le pone por delante inspiraba incluso cierto afán emulador en la chiquillería al terminar la proyección.
Sospecho que por eso se daban tanta prisa los encargados de la parroquia en desalojar el lugar, no fuera que nos pusiéramos a buscar nosotros también a Gorgo destrozando el mobiliario circundante.
Una frikada bastante curiosa, imprescindible en toda buena Frikiteka.
Bueno, y además sale el Banco Español en Londres…
 
… así que en un arranque patriótico le doy:

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bonito sería la vuelta de esos cines de barrio.