lunes, 12 de noviembre de 2012

COPPER, O CÓMO DEJAR EN EVIDENCIA A MARTIN SCORSESE

Producida por Barry Levinson, la serie Copper nos sitúa en una época inmediatamente posterior a los motines que retratara Martin Scorsese en Gangs of New York. Y siendo como soy un incondicional del director deTaxi Driver, Toro salvaje y Uno de los nuestros, no tengo otro remedio que reconocer que la serie deja en evidencia todo lo peor de la película de Scorsese. 

Aquí hay verdad donde allí había postal. 
 
            Ojo, me gusta Gangs of New York y no va a dejar de gustarme ahora.
            Pero Copper le da cien vueltas. O doscientas.
            El motivo es esencialmente que Copper se toma más en serio el asunto, pasa de crear épica visual gratuita y se la juega echando el resto con una historia donde no hay un solo personaje que sea ni lejanamente decente.
            Igual a partir de aquí hay algún spoiler, así que aviso, antes de dar más pistas sobre por qué creo que Copper es una de las series más recomendables del momento.
            Lo primero es el tratamiento visual del asunto. Donde Scorsese metió colorines y postalismo estos meten unos tonos sepia deprimentes, amarillentos retazos de vida oscura que parece iluminada con un candil, una vela, o una maloliente lámpara de gas. 
 
            Lo segundo es que esquiva todo lo previsible. El protagonista, un policía en la muy corrupta policía del Nueva York de esa oscura etapa, rescata a una niña de las garras de la prostitución en el primer capítulo… más tarde la ayuda a asesinar al pederasta que abusó de ella y mató a su hermana… La niña es adoptada por la viuda del pederasta. Y tú temes: ¡vaya, ya se jodió la cosa! ¡Ahora van estos y me meten la puta Casa de la pradera otras vez! Pero no. La niña no es Heidi. Es un bicho muy peligroso que prefiere estar en el burdel encamada con señores maduros antes que seguir viviendo como una pija adoptada. Incluso podría ser la mala de la historia a poco que la dejen suelta y sin control. Pero es que el ligue del prota, la prostituta Eva, interpretada por Franka Potente, no duda en rajarle el cuello a una colega por encamarse con su prójimo, mientras la otra churri del poli, una Barbie pija de la época con recursos, algo así como Scarlett O´Hara, pero sin dejar que se la lleve el viento a ningún sitio porque tiene también más peligro que un mono con metralleta, pide al policía que se cargue al marido y, una vez viuda, empieza a vivir la vida escandalizando a la sociedad de la época a base de colgar por la casa retratos suyos en pelotas como si fuera la maja desnuda de Nueva York, ciudad que la serie describe con tintes ciertamente infernales. 
 
            Lo dicho: Scorsese se quedó corto en explotar esa época en Gangs of New York y estos otros le están sacando mucho jugo a todo el inmenso material argumental que  contiene. Un puñetazo en toda la boca con una nudillera donde Scorsese nos vendió miseria de escaparate hollywoodiense cocinado en Cinecittà
 O dicho de otro modo: que Gangs of New York era un peplum estilo Quo Vadis? donde Copper es la serie Roma.