lunes, 19 de noviembre de 2012

CLINT EASTWOOD, EL JOROBADO DE ROTTERDAM Y UN OCASO PINTADO DE VERDE


Para empezar la semana me he echado unas risas a primera hora de la mañana en el metro escuchando a una fémina muy pija explicarle a su socia una pelea de almohadas con su noviete el fin de semana que según afirmaba la dejó a ella con las mismas pintas que "el Jorobado de Rotterdam". 
 
¡Que me ha hecho emigrar al pobre Quasimodo de Notre-Dame de París a los Paises Bajos, la muy estulta!
No pasa nada tío, me he dicho, tú sigue devorando la novela de zombis que te estás leyendo como si tal cosa. Disimula el desconcierto.  
A ver, ¿por dónde íbamos?. Ah, sí, aquí, donde a la prota le muerde un perro zombi la pierna, no la suelta y sus compinches tienen que cortarle la cabeza al perro para seguir huyendo de los muertos vivivientes... 
Luego me he ido a un pase de prensa para ver la última película de Clint Eastwood que se estrena el próximo viernes, Golpe de efecto
 
Clint me ha alegrado el día. Es muy grande el tío en lo suyo.
Risas incluso cuando se tropieza con una mesa y exclama algo parecido a: ¡Me cago en la puta!
Viejo cascarrabias genial.  
Al salir del cine me he ido a tomar un café con uno de los colegas que más conversación tiene siempre sobre cualquier tema: Juan Pando. 
Un hombre que sabe lo suficiente de un montón de cosas como para no caer nunca en el pecado terrible de hablar sólo de sí mismo y de sus problemas. 
Me gustaría poder decir lo mismo de muchos colegas que conozco. 
Y me incluyo, claro. 
Que a veces cuando alguien habla sólo de sí mismo es porque no tiene otra cosa de qué hablar. 
Lo cual estando ahora mismo tecleando en este blog un resumen de lo que he estado haciendo hoy no deja de ser un tanto paradójico. 
Sea como fuera, el caso es que Pando controla tanto de tantos temas que no necesita darme la chapa con su propia vida o sus neuras cuando nos juntamos a tomar un café.      
Lo suyo es enciclopédico. Sólo les diré que hemos empezado hablando de la película de Eastwood a eso de las dos de la tarde y hemos acabado sobre las cuatro en la Glorieta de Bilbao dando un repaso al Derecho Romano. Bueno, en eso yo escuchaba y él hablaba, porque yo de Derecho Romano lo único que controlo es aquello que dean Asterix y Obelix: "Están locos, estos romanos". El epílogo ha sido un interesante minidebate sobre los destrozos de la cirugía estética en las actrices y un intercambio de opiniones sobre tipos de senos.
            Y eso con un café.
            Sin alcohol.
            Ni siquiera cerveza.
            Una mañana bien aprovechada, que se dice.
            De postre, al volver a casa a eso de las cuatro y media de la tarde, me tropiezo con una de mis obsesiones: los distintos tonos del verde en el césped al caer el sol. 
 
            No, no es que me ponga bucólico así de repente.
            Es que siempre he sido muy de tutearme con el ocaso. Grupo salvaje y el western crepuscular de Peckimpah, que marcan mucho. 
 
            Total, que me he liado a sacar fotos de césped y hojas como un maníaco, ninguna de las cuales hace honor al espectáculo del verde en el ocaso que he visto de regreso a casa. A pesar de todo, ahí las dejo.
            Por aquello de compartir. 
 


            

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