jueves, 1 de noviembre de 2012

CIAK MULL, VENGADOR SIN PIEDAD (LA PUERTA DEL INFIERNO, L´UMO DELLA VENDETTA) , de E.B. Clucher

Ciak Mull, Vengador sin piedad, conocida también como La puerta del infierno, fue la primera y la mejor película que dirigió E.B. Clucher (Enzo Barboni), nombre esencial en el cine de explotación italiano que alcanzó notable éxito de taquilla con Le llamaban Trinidad y Le seguían llamando Trinidad y fue también director de fotografía de una joya del western mediterráneo, Django

Titulada en el original L´uomo della vendetta y estrenada en 1970, cuenta con banda sonora de Riz Ortolani, otro clásico del subgénero. Es una película que me tropecé en una curiosa edición en VHS por un preció ridículo para un objeto de coleccionista: 2,50 euros. Con un estuche más grande de lo habitual en los vídeos VHS, es una de las joyas que tengo en la Payáncueva. 
 
Tiene incluso una separación de primera y segunda parte que está tomada de la forma en la que se exhibía en los cines italianos
 
Otra curiosidad friqui que apuntarle a favor a esta copia en VHS. 
Joya no sólo por lo curioso de su presentación, sino porque, como he dicho, creo que es la mejor película dirigida por Enzo Barboni. Bastante espectacular en el incendio con el que abre su argumento, seguido por un atraco a tiro limpio y una fuga del protagonista y sus colegas, perseguidos por un grupo de cazadores de recompensas. 
 
El protagonista es Ciakmull (Leonard Mann), un preso que ha perdido la memoria y desconoce cómo llegó a la prisión, pero va a ir descubriendo su pasado y su origen hasta acabar metido en una guerra de clanes junto con los tres peligrosos prójimos con los que se fugó de la cárcel: Woody (interpretado por el legendario Sargento Negro de John Ford, Woody Strode), Silver (Pietro Martellanza, alias Peter Martell) y Hondo (Luca Montefiori, alias George Eastman). 
 
Ellos serán los encargados de ayudar al temido pistolero Ciakmull a desvelar las claves de la trama de intriga de la película, que salvo por el tono de fotonovela aparentemente inevitable en la subtramas románticas del espagueti western y que afecta al rollete de Ciakmull con una prójima a la que conoció en su vida olvidada, se desarrolla principalmente como una puesta al día, con pistolas y a puñetazos, de la parábola del hijo pródigo, que incluso uno de los personajes cita en una de las frases del diálogo. 
 
Tiroteos, peleas a tortas, un circo, Woody Strode haciendo el forzudo, tocando el órgano en una iglesia y siendo torturado, un enfrentamiento a tiros y a cuchillo entre las tumbas del cementerio, la amenaza de un parricidio, una partida de cartas, una historia de fuga y persecución que se resuelve contundentemente en un bosque, y un enfrentamiento final de los cuatro colegas carcelarios contra los pistoleros y jefazos de los dos clanes en conflicto hacen de esta película una de esas que se tropieza Quentin Tarantino revolviendo cajones de vídeos viejos y acaba convirtiéndose en inspiración para su próxima película a poco que se descuide. 
 
Incluye además un trabajo de encuadre y planificación de algunas escenas ciertamente curioso que era herencia de los trabajos de Barboni como director de fotografía, inclinación por la estética que no se le suele reconocer por haberse dedicado fundamentalmente al cine de explotación pero que brilla en este western. 
 
Un ejemplo es cómo marca y define visualmente Barboni a la protagonista femenina, Sheila (Ida Galli), asociándola siempre a los espejos, en ese juego de incesto sugerido y de no ser quien aparenta ser que consigue al menos animar visualmente la parte más floja y menos “bíblica” del relato, la subtrama romántica tipo fotonovela que he comentado antes. 
 
Resumiendo: otra buena muestra de que el western mediterráneo da gratas sorpresas siete veces de cada diez, lo cual no es mal porcentaje. 
 

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