martes, 20 de noviembre de 2012

ALIEN, PROMETHEUS Y SU ABUELA: IT! EL MONSTRUO DEL ESPACIO EXTERIOR… EN EL ESPACIO NADIE PUEDE OÍR TUS REFRITOS

Esta madrugada. Dos de la mañana. Tras darle a la tecla un rato en twitter y facebook, me zambullo intrépido en las procelosas aguas de la noche viendo una película de terror y ciencia ficción de 1958.

            It! El monstruo del espacio exterior.
            La abuela de Alien.
            La bisabuela de Prometheus. 
 
            Marte, 1973 (yo llevaba pantalones de campana en ese año, por cierto): una nave se ha estrellado, todos sus tripulantes menos uno han muerto. El superviviente va a ser juzgado en la Tierra por asesinar a sus compañeros, aunque él sostiene que fueron atacados por una misteriosa criatura que no sabe lo que es cortarse las uñas de los pies y las tiene como gavilanes, que decía mi abuela.
            Muy inquietante.
            Otra misión ha sido enviada a rescatar al superviviente, pero pronto será atacada por la misma bestia en su viaje de retorno a la Tierra. Bueno, eso después de desayunar, como en Alien de Ridley Scott, guion de Dan O´Bannon, que evidentemente se había visto esta película y no dudó en pillar lo que le pareció oportuno para su propia trama, así en plan buffet libre. 
           Eso sí, como la película se rodó en los años cincuenta aunque esté ambientada en 1973 (extrañamente los periodistas reunidos para informar del extraño suceso no llevan pantalones de campana, no van a la moda, pobres, se visten como los periodistas de los años 50, un estancamiento de la moda preocupante), resulta que en el desayuno son la dos féminas de la tripulación las encargadas de repartir el café a sus colegas masculinos, poner y quitar la mesa.
            Vamos que más que astronautas son astrocamareras. 
 Sospecho que las feministas deben ponerse como si les saliera un alienígena del esófago cuando ven esta retrógrada escena. 
            Incluso hay un diálogo inolvidable.
            Un astronauta macho le pregunta a otro astronauta macho:
-          Tú, ¿Qué es lo que deseas?
Y el otro va y contesta:
-          ¡Chicas! Recuerdo que era formidable experimentar con ellas. 
 
Lo que viene siendo una carrera espacial que haría las delicias del Ministerio de Igualdad de Rodríguez Zapatero, vamos.
Más buffet libre de ideas para Alien en It!:  “¡Estábamos fuera de la nave! De repente hubo una tormenta de arena y volvimos”, dice el prota.
            Y dice luego el cachondo: “Casi habíamos llegado a la nave cuando Cartwright desapareció. Estaba con nosotros y al segundo ya se había esfumado, como si algo lo hubiera sacado del jeep como uno saca un caramelo de una caja”.
Y llegados ahí, como espectador temes que el pavo te va a soltar la gilipollada esa de que la vida es una puta caja de bombones, en plan Forrest Gump… Pero afortunadamente no, aunque casi te saca de la película y del espacio exterior con la frasecilla.
El caso es que con el repeinado ese con ralla al lado el tipo se da cierto aire a Tom Hanks, ahora que lo pienso. 
 
   Y luego va el enterado en Geografía de la tripulación y suelta una perla:
-          Marte es tan grande como Tejas, tal vez tenga monstruos.
¡Toma ya orgullo tejano! ¡Recordad El Álamo!
 Casi veo a John Wayne repartiendo culatazos a los soldados mejicanos del General Santa Ana.
Primero Tom Hanks. Luego JohnWayne. ¡Coño, con tanto aparecido no hay quien vea la película!
A ver, un esfuerzo de concentración, por favor, que no estoy a lo que estoy. 
 Vuelvo al supositorio espacial…, perdón, al cohete espacial surcando un fondo de estrellas titilantes… hasta el infinito y más allá. 
Y los pavos se ponen a jugar al ajedrez, aunque uno se pasa por el forro la regla de pieza tocada, pieza movida.
Por lo menos el cuadro blanco está donde tiene que estar y no con el cuadro negro a la derecha, como pasa en otras películas…
Mientras juegan al ajedrez, la bestia ataca. El monstruo suelto por los pasillos de ese castillo o mansión siniestra en que se ha convertido la nave es la clave del argumento, como en Alien…, como un vecino que se te cuela en casa sin que te des cuenta, más concretamente como las dos vecinas que se me han puesto hoy a debatir sobre sus labores de punto en la escalera a las diez de la mañana, en plan despertador vecinal, a voces, que casi he aprendido a hacer punto  en plan subliminal, metiéndome la información en sueños…
¡Seis horas me han dejado dormir las elementas!
No más.
Cualquier día me largo de la covacha en la que vivo y le alquilo la Payáncueva a una horda de piratas malayos.
Lo prometo.
Volviendo a It!... Cocinada con cuatro cuartos y mucha imaginación, después de ese primer ataque de la criatura ya no me cabe la menor duda de que efectivamente, tal como siempre se ha dicho, esta película es un antecedente clarísimo de Alien y junto con La cosa, el enigma de otro mundo, su fuente de inspiración más clara. Comparte con ambas la idea de la nave, o en La cosa la base ártica, convertida en laberinto mitológico donde un Teseo dividido entre todos los tripulantes, convertidos en protagonistas corales, intentan vivir a su enfrentamiento con el Minotauro del espacio exterior.
Trabajando sobre una escenografía sencilla para la nave en la que las escaleras y los túneles cumplen la misma función que los respiradores y pasillos en la nave Nostromo de la película de Ridley Scott, los artífices de esta pequeña joya del cine de serie B y el cine de mazmorra aplican la misma baza de ocultación del monstruo que en Alien, mostrado sólo en alguna de sus partes, manos y pies con garras, y atacando en sombras en los primeros ataques.
Eso sí, muy inquietante la idea del protagonista de sembrar la nave de granadas en plan piña explosiva para parar al monstruo. 
 
No tengo claro que eso será muy saludable, me suena a lo del candidato republicano Romney queriendo abrir las ventanillas en los aviones para ventilar y evitar el olor a chotuno.
No sé yo…
Y, tercer bocado del buffet libre de pistas argumentales para Alien: ¡el monstruo se mete en los conductos!
 Ah, bueno, claro, y las astronautas no sólo son astrocamareras sino también astroenfermeras. 
 Multitarea. También saben hacer autopsias.
¡Qué aplicadas y versátiles ellas!
Segunda idea brillante: tras correr el riesgo de volar media nave con las piñas explosivas, intentan gasear al monstruo llenando el cohete de sustancias tóxicas.
Yo casi diría que no necesitan al monstruo para que se los carguen: pueden matarse ellos solitos en cualquier momento.
Son la materialización de la célebre frase: “Eres más peligroso que un mono con metralleta”, si cambiamos “metralleta” por “cohete”.
Uno va y dice: “¡Balas! ¡Granadas! ¡Nada lo detiene! ¿Qué hacemos ahora?”
Y tú te pones a pensar, así en plan interactivo: pues no sé, machote, pero con la racha que lleváis casi da miedo lo siguiente que se os puede ocurrir.
 Pues se les ocurre algo que repetirán años después los de Star Trek: primer contacto: salir a darse un paseo espacial por el exterior de la nave para jugar al escondite con el bicho. 
 
Y luego a tirar de soplete y de bazooka. 
 
Lo dicho: muy peligrosos estos tipos. Yo no viajaría con ellos ni en metro.
Antes prefiero viajar con el pobre bicho.
El tema del tipo que se queda atrapado con la bestia en la parte inferior del cohete pero se comunica con sus compañeros mientras se defiende de la bestia con un soplete tiene un buen juego dramático en la parte final de la historia, aunque metan con calzador el rollete sentimental entre una de las astrocamareras/astroenfermeras y el protagonista.
Y ya si les digo cómo se cargan al bicho, rematamos el buffet libre de pistas para Alien… Pero no quiero hacer un spoiler, así que me lo voy a callar.
Le doy:

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