jueves, 11 de octubre de 2012

MARIPOSA DE NOCHE, de James Sallis


 Vale, una semana ajetreada. Menos mal que ayer pude terminar de leer la novela Mariposa de noche, de James Sallis.
Las novelas de Sallis siempre me resultan relajantes. Están apiladas cerca del lugar en el que escribo y a veces echo un vistazo así al vuelo, aleatoriamente, a alguna de sus páginas.
Había leído ya El ojo del grillo, El tejedor e incluso su estudio de varios autores de novela negra, Vidas difíciles, y ahora que he terminado Mariposa de noche no me importaría volver a darle otra vuelta a las anteriores.
¿El motivo? Buena literatura, una excelente utilización de las claves esenciales de la novela negra, algo de poesía y lo más importante de todo: verdad a puñados.
Las peripecias de Lew Griffin, profesor de literatura y detective a ratos, y la forma que tiene Sallis de manejar el paso del tiempo en sus novelas son pura magia.
Mariposa de noche vuelve de a demostrarlo.
En el capítulo tres, Sallis habla precisamente del tiempo: “El verdadero protagonista de la novela, les digo a mis alumnos, siempre es el tiempo”.
Y eso se puede aplicar a todas sus construcciones de historias policíacas que van y vienen del pasado al presente con una fluidez casi cinematográfica sin perder un ápice de sus cualidades literarias.
Sallis nos habla de “volver a ver” como la esencia de todo arte, nos recuerda que como decía Dostoiewski todos somos culpables de todo, y poner por obra la idea de que lo no dicho suele ser más importante. Todas sus novelas pintan con optimismo un paisaje de desesperanza. El optimismo de seguir vivos y luchando a pesar de todo, y sobre todo a pesar del paso del tiempo y la distancia de la gente que quisiste: “Los vínculos se debilitan. Los recuerdos se cuelgan de las paredes o se guardan en un rincón de los cajones y la vida sigue adelante”.  
Nos habla de cómo “los murmullos del tiempo son sospechosos porque la memoria hace turno doble: de poeta y de reportera”.
A través de Lew Griffin, Sallis se pregunta algo que todos nos preguntamos: “¿Cómo cualquiera de nosotros se convierte en lo que de verdad es? ¿En esa cosa tan distante de lo que nos habíamos propuesto, de lo que creíamos ser?
Y además de todo eso construye personajes perfectos con el mínimo de diálogos, como el que sostienen un policía y el detective:
-          Cuídese, Griffin. Si se mete en aguas profundas, llámeme.
-          ¿Así viene con una carga de la caballería ligera?
Se rió.
-          No, claro que no. Así me hago a un lado.
 Al final todas las novelas de Sallis sobre Lew Griffin contienen la misma advertencia: “Pero si uno se asoma al borde del precipicio el tiempo suficiente, no importa quién sea uno, la cabeza empieza a darle vueltas. Empiezas a ver cosas al fondo del abismo que te cambian la vida”.
Leer las novelas de Sallis me ayuda a mantenerme sin mirar al fondo del precipicio demasiado tiempo.
Por eso las tengo cerca.
Son una de mis mejores inversiones en libros y sin duda un tiempo de lectura bien empleado.
Puede que incluso me ayuden a mantenerme cuerdo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Podrías abrir un espacio en tu blog dedicado a "Lecturas recomendables"?.

Miguel Juan Payán dijo...

Es buena idea. De todos modos no paro de leer cosas...