domingo, 7 de octubre de 2012

DOC SAVAGE: EL HOMBRE DE BRONCE, de Steve Englehart y Ross Andru


 Lo que es el paso del tiempo y cómo cambia nuestra manera de percibir las cosas.  
 
            Recuerdo haber salido muchos domingos por la mañana hacia el Rastro a intentar cazar los números que me faltaban de la colección de cómics de Doc Savage que en España editaba Vértice en blanco y negro y ahora han editado un tomo que reúne varias entregas y que para ser sincero me ha costado terminar de leer. En aquella época, con unos trece o catorce años, las peripecias de Doc Savage parecían más transitables que ahora. 
 
El tiempo nos hace más escépticos y ante todo más cabrones para jugar con la imaginación. 
La realidad nos cura de todo espanto. Nos cauteriza y nos deja el pellejo imaginativo más duro que una piedra. 
Pero tranquilos. El cómic de Doc Savage se salva por el trabajo de ilustración de Ross Andru y a pesar de las flojeras del guión de Steve Englehart, que las tiene, muchas. Además de la pinta de chuloputas que se marca el amigo Savage, con ese chaleco que en un alarde de adecuación a las circunstancias cambia por una versión en pelliza de pellejo cuando va a pasearse por las montañas para enfrentarse al hombre lobo en el capítulo final. 
 
            Flojo y todo, sigo apreciando las características que tenía este cómic para atraernos hacia sus viñetas a finales de los años setenta, básicamente imaginación y exotismo, un exotismo retroactivo, casi como el de la ciencia ficción steampunk, con ese despliegue de ingenios submarinos y voladores, sus pistolas especiales, la civilización perdida de los mayas en Hidalgo, las sectas de asesinos, los gigantes y los licántropos. Era la mezcla de elementos de fantasía y novela de intriga que servía como motor a los relatos pulp. 
 
Creo que en lo referido al guión, el cómic en color de Doc Savage no consiguió captar bien ese estilo de narrar que presidía el pulp, que se le atragantaron las características de aquellas novelillas de quiosco que mezclaban distintos géneros y solían brillar más en sus relatos cortos que en sus novelas más largas. 
 
Curiosamente las adaptaciones de Doc Savage publicadas en blanco y negro fueron más fieles al espíritu original del personaje creado por Kenneth Robeson, alias de Lester Dent y le sacaron más partido a ese concepto de híbrido de los relatos pulp, que curiosamente desaparecieron, entre otras cosas, por la competencia de un nuevo producto de evasión y entretenimiento: los cómics. 
 
Buena parte de las cosas que hoy disfrutamos del cómic de superhéroes estaban ya en el relato pulp, de hecho Doc Savage era un prólogo al concepto del superhéroe, inspiración para personajes como Superman o Batman. Todo eso es lo que ofrece este reencuentro con el personaje, flojo de guión pero con un brillante trabajo de Ross Andru en muchas de sus viñetas. 
 
Así que después de todo no ha sido mal reencuentro con este personaje para inaugurar la mañana del domingo, a modo de curiosidad un punto nostálgica para la frikiteka. 
Digamos que este tomo sería el equivalente, en cómic, a lo que he bautizado en este blog como Cine de Mazmorra, esto es: cómic de mazmorra.Tengo pendiente echarle un vistazo al tomo que editaron con las peripecia de Doc Savage en blanco y negro, que según me informa mi hermano es bastante mejor que éste.
 

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