jueves, 6 de septiembre de 2012

PROMETHEUS, WILLIAM BLAKE Y EL BIZCOCHO DE ZANAHORIA: OTRA FORMA DE MIRAR LA PELÍCULA DE RIDLEY SCOTT


 Llevo una semana de mañanas dedicadas a ver cine realmente impresionante. Ayer ya comenté que había visto una joya de la que comentaré algo en Acción el viernes. Y esta mañana, jueves, he visto una de las que meteré fijo en la lista de las diez mejores películas del año: Fin, de Jorge Torregrosa. Se estrena el próximo mes de noviembre. Tras el pase he decidido celebrar el asunto metiéndome un café con bizcocho de zanahoria (uno de mis favoritos), y luego me he largado a Caixa Forum (Paseo del Prado, 36, a cinco minutos de Atocha), para ver la exposición William Blake (1757-1827). Visiones en el arte británico, que está allí hasta el 21 de octubre de este año.
            Y cuál no ha sido mi sorpresa al encontrarme en la obra de Blake unas referencias que automáticamente me han recordado la película Prometheus, de Ridley Scott. Especialmente al llegar a la zona donde se exponen las obras que William Blake denominaba “frescos” buscando tender un puente entre sus obras y las representaciones del Renacimiento italiano, por ejemplo las pinturas de Miguel Angel en el Vaticano. Me ha llamado la atención una frase que explicaba dichas obras afirmando que “incorporan elementos narrativos con vocación didáctica para el gran público”.
            Total, que me planto en la exposición de William Blake y me encuentro con tres obras que me parece tienen muchos puntos de contacto con Prometheus, tanto por su temática bíblica, del Antiguo Testamento, como por su interés por la creación y la destrucción del hombre.
            Y como veo a la gente preocupadilla por los agujeros en el guión de la película, propongo esta otra explicación de por qué creo que hay mucho más en Prometheus de lo que algunos espectadores están viendo. Vamos que sospecho que los árboles no les dejan ver el bosque, y aún admitiendo que el guión de la película pueda tener lo que alguien ha definido con gracia como “lagunillas”, quiero proponer esta otra aproximación desde los grandes grabados de Blake.
En Elohim crea a Adán (ver primera foto), obra fechada entre 1795 y 1805, William Blake plasma su idea de que el Dios del Antiguo Testamento era un falso Dios, y que la caída del hombre no tuvo lugar en el Jardín del Edén, sino en el momento de la creación, cuando se le obligó a abandonar el mundo espiritual por el material. El Dios que propone es sinónimo de Urizen, una figura creadora de la mitología del propio Blake, pero mirando la pintura no he podido evitar que me recordara a ese creador alienígena de la película de Scott, que por otra parte en su plástica tiene en mi opinión mucho de la manera de entender el dibujo, la pintura y el grabado según Blake. 
 
Me tropiezo a continuación con la obra El ángel bueno y el ángel malo, fechada entre 1795 y 1805, cuyo texto explicativo me deja una frase demoledora clavada como un cuchillo: “El mal activo es mejor que el bien pasivo”. 
 
Sigo adelante y me esperan otros dos “frescos” particularmente perturbadores: Dios juzga a Adán, de 1795, y La casa de la muerte, de entre 1795 y 1805. Tan perturbadoras como las anteriores y que me resultan tan familiares del planteamiento temático y visual de Prometheus que no puedo evitar pensar que tienen mucho en común con la película, más allá de que ambos creadores hayan entrado en recrear en sus obras su particular visión del libro del Génesis, cada uno a su manera, cada uno según su propia mitología personal (en el caso de Scott, la de Alien), pero compartiendo de algún modo esa visión.
La exposición incluye otros muchos aspectos que me interesan, como por ejemplo esa visión de la guerra en las obras La forma espiritual de Nelson guía a Leviatán, o La forma espiritual de Pitt guía a Behemoth, siendo ambos monstruos un símbolo de la guerra, o el grabado Behemoth y Leviatán.
En conclusión: que recomiendo a los lectores del blog que se pasen por la exposición de Caixa Forum, especialmente si están buscando agujeros, o “lagunillas” en el guión de Prometheus y se atreven a buscar otra forma de “mirar” la película de Scott.
Lo de comerse o no un bizcocho de zanahoria antes de entrar es optativo.

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