lunes, 20 de agosto de 2012

TONY SCOTT: FALLECE EL DIRECTOR DE MAREA ROJA Y SPY GAME


 ¡Qué ascazo, señores!
            Ha muerto Tony Scott. Y por si eso fuera poco ahora algunos de los que sistemáticamente le pusieron a parir como director, al tenerle, como suele decirse, de cuerpo presente, le lanzan flores como fariseos lameculos, nominándole como uno de los grandes realizadores del cine de acción de los ochenta y noventa.
            ¡Una puñetera farsa!
            Nacido en Inglaterra el 21 de junio de 1944 y fallecido ayer, 19 de agosto, el hermano del gran Ridley Scott había sido diagnosticado de cáncer cerebral inoperable, y según parece decidió darle su propio final a su vida saltando desde el puente de San Pedro, California.
            Suicidio.
            Una decisión terrible que por supuesto no voy a tener la osadía de juzgar.
            Lo que sí quiero es dejar claro es que la gente que en su momento comparó a Tony Scott con Michael Bay, haciendo alarde de una notable miopía cinematográfica y un absoluto desconocimiento de este medio, andaba notablemente despistada. Pero tampoco es que haya llegado el momento de santificar todo lo que rodó este director por el hecho de que se haya muerto.
            Seamos más equilibrados y objetivos, caramba.
            En mi opinión, y subrayo que es mi opinión, no la única opinión posible, la filmografía de Tony Scott está repleta de claroscuros.
            Tiene momentos brillantes junto a petardos intragables.
            Descanse en paz pero esa es la puñetera verdad.
            Si repasamos sus títulos, queda claro que manejaba el cine de acción trepidante con una habilidad notable, y precisamente por ello era uno de los directores más capaces del cine denominado “de montaña rusa”, un nombre clave en la hollywoodiense era del blockbuster.
            Eso es innegable. Lo era ya antes de que muriera.
            Personalmente celebré su película El ansia (1983), que todavía hoy sigue siendo una muy curiosa aproximación al cine de vampiros, si bien que tocada por esa inclinación esteticista, de anuncio, pero sin duda mucho más inquietante, morbosa y excitante que la mayor parte de las historietas vampíricas que nos han llegado últimamente. No tenía un gramo de verdad dentro, pero tenía a Susan Sarandon en plan lésbico con Catherine Deneuve: ¡superen eso! Estéticamente era el híbrido perfecto entre un anuncio de perfume femenino y una postal sobre el morbo vampírico. La belleza la puso la habilidad de Scott para manejar las imágenes y por supuesto las dos protagonistas. Hoy sigue siendo un clásico del género en los ochenta. Imprescindible para los amigos de los chupasangres.
            Luego rodó Top Gun, un taquillazo, una chocolatina de reclutamiento  que personalmente se me atragantó por falta de espíritu marcial. No me alistaría ni aunque me regalaran la moto con rubia incluida y el avión de propina. Era floja, pero como todas las de Tony Scott visualmente notable.
            Lo mismo podría decirse de buena parte de sus películas, Revenge, era una mezcla de Romeo y Julieta y Casablanca para adultos con violación y prostitución de la protagonista incluida. Me gustó su puntito oscuro, aunque por ser una producción eminentemente comercial no pudiera zambullirse a fondo en el mismo. Días de trueno era un petardo. El último boy scout era un híbrido de Arma letal y La jungla de cristal intentando batir el récord de epítetos malsonantes. Me reí con ella. Me pareció una aportación fresca, si bien que poco verosímil, al puzzle de películas de acción de los ochenta. Amor a quemarropa nunca acabó de convencerme y creo que está sobrevalorada por motivos que ya expliqué en un artículo en este mismo blog. Pinchen en el buscador. Fundamentalmente es que no me la creo. Sobre todo por su final. Los finales felices mataron todas las propuestas interesantes y el puntito siniestro y oscuro que tenían algunas fábulas dirigidas por Tony Scott. Es el precio que pagó por hacer taquilla en la industria del ocio hollywoodiense. Fanático tenía su punto chungo, muy chungo, era una visión siniestra de la adoración del becerro de oro en la era moderna que merece la pena repasar. Enemigo público se me quedó algo escasa, paraca. Entretenida y visualmente curiosa, pero domesticada. Lo miso podría decir de El fuego de la venganza, Dominó, Déjà vu, Asalto al tren Pelham 1,2,3 e Imparable. Visualmente muy logradas, entretenidas, incluso trepidantes, pero no siempre emocionantes.
            Pero, amigos, a pesar de esa especie de contubernio con los finales felices, traición a sus puntos oscuros, he dejado para el final dos títulos que me llevan a pensar que Tony Scott era un director cojonudo.
            El primero es Marea Roja, una de las mejores películas de submarinos de la historia del cine. Algo así como el equivalente al cine de conspiración política tipo Siete días de mayo, pero dentro de un submarino nuclear. Un trabajo notable del director. Como también lo fue Spy Game, una de las mejores propuestas de cine de espías, capaz de traer de vuelta algunas de las características más interesantes del cine de intriga de los años setenta, estilo Los tres días del Cóndor, Scorpio, etcétera.
            Añadan a eso la escena de la charla entre Christopher Walken y Dennis Hopper en Amor a quemarropa y ya tienen tres motivos para pensar que había mucho más en la filmografía de Tony Scott de lo que su declarada entrega al cine comercial permitió sospechar habitualmente a los espectadores.
            Pero incluso sin tener eso en cuenta, Tony Scott era siempre una garantía de entretenimiento.
            Descanse en paz.
            Les dejo su primer papel ante las cámaras como actor en un cortometraje de su hermano: Boy and Bicycle, y la escena estilo Patton con la que arranca la singladura de Marea Roja.
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