lunes, 6 de agosto de 2012

LOS MERCENARIOS 2, ORÍGENES. HOY: GOLPE POR GOLPE, CON CHUCK NORRIS


 No fue el primer largometraje que protagonizó Chuck Norris. Pero sí fue el primero que quien esto escribe vio en el cine protagonizado por Chuck Norris. En aquel momento, los tiempos del programa doble y la sesión continua, de los cines de barrio con dos películas a 50 o 75 pesetas (ya, ya, cuando los dinosaurios dominaban la tierra y tal, muy gracioso el chiste, jak,jak, jak…. y conste que pongo la k para aclarar que son risas con mandíbula torcida, de la que no sabe si reírse o morderle la nuez al chistoso…), Chuck Norris seguía siendo esencialmente un campeón de karate al que Bruce Lee habían noqueado, con grandes dificultades, todo hay que decirlo, en el Coliseo de Roma, en El furor del dragón (1972), donde realmente comenzó su carrera cinematográfica en serio, incluso antes de retirarse de la competición. 
 
            Antes de Golpe por golpe (Ane Eye for an Eye), que dirigió Steve Carver en 1981, Norris había protagonizado otras películas que luego se convirtieron en las más buscadas en el mercado del vídeo casero, beta o vhs, como Los valientes visten de negro (1978), Fuerza 7 (1979) y Duelo final (1980), y de hecho el nombre que luce su personaje en Los mercenarios 2 es un homenaje al que tenía su personaje en la primera de ellas, John T. Booker, y al inefable ranger que interpretó años más tarde en McQuade, lobo solitario (1983), que sería el germen del que salió su éxito televisivo Walker, Texar Ranger a finales de los noventa. 
            Así que en principio podría pensarse que Golpe por golpe no tiene nada de especial en su carrera, pero no es así. Es una pieza muy curiosa de la misma porque, como ocurre en el caso de las películas que he reseñado en relación a las carreras de Stallone y Lundgren, marca un punto de inflexión. Desde el punto de vista de presupuesto, la carrera de Norris como protagonista empezó a sentar sus bases con Los valientes visten de negro que costó 1 millón de dólares, y de ahí fue ascendiendo, mostrando su rentabilidad en taquilla, hasta que en Golpe por golpe se invirtieron 7.680.000 dólares en afirmarle como nuevo héroe de acción, además sacando partido al equipaje las artes marciales que le precedía como campeón de karate. Antes lo había hecho Jim Kelly, obviamente, pero el hombre era negro, lo que en Estados Unidos le limitaba a la explotación como estrella en el gueto de la blaxploitation, aunque en lugares más civilizados a la chavalería nos importara un carajo de qué color tuviera el pellejo y siguiéramos sus aventuras como las cualquier otro tipo blanco que se pusiera a repartir leches en la pantalla.
Cierto es que los guionistas tuvieron que apoyarse en la caracterización de Norris como “tipo duro” y de pocas palabras para no darle muchas frases de guión ni ponerlo a recitar a Shakespear. Y cierto es que normalmente en las primeras películas de su carrera, y hasta que el hombre adquirió más confianza en el asunto, las escenas de corte romántico eran un suplicio y tirando a poco creíbles, pero en lo referido a correr, patear, disparar, poner cara de “te voy a meter un meco que se te van a poner los ojos del revés”, etcétera, Norris era ya un consumado actor.
También era muy bueno con los animales. De hecho, en Golpe por golpe podemos comprobar que tiene más química con el perro que con la chavala.
            Otro detalle a tener en cuenta de Golpe por golpe: Norris sobrevivió a un enfrentamiento con Drácula (Christopher Lee), Shaft (Richard Roundtree) y a uno de los villanos más temibles que había zurrado al mismísimo 007 cuando el agente con licencia para matar era Sean Connery, el Profesor Toru Tanaka, una especie de tanqueta humana, mitad Frankenstein mitad sensei cabreado.
            La clave era la misma siempre: Norris, algunas escenas de vapuleo, algún que otro tirito, tramas sencillas y varias estrellas en clave de secundarios para apoyar el asunto.
            El perro era optativo.
            Finalmente, en Golpe por golpe, Norris empezó a impartir doctrina sobre una serie de aspectos esenciales para todo caballero que quiera sobrevivir a las turbulencias de la vida moderna. Esto es: tomando el testigo del gran Carlitos Bronson, posiblemente el único tipo que habría podido plantarle cara sin arrugarse, empezó a formarnos con una serie de consejos prácticos en cualquier campo esencial para la supervivencia.
            En Golpe por golpe, Chuck Norris nos enseñó a sufrir…
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            Nos enseñó cómo impedir que se nos lleve el coche la grúa…
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            Nos instruyó sobre cómo ganar una pelea con una sola colleja…
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Nos enseñó a ligar…
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            Nos enseñó cómo apagar la luz con los pies, algo esencial en los tiempos de crisis que hoy vivimos…
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            Y como no podía ser menos, en Golpe por golpe Chuck Norris nos enseñó cómo zanjar cualquier problema, sea cual sea su naturaleza u origen, con un bocadillo de pie aplicado a los morros del oponente.
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            Y todo esto por entre 50 y 75 pesetas en un cine de barrio de programa doble donde además podías ver cualquier otra película como acompañamiento.
            Yo vi Golpe por golpe en el cine Moratalaz, que ahora es una cafetería cerrada y una tienda de móviles Vodafone.
            Manda narices.
            Me dan ganas de llamar a Chuck Norris para que deje el sitio convertido en un solar a patadas.

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