miércoles, 15 de agosto de 2012

LOS MERCENARIOS 2: ORÍGENES. HOY: EJECUTOR (RAW DEAL), CON ARNOLD SCHWARZENEGGER


 Dirigida por John Irvin en 1986, Ejecutor (Raw Deal) fue el intento de hacer de Schwarzenegger un actor genéricamente más todoterreno, apartándolo de bárbaros antediluvianos, robots asesinos, alienígenas asesinos o comandos asesinos… y metiéndolo como poli infiltrado en la mafia. 
 
            Y el resultado no quedó nada mal. No señor. Ejecutor (Raw Deal) es una película policíaca bastante curiosa que como toda trama de infiltrados puede permitirse el lujo de ser al mismo tiempo una variante de hard boiled y crook story, tomando como punto de arranque la infalible fórmula de la novela Cosecha roja de Dashiell Hammett: un detective que se mete en una guerra de bandas para acabar con ellas enfrentándolas. Si les suena es porque es el mismo molde en el que se cocieron Yojimbo de Akira Kurosawa, Por un puñado de dólares, de Sergio Leone y El último hombre, de Walter Hill.
            De propina, en el desenlace de Ejecutor nos enchufan una escena de “vestido para matar”, tan frecuente en la filmografía de Scwharzenegger, que si le hubieran puesto al austríaco una camiseta negra en lugar de una blanca con una calavera pintada en el pecho podría pasar por la mejor versión rodada hasta el momento del personaje de los tebeos Marvel Punisher, para los más veteranos seguidores españoles, El Castigador. Dicho sea de paso, la mejor versión completa de ese personaje sigue siendo la primera que se rodó, producida por la inefable Cannon, con Dolph Lundgren como protagonista y el título de Vengador, de la que hablaré en algún momento en este blog.
            Eso sí, la película flojea por el lado de la moral, tiene un final postizo y buenrrollista-onanista en un sanatorio que espanta al más curtido consumidor de este tipo de cine y nadie se cree que el protagonista se pase por la piedra a la chavala jugadora y consumidora de vestidos caros que se busca como ligue/pantalla para integrarse en el mundo del hampa. De hecho incluso he elaborado una disparatada teoría sobre el particular: la película tiene un mensaje subliminal para burlar a la censura según el cual cada vez que Schwarzenegger enciende un puro es que le ha echado un polvo a la moza.
            Pero dejando de lado teorías conspirativas, lo cierto es que la película nos permitió ver a Terminator enfrentado a la terrible esposa pastelera. Llorona, borracha y haciendo pasteles. Un enemigo ante el que temblaría el mismísimo Conan el bárbaro…
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            Además le dio la oportunidad de imitar a uno de sus ídolos…
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            … probar suerte en el examen de conducir dominando la difícil disciplina del aparcamiento…
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            … exponer su filosofía sobre el éxito…
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            … y darnos una clase práctica sobre la mejor y más rápida manera de limpiar un parabrisas.
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            Un curso completo de caballerosidad y galanura impartido por Conan el del Tractor a un precio módico.
            ¡No duden en apuntarse!
            ¡Se acaban las plazas!
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