viernes, 24 de agosto de 2012

EL BOFETÓN PREÑADOR DE JOHN SAXON: DE OPERACIÓN DRAGÓN A HELLMASTER, por NARANJA BRONSON


 Ayer me tropecé con un infumable cinematográfico en el que aparecía John Saxon, que en su momento acompañó a Bruce Lee y Jim Kelly en Operación Dragón, dicho sea de paso la película favorita de Jean-Claude Van Damme, según me contó el actor en su visita a Madrid para promocionar Los mercenarios 2.
 La criatura del averno se titula Hellmaster, película escrita, producida y dirigida por Douglas Schulze, que seguramente se quedó muy a gusto el hombre soltando todo lo que llevaba dentro, esto es: una diarrea mental por exceso de consumo de películas malas de miedo.
Horror, terror y furor. Una tortura de 92 minutos que no va a ninguna parte sobre un científico pirado (Saxon, el mismo que viste y calza) que se pone en el brazo un puñado de jeringuillas tuneadas a modo de garras de Lobezno y se dedica a crear homúnculos más feos que la madre que los parió, más propicios a dar risa que miedo, pero dispuestos a perseguir a un puñado de adolescentes con menos carisma que unas zapatillas de conejito viejas después de pasar por la centrifugadora.
Terrible.
            Pero con un momento digno del mejor cine de mazmorra.
            El momento en el que John Saxon, al que vimos practicando artes marciales en Operación Dragón
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            Resurge de sus cenizas para mostrarnos una nueva técnica de lucha que podríamos denominar el Bofetón Preñador.
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            ¡Un bofetón, un bombo!
            ¡Dos bofetones: mellizos!
            Y pensar que el amigo Saxon se paseaba por Operación Dragón como una variante macarrilla de Sean Connery como 007, jugando al golf, chuleando a sus deudores, estafando al personal en las apuestas ayudado por Jim Kelly y ligando con las chavalas más macizas de la Isla de Han…
            El resto de Hellmaster pueden saltárselo, porque no hay quien lo entienda. Ahí lo mismo sale un bicho vestido de monja repartiendo jeringazos que un primo lejano de Freddy Krueger dando sustos dignos del tren de la bruja, o un pequeñajo calvo con pinta de haber consumido psicotrópicos.          
            Una película chunga, chunga, chunga.