sábado, 11 de agosto de 2012

DINOSAURIOS CONTRA ALIENS, DE BARRY SONNENFELD Y GRANT MORRISON


 Tras haber descubierto ayer viernes dónde había echado Tyrion Lannister todo el fuego valyrio que se ahorraron los productores de la segunda temporada de la serie Juego de tronos  en la Batalla del Aguas Negras (lo había echado sobre la península ibérica, con temperaturas de 40 a 45 grados dependiendo del sitio)...
 
... no conseguí reunir fuerzas para darle a la tecla y me limité a entretener la calurosa madrugada hasta las 4:30 de la madrugada viendo otra vez Octopussy, o mejor dicho, a Maud Adams en Octopussy... 
 
... más concretamente los ojos de Maud Adams
 
 ... y los extras correspondientes...
            Vida de vacaciones.
            Pero, claro, lo malo es que hoy no me he extirpado del colchón hasta las 12 del mediodía, y no me ha quedado mucho tiempo para el ocio del sábado. De manera que he decidido emplearlo lo mejor posible. 
 
            Y lo mejor posible ha sido leerme el primer tomo de Dinosaurios contra Aliens, un curioso empeño del director Barry Sonnenfeld, que decidió poner en marcha su propia versión de película de dinosaurios con el título de Blood and Thunder y de paso quiso crear una novela gráfica original sobre la que edificar el proyecto cinematográfico. El resultado es Dinosaurios contra Aliens, con argumento del director de la saga Men in Black junto a Gran Morrison, guión de Morrison y dibujos de Mukesh Singh . El argumento parte de la idea de Sonnenfeld de trasladar la que podría haber sido una historia de western tipo indios y vaqueros a la clave de la ciencia ficción y las películas con entorno y criaturas prehistóricas. Los dinosaurios son el equivalente de los nativos norteamericanos en tanto que los alienígenas son los invasores blancos aplicando la idea del destino manifiesto para practicar el genocidio y quedarse con el planeta X, la Tierra.
            Así se ha puesto en marcha este nuevo proyecto de novela gráfica y película que avanza varios pasos en la hibridación de cómic y cine planteando nuevas fórmulas para este tipo de sinergia.
            Normalmente los cómics son caros. Cada vez más caros. Incluso las grapas. Pero este es uno de esos cómics que se amortizan con facilidad, porque después de leerlo una vez te vas a dar el gusto de volver a repasarlo, viñeta a viñeta, varias veces. Despliega una impresionante imaginación visual que te llevan de vuelta a las viñetas.
            Esta mañana lo he leído una vez y lo he vuelto a repasar visualmente con traquilidad otras dos. Es una inversión para disfrutar de mirar las viñetas una y otra vez.
            Para entendernos explicaré la impresión que me ha producido con una serie de ejemplos. Digamos que empieza con un despliegue visual tipo el arranque de Prometheus, sigue como la pelea de los tiranosaurios con el gorila gigante de la versión de King Kong dirigida por Peter Jackson, si avanzas un poco tropiezas con una viñeta que recuerda el momento “siempre hay un pez más grande” de Star Wars, episodio 1: la amenaza fantasma, y en cuanto te descuidas leyendo y viendo viñeta llegas a la segunda parte con el aterrizaje de los aliens y de repente te parece que estás en el planeta Pandora de Avatar
 
            La reflexión de guión sobre el genocidio de los nativos americanos y los alienígenas corre siempre el riesgo de ser ligera, flojeras, obvia, ingenua, especialmente si es buenrrollista y no profundiza en la verdad. Pero aquí el encargado del guión es Gran Morrison, y consigue que no pase como en Avatar y de repente el asunto se convierta en una variante de Pocahontas.
            ¿Cómo?
            Fácil: poniendo a trabajar la parte reptiliana de nuestra naturaleza, tirando de la verdad, esto es, siendo muy cabrón con el tratamiento del tema. 
 
            Y ahí es donde entramos los mamíferos.
            No voy a hacer un spoiler y destripar argumentos, pero digamos que la extinción de los dinosaurios y la evolución de los mamíferos tienen otra explicación más en la imaginación de Morrison a la hora de contar esta historia.
            Aunque básicamente bajo todo ello lo que anida es el complejo de culpa por el genocidio perpetrado contra los nativos americanos, lo oscuro y lo siniestro que anida en los laboratorios alienígenas abre paso a una interpretación menos Pocahontas en Avatar y más Prometheus, menos “cine ligero” estilo Spielberg y Cameron y más “cine oscuro” estilo James Cameron. El resultado es que me he quedado enganchado a esto de los dinosaurios contra los aliens, y aunque no tengo ni la menor idea de cómo puede quedarles al final la película, de momento quiero leer más cómics de la serie a la voz de ya. Creo que es una de las fórmulas más festivas y divertidas de relato de ciencia ficción que se puede leer hoy en día en viñetas. 
 
            Esto me dará pie en otro post que escribiré uno de estos días para diferenciar Prometheus de Avatar, o Scott de Cameron… Pero como suele decirse, esa es otra historia.
            Ahora me toca irme a comer, que ya me han dado la primera llamada y si me hago esperar luego la que tira de la parte reptiliana de nuestra naturaleza es mi parienta. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bellezón la tal amu adams.