domingo, 5 de agosto de 2012

COMANDOS ALEMANES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: HITLER´S RAID TO SAVE MUSSOLINI, de GREG ANNUSSEK


Ambos fueron cabos en la Primera Guerra Mundial. Ambos estaban enfermos y en decadencia en 1943. Ambos supieron jugar con la propaganda como principal elemento de sus carreras políticas y su estrategia para establecerse en el poder.
            Hitler y Mussolini. Mussolini y Hitler. Ambos son los principales protagonistas de esta crónica del rescate del Duce destronado llevada a cabo por un comando alemán en un momento clave de la Segunda Guerra Mundial. La operación es el pretexto para repasar la política de la Alemania nazi frente a la Italia fascista en el momento en que Mussolini es destituido poniendo en peligro la alianza entre ambas naciones frente a los aliados, convirtiendo a Italia en un flanco vulnerable que permitiera el acceso a Alemania. Greg Annussek dibuja un sencillo pero muy elocuente dibujo de la geopolítica del momento en su libro Hitler´s Raid to Save Mussolini. The Most Infamous Commando Operation of World War II, repasando todo el proceso que llevó a la destitución de Mussolini, su pérdida del poder, su detención y los intentos por evitar que fuera recuperado por los alemanes para seguir sustentando una política favorable hacia ellos en territorio italiano, al mismo tiempo que se convertía en moneda de cambio para pactar un acuerdo de paz independiente con los aliados. 
 
            Annussek  repasa las distintas maniobras políticas y operaciones militares que puso en marcha Hitler para rescatar a su aliado y volver a ponerlo en el poder, así como los esfuerzos del Servizo Informazione Militare italiano, que define como una de las mejores organizaciones de inteligencia del momento, para impedirlo. 
            La destitución de Mussolini trajo un cambio drástico de situación en Italia respecto a la relación con sus “aliados” alemanes, y pasó a ser extraoficialmente “invadida” por tropas alemanas que habían pasado de ser aliados a ser el enemigo sin que hubiera declaración de guerra previa. De 3 divisiones alemanas en julio se pasó a 16 el 8 de septiembre, 8 bajo el mando de Rommel en el norte, que era la parte que Hitler esperaba poder mantener frente al cambio de bando italiano y el previsible avance de los aliados, y 8 en el sur bajo el mando de Kesselring, desplazado de su posición de mando en Italia pero maniobró con habilidad para retener finalmente la misma en una situación ciertamente adversa tras haber perdido la confianza del Führer.
            Frente a eso, la falta de iniciativa de los italianos, que vivieron durante semanas la situación de zozobra y tensión derivadas de mantener a los alemanes en la creencia de que iban a seguir contribuyendo a la guerra de su lado y pactar al mismo tiempo desesperadamente con los aliados para que les ayudaran a frenar la previsible reacción de represalia del gobierno de Hitler, constituye una parte mucho más interesante del libro que la operación de comando de rescate de Mussolini propiamente dicha, aunque ésta sirva como una especie de columna vertebral del relato que permite abordar el resto de circunstancias políticas que rodearon el suceso.
En el libro se abordan los contactos entre el nuevo jefe del gobierno italiano, Badoglio, que en octubre de 1935 había hecho uso de gas venenoso para doblegar Etiopía, y los enviados de Hitler; el origen del término Eje; la verdadera envergadura de las fuerzas de cada ejército implicadas en la maniobra geopolítica de cambio de bando de los italianos; los intentos de localizar el lugar en el que retenían a Mussolini llevados a cabo por el Batallón Friedenthal de Otto Skorzeny, pertenecientes al equivalente de la CIA en el nazismo, la RSHA de las SS, y su enfrentamiento permanente con el otro servicio de inteligencia alemán perteneciente al ejército y dirigido por Canaris, Abwehr, así como las tripas, los conflictos y los lados más oscuros de celos y competencias entre los gestores de la operación de rescate, en la que tuvieron un papel más importante y protagónico del que posteriormente les reconoció la propaganda alemana los paracaidistas  del general Student, que en Alemania formaban parte de la Fuerza Aérea, al contrario que en Inglaterra y Estados Unidos, donde formaban en el ejército. 
 
            La paradoja histórica quiso que Mussolini, que había obtenido el poder años antes que Hitler mientras éste fracasaba inicialmente en el intento de golpe de estado de la cervecería y acababa en la cárcel, acabara pasado de ser la inspiración política del Führer alemán durante sus años más oscuros en el prisionero que Hitler esperaba rescatar para darle un respiro propagandístico al régimen nazi, que en el año 1943 estaba ya en el comienzo de una decadencia iniciada con el fracaso de la invasión de la Unión Soviética y lejos del triunfalismo de sus primeras operaciones militares en el frente occidental.
            Mussolini explicó lo que diferenciaba su situación en 1943 de dictador expulsado del poder en Italia frente a la de Hitler  en Alemania afirmando: “Los alemanes han nacido nazis; los italianos tienen que ser convertidos en fascistas”.
            Pero leyendo el libro es fácil llegar a la conclusión de que las cosas nunca son tan simples, sino mucho más complejas. Lo mismo puede afirmarse del asalto con 12 planeadores DFS 230  llevado a cabo para liberar a Mussolini de sus captores en el Gran Sasso, y las discrepancias sobre si el asalto fue dirigido por Skorzeny, que tuvo que insistir para que Student aceptara incluir a 17 de los miembros de su grupo Friedenthal entre las tropas de comandos paracaidistas militares que eran los encargados de la operación, dirigidos por el teniente Berlepsch. El libro de Annussek sostiene que la operación era eminentemente militar y dirigida por los comandos de la Luftwaffe, y no de las SS, y que según el plan trazado, los planeadores formaban una cadena cuyo primer eslabón era el aparato en el que viajaba Berlepsch, el segundo el que transportaba a Skorzeny con un general italiano prácticamente secuestrado para calmar a las tropas que vigilaban a Mussolini y reforzar el factor sorpresa. Una maniobra errónea hizo que el planeador de Berlepsch se desviara, dejando accidentalmente como primer eslabón de la cadena al aparato de Skorzeny, que así fue el primero en tomar tierra en el plan de aterrizaje a razón de un planeador por minuto, con 9 soldados en cada planeador. 
 
            Los comandos de la Luftwaffe mandados por Student eran ya muy célebres en aquel momento, al contrario que los Friedenthal de Skorzeny, tras haber participado en el asalto de la fortaleza belga de Eben Emael en mayo de 1940, donde 69 de sus efectivos habían conseguido destruir en 20 minutos los cañones de la misma con 6 muertos del lado alemán frente a 25 del lado belga. Esa operación había permitido el avance alemán en la guerra relámpago evitando que los cañones de la fortaleza pudieran destruir los puentes. Así, la operación contra Eben Emael se convirtió, según explica Annussek en su libro, en “una de las más espectaculares operaciones de comando de todos los tiempos. Además ayudó a allanar el camino para la asombrosa Blitzkrieg alemana  que derrotó a las fuerzas combinadas de los ejércitos de Francia y Gran Bretaña en poco tiempo”.
            La película Ha llegado el águila (The Eagle Has Landed, John Sturges, 1976), convirtió a estos paracaidistas de la Luftwaffe mandados por Student en protagonistas de su argumento, adaptando una novela de Jack Higgins…

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