sábado, 18 de agosto de 2012

ACTHUNG-PANZER!, de Heinz Guderian


“La batalla a caballo es la principal forma de luchar de la caballería”.
            Parece bastante obvio... pero, ¿qué pasa cuando los fusiles de retrocarga y las ametralladoras empiezan a desplazar a la caballería del campo de batalla.
            Pues pasa lo que contó el general alemán Heinz Guderian, 1888-1954, uno de los militares más competentes con los que contó Alemania en la Segunda Guerra Mundial, en un libro esencial no sólo para entender el papel de los blindados en la modernización de los ejércitos, sino esencialmente la Primera Guerra Mundial y la Blitzkrieg, la guerra relámpago con la que los ejército de Hitler arrasaron Europa en la Segunda Guerra Mundial.
            El libro de Guderian hace un repaso de las aportaciones y dificultades en el desarrollo y aplicación que hubieron de afrontar dos de las armas más innovadoras y decisivas que recibieron su bautismo de fuego en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, los blindados y la aviación. 
 
            Guderian hace un repaso de las primeras batallas de blindados y cómo influyeron en la Gran Guerra desde que los ingleses decidieron poner sobre el terreno sus primeros tanques sin agruparlos hasta que los franceses dieron otro paso adelante moviendo su blindados en un ataque en grupo. Repasa el conflicto derivado del conservadurismo de la caballería y la infantería, poco dispuestas a ceder el protagonismo en el campo de batalla a estos nuevos elementos. Recorre los primeros balbuceos de creación de vehículos blindados y su eterno duelo a muerte con la artillería y las armas antitanque. Además repasa el desarrollo táctico de la nueva arma blindada, haciendo especial hincapié en la relación conflictiva de éstos con la infantería y la caballería, las ventajas y las desventajas de la separación de los blindados de la infantería, el primer intento, en 1928, de desarrollar un ejército dotado tácticamente de cuerpos completamente nuevos y basados exclusivamente en el motor como nuevo medio de transporte, el problema de la mecanización y motorización de las unidades convencionales para adaptarse a las nuevas armas… Los británicos eran partidarios de emplear unidades más pequeñas de blindados ligeros medios y pesados, con independencia de la artillería, mientras que los franceses optaron por tanques más pesados. En su recorrido por los primeros pasos  de los blindados entre los enemigos de Alemania en la Gran Guerra, Guderian aclara también que sólo después de finalizar los combates de la revolución decidieron los rusos desarrolla su propia industria del armamento, comprando modelos extranjeros para estudiarlos, copiarlos y adaptarlos a sus necesidades. 
 
            También aborda el consabido enfrentamiento entre los teóricos militares del período de entreguerras empeñados en defender la defensa estática, representada esencialmente por la Línea Maginot, y los que apostaban por la movilidad del arma blindada con apoyo de la aviación, y llama poderosamente la atención cómo es posible que los políticos ingleses y franceses partidarios de pacificar a Hitler en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial no fueran capaces de pronosticar y anticipar la que les estaban preparando los alemanes desde el momento en que Hitler tomó el poder en 1933 y abolió todas las limitaciones de armamento a que había estado sometida Alemania como consecuencia de las leoninas condiciones del Tratado de Versalles, lo que Guderian, comprensiblemente, denomina en su libro “libertad militar”. 
         Escrito en 1936, el libro era un doble aviso. Por un lado, leyendo entre líneas, componía un retrato bastante elocuente de los vínculos establecidos entre Adolf Hitler y el ejército, siendo el líder nazi considerado por los militares en primer término como un “liberador” que rompía las trabas de Versalles y permitía desarrollarse a las distintas armas del ejército alemán. Por otra parte es un agiso en toda regla de las teorías de ataque con blindados que iba a desarrollar la Wehrmacth con enorme eficacia entre 1939 y 1941, así que hay que apuntarlo como otra muesca en el revólver de la miopía de los partidarios de “pacificar” a Hitler mientras se merendaba Austria y Checoslovaquia, en la misma lista en la que podemos incluir las escenas de paradas militares con palas en lugar de con fusiles en el documental El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl.  
            Es esa naturaleza de aviso y propaganda, de guía de desarrollo y aplicación de la nueva arma, de dibujo de  primera mano de lo ocurrido en las batallas con blindados en la Primera Guerra Mundial, lo que confiere al libro de Acthung-Panzer! su doble naturaleza como libro esencial de la historia militar e historia en sí mismo, que, salvando las distancias, lo convierte junto con la otra obra de este mismo autor, Panzer Leader, en una especie de equivalente en la Gran Guerra de lo que fuera La guerra de las Galias de Julio César. 
 
            Guderian tiene también espacio reservado en su libro para citar al general italiano Giulio Douhet, más citado que realmente comprendido, y su teoría de que sólo la fuerza aérea tiene suficiente potencia para atacar, lo que hacía que en Tierra bastara con desarrollar sistemas defensivos… Es curioso que la historia haya demostrado que las teorías de Douhet, a quien una revista de historia militar denominó “profeta del Blitz”, no son la panacea, considerando que ni los ataques aéreos sobre Londres en 1940, ni sobre Alemania de 1942 a 1943, ni en Vietnam del Norte en 1970 y tampoco en Irak en 1991 han conseguido la capitulación completa del enemigo, negándole a la aviación el calificativo de “arma absoluta”.
            Los tres mandamientos  del combate con tropas blindadas quedan también claramente establecidos: sorpresa, empleo masivo y terreno adecuado. Las necesidades tácticas de la nueva arma.
 
            El libro contiene además una frase de Guderian que con cierta flexibilidad es plenamente aplicable a cualquier otro aspecto de la vida ajeno al entorno militar y resulta especialmente válida para aplicarla a nuestras batallas cotidianas en estos cambiantes y complicados tiempos de crisis económica: “La misión de desarrollar una fuerza nueva no consiste, sin embargo, en adaptarse a los nuevos cambios que se van produciendo; consiste en dirigirse hacia una meta clara y premeditada, sin dejarse llevar por las sensaciones del momento o las corrientes imperantes y tomándose el tiempo necesario para el desarrollo técnico continuo con una visión a largo plazo. La continuidad sólo podrá conseguirse si el desarrollo perdura un tiempo en las mismas personas y si estas obtienen los poderes necesarios…”
            A no pocos empresarios dilapidadores de talentos veteranos les vendría bien leer y aplicar esto para garantizar la continuidad en sus empeños industriales y de negocio, pero les veo nerviosetes como niñatas debutantes en baile de presentación social y dispuestos a lanzarse al cuello del primer galancete de sonrisa aseada y vacía que les pida un baile.
            Así les va luego.
            Aunque esa es otra historia…

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