domingo, 29 de julio de 2012

LOS MERCENARIOS 2: ORÍGENES. HOY: EL ÁNGEL DE LA OSCURIDAD (DARK ANGEL) DON DOLPH LUNDGREN


 
Continuando con el recorrido de los orígenes y algunas de las películas más curiosas o representativas en la filmografía de la plantilla de protagonistas de Los mercenarios 2, hoy toca El ángel de las tinieblas, que en el original se tituló Dark Angel y dirigió en 1990 el californiano Craig R. Baxley, que comenzó ejerciendo como actor y ganándose la vida como coordinador de dobles de acción (entre otras en Depredador), y director de la segunda unidad y luego se buscó hueco como director de series de televisión y películas de explotación. Su trabajo en esta área del cine eminentemente definida por la acción y en la televisión marcó cierto aire televisivo de esta película, que en su planteamiento está, como Halcones de la noche, a caballo entre dos etapas. Por un lado es totalmente ochentera en el planteamiento visual, elección de ambientes, musiquita y demás. Por otro tiene algunos elementos que predicen lo que va a ocurrir con la producción en el cine de acción de los años noventa. Fue quizá el intento más serio de lanzar a Dolph Lundgren, reuniendo elementos de otras películas y fórmulas de probado éxito comercial en aquellos momentos que de manera absurda no fueron explotadas hasta sus últimas consecuencias. 
 
            Así pues nos encontramos a Lundgren en esta película en una situación similar en algunos sentidos a la que 9 años antes había experimentado Sylvester Stallone cuando protagonizó Halcones de la noche: buscando afanosamente una imagen cinematográfica capaz de darle un giro definitivo a su carrera. Stallone encontró ese camino con Acorralado, pero no puede decirse lo mismo de Lundgren…
             Digamos que en esta etapa tanto Dolph Lundgren como Craig R. Baxley estaban examinándose para promocionar y subir a la liga mayor del cine de acción estadounidense. Baxley lo intentó sin conseguirlo con tres películas y siempre con esa misma clave de intentar rebañar elementos de fórmulas de éxito sin conseguir explotarlos plenamente. La primera fue Acción Jackson (1988), que era un intento de lanzar como protagonista a Carl Weathers, el Apollo Creed de la saga Rocky, reeditando a los héroes de la blaxploitation de los años setenta. Fracasó. La segunda fue la película que nos ocupa, especie de puzzle de retales encontramos la clave argumental de Depredador (1987) y Depredador 2 (1990) unida al planteamiento de las películas de amiguetes tipo buddy movie que intenta rebañar elementos de Alien Nation (1988), Hidden (Lo oculto) (1987), Límite 48 horas (1982) y 48 horas más (1990). Obviamente no llega a sacarle el máximo partido a ninguna de ellas. La tercera fue Frío como el acero (1991), donde intentaron hacer de Brian Bosworth, estrella del rugby, una estrella del cine de acción. Tampoco en ese caso le salió la jugada, así que el director acabó pasándose a la televisión y las futuras estrellas del cine de acción que intentaba promocionar con estos largometrajes tuvieron que conformarse con seguir ejerciendo como tales en el seno de la serie B, el cine de explotación y las películas comercializadas directamente en vídeo o dvd, sin pasar por las salas.  
            De las tres películas la que ha sobrevivido mejor, y en clave eminentemente de comedia, es Acción Jackson, que vista hoy con ojos friquis es una risa.
            Por lo referido a la carrera de Lundgren, que había comenzado ejerciendo como matón vistoso en la última de Roger Moore como 007, Panorama para matar (1985), luego se lanzó como el villano soviético Iván Drago dándole de tortas a Sylvester Stallone en Rocky IV (1985), hizo un primer intento de estrellato fallido ejerciendo como He-Man en Masters del universo (1987), hoy clásico del cine friqui, repitió intentona ejerciendo como una especie de respuesta soviética a Rambo en Red Scorpion (1988), y finalmente protagonizó la mejor versión que hasta ahora ha dado el cine de un personaje clásico y básico de las viñetas de los cómics Marvel, Frank Castle, alias El Castigador (o Punisher) en Vengador (1989), se enfrentaba aquí como digo al primer intento serio de ser el nuevo héroe de acción y patadas. El problema es que explotaron poco, y mal, su habilidad en las artes marciales, y además tenía dos duros competidores en ese terreno, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal.
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            No tuvo la suerte que merecía Lundgren con esta película que ya de partida tenía un título confuso, poco claro, que despistaba. Ángel oscuro, en el original, y El ángel de las tinieblas en el título castellano, remite más a un tema de terror tipo satanista. Pensaron titularla Contacto letal, luego Vengo en son de paz, pero finalmente el tema oscuro se llevó el gato al agua. Grave error.
Sin embargo la película contiene algunos elementos ciertamente curiosos para el imaginario colectivo friqui y los amigos del cine de mazmorra y serie Z.
            El primero es el villano, interpretado por el alemán Mattias Hues, descendiente del compositor de la ópera Hansel y Gretel que es un efecto especial en sí mismo porque el buen hombre mide 1,96 de altura y a pesar de eso consiguió destacar en la práctica de artes marciales moviendo sus casi dos metros con gran flexibilidad y velocidad. Era el oponente perfecto para Lundgren, al que no es fácil buscarle oponentes de su misma envergadura en la pantalla porque el hombre no es precisamente bajito. Hues tuvo que hacer todas las secuencias de acción él mismo, ante la imposibilidad de encontrar un doble de su misma altura que pudiera sustituirle. En lugar de sacarle partido a la habilidad de estos dos tipos en repartir leches y ponerlos a darse de tortas, desperdiciaron esa opción para desarrollar su enfrentamiento sin artes marciales.
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            Grave error.
 Eso sí, la película tiene algunos elementos míticos para el cine de mazmorra. Para empezar el villano es un camello del espacio exterior que viene a la Tierra a refinar droga. Lo cual que podrían haber titulado la película: Camello espacial. De hecho a mi lado más oscuro y perverso se le ha ocurrido montar una versión alternativa de E.T. sustituyendo al bicho cabezón por el gigantesco Mattias Hues vendiéndoles “chuches” a los niños de la de Spielberg…
También podría darles un cursillo sobre usos alternativos de los cedés, porque su principal arma es lo que en el diálogo denominan “un electroimán autónomo”, para entendernos, una especie de cedé volador con muy mala leche que corta cabezas y rebota por todas partes.
Me gustaría tener uno así para soltárselo a las palomas cagadoras de mi barrio, pero de momento tendré que conformarme con seguir tirándoles copias de Sonrisas y lágrimas, Siete novias para siete hermanos y ¡Qué bello es vivir!
Y ya que hablamos de ¡Qué bello es vivir!, otro aspecto entrañable de esta película es que el alienígena camello me cae especialmente bien, porque entre sus víctimas se lleva por delante a un “fan” de Qué bello es vivir, una de las películas más moñas de la historia. Los buenos sentimientos navideños del tipo quedan puestos en evidencia y se van a hacer puñetas cuando tira de escopeta y se pone a soltar tacos por la boca en plan: “¡Os voy a arrancar los huevos, cabrones!”
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            Y para redondear el asunto los otros villanos de la película son: ¡yuppies delincuentes!
            Sí, sí, como lo han oído: ¡YUPPIES DELINCUENTES!
            Así es como los llaman en la versión española del diálogo y yo no soy nadie para desaprovechar lo absurdo y desternillantes de tal denominación.
            Claro son ¡YUPPIES DELINCUENTES! porque llevan trajes caros, tienen cochazos deportivos aparcados en la puerta y además oficinas muy lujosas y chulas… Todo un antecedente del protagonista de American Psycho. Vean, vean cómo les vapulea Lundgren. 
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Luego hay un par de frases para el recuerdo: ese poli que le dice al alienígena que conduce un coche robado después de cargarse al agente que lo conducía: “¡Deténgase! ¡Está conduciendo un vehículo municipal sin autorización!”, como si el alienígena además de alienígena fuera gilipollas.
            O ese resumen perfecto de la filosofía de la vida del maestro, mentor, gurú y pensador Lundgren: “No te fíes ni de tu padre”.
            Impagables.
                Le doy dos estrellas entre las películas más chorras del cine de mazmorra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me la apunto.