sábado, 14 de julio de 2012

¡DESMOTIVADOS! PAPÁ NOEL SE TIRA A LA BASURA


Ayer viernes volvía a casa después de darme una vuelta por los comederos que frecuento buscando películas, libros o similar, cuando me tropecé con una imagen que resumía muy bien cómo está siendo este año. 
De repente mi hermano me señaló la foto y el titular: 
¡Papá Noel se suicida tirándose a la basura!
            También es un buen resumen de todo este curso, del año y de la semana que ayer viernes entraba en su fase final.
            La verdad es que estamos acosados por situaciones, individuos y estrategias tan desmotivadoras bajo el pretexto de la crisis económica que no me extraña que el personal esté tan hecho polvo como Papá Noel.
            Parte de todo eso deriva de la crisis económica, pero sobre todo del miedo que engendra a nivel global, social, empresarial, y sobre todo personal. Es lógico que pensemos que la clave del asunto está en esta última fase, porque en definitiva las sociedades y empresas están integradas por individuos.
            El miedo se ha convertido en moneda de cambio.
            Mala idea.
            El miedo, llevado hasta el extremo, acaba engendrando desesperados que ya no tienen nada que perder.
            Y todos sabemos que lo único con lo que no queremos encontrarnos es con un tipo o tipa que ya no tiene nada que perder. Porque dado ese caso, estamos jodidos. A menos, claro, que estemos en las misma condiciones de desesperación que el otro, en cuyo caso el asunto suele solventarse con un enfrentamiento suicida por ambas partes.
            De manera que, para evitar este tipo de situaciones se me ha ocurrido pensar unas normas que pienso aplicarme a mí mismo en primer lugar, en plan vacuna, para no hacer el gilipollas en esta crisis económica y acabar como el pobre Papá Noel, mirando a la basura como mi lugar de descanso eterno.
            1 Las cosas no se arreglan cambiando las cosas así en plan iluminado, a ver si por casualidad nos tropezamos con la solución. No nos volvamos locos. Correteando como gallinas sin cabeza de un lado a otro y cambiando todo lo que nos rodea no vamos a evitar hundirnos. La idea es cambiar lo que es necesario cambiar, y quizá el primer cambio deberíamos hacerlo en nosotros mismos, en lugar de intentar cambiar a nuestros colaboradores, clientes o socios más veteranos, que son los que más y mejor conocen cómo se baila esta pieza. En lugar de aprovechar la solidez de la experiencia son muchas las empresas que están dilapidando su mejor y más preparado capital humano para experimentar por enésima vez con planes de reforma que, francamente, todos menos los promotores de los mismos sabemos que no van a salir. Si algo funciona, no lo cambies.  Puede parecer un tópico recurrir al refranero, pero la verdad es que aquí es plenamente aplicable lo de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.  
            2 Los iluminados son una mala inversión. Los mesías también. Y nosotros no somos tan listos como para cambiar en solitario el mundo o nuestro entorno más inmediato, o tan santurrones como para que las potencias celestiales nos salgan de la cabeza en plan Iker Casillas cuando para un penalti. La mayor parte del personal debería asumir que no va a tropezarse en solitario a fuerza de talento y empeño con la solución de los problemas que le rodean. Deberíamos empezar por seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer, que en general es trabajar en equipo haciendo cada uno lo nuestro, y a partir de ahí, manteniendo eso como base esencial, intentar explorar muy cuidadosamente alternativas. El “hombre milagro” para salir de este lío no existe. El “mesías empresarial” para salvar una empresa o país que va de puñetero culo tampoco. Generalmente eso se consigue en grupo, no individualmente. Se consigue haciendo lo que siempre hicieron nuestros antepasados para progresar hacia alguna parte (aunque a veces, visto lo que nos rodea, se piensa uno si la civilización no habrá sido un error garrafal y tendríamos que seguir pintando monigotes en las cuevas con nuestros propios excrementos…): cooperar y colaborar. Estos tiempos difíciles después de unos tiempos tan onanistas y facilones pueden mandar el mensaje de que tú eres el mesías que nos salvará a todos, pero Supermán se ha ido de vacaciones y ya no está en este planeta. El equipo, el grupo, sale del agujero. El llanero solitario se queda en el agujero pensando qué habrá fallado en sus magistrales planes para haberle negado la gloria que está convencido se merece por su mente preclara. Incluso formando parte de esa mínima porción de genios que de vez en cuando alumbra nuestra miserable especie, como no recibas el respaldo del grupo, vas jodido. Dicho de otro modo: a Van Gogh las pinturas se las pagaba su hermano Theo (no confundir con el director de cine holandés Theo Van Gogh).
            3 Si algo te pica, ráscate, pero no te cortes una vena con las uñas, capullo. Es cierto que simplemente a veces una cosa o persona no funciona en un grupo. En ese caso lo mismo hay que sustituirla. Pero conviene asegurarse en primer lugar de si la persona no funciona o simplemente lo que ocurre es que como grupo o empresa no hemos sabido sacarle todo lo que puede aportar. Pero hay todavía algo peor, que es cuando se decide que lo que no funciona no es sólo una persona, sino varias, así, en masa, todos a la puñetera calle en bloque y cambio de guardia. Ojito con los cambios de guardia: son una pista deslizante para irse por el barranco de cabeza.  La gente empleada por cuenta ajena tiende a hacer lo que le mandan, lo cual que si un grupo de gente contratada no ha hecho lo que se le pedía, lo más lógico es pensar que estaban mal dirigidos. Luego lo que no funciona no son los trabajadores, sino toda la empresa, y especialmente su cúpula directiva.  
            4 Ojo con mezclar las churras con las merinas y los caniches con los cocodrilos. En  ese huracán de cambios llevados por el optimismo de los mesías y los iluminados, ojito con acabar llevándote por delante incluso a la gente que funciona bien. Meter a todo el mundo en el mismo saco es mala idea. Ojo no te pase lo del chiste y le pilles el número cambiado a un cocodrilo creyendo que es un caniche. Ojo con hacerle la estética al cocodrilo. Lo digo por experiencia… como cocodrilo.
            5 La lealtad no se pide. La lealtad se gana. Se gana cuando el que manda consigue la confianza de quienes tienen que seguir sus órdenes. Si el de arriba manda mal, los de abajo trabajan de puta pena.
            6 La confianza es la clave. Si sospechas que la parienta o el pariente te está poniendo los cuernos, la cosa ya está jodida, estés adornado o no. Significa que la confianza se ha ido a tomar por saco definitivamente y a partir de ahí siempre habrá mosqueo. Con las empresas, los empresarios, los clientes, los currantes, los amigos, los “amigos”, los parientes, los médicos, tu perro, tu gato, tu tortuga mutante ninja, tu vecino, etcétera, el asunto es exactamente el mismo. Si se pierde la confianza, se jodió. Ojo con perder la confianza de tus empleadores o de tus empleados.
            7 Decir lo que uno piensa de verdad no está bien visto. Pero te quedas muy relajado escupiendo lo que piensas. A ver, este punto es conflictivo. Verán ustedes: ser sincero es jodido en este mundo habitado por mentirosos, pesebreros, cagados, torticeros y fariseos. Está mal visto. Lo cual que en principio es malo decir lo que uno piensa así a bocajarro. Pero es mucho más sano para la cabeza. A mí me merece la pena el riesgo de hablar claro. Decir las cosas directamente a la cara del personal. Cortar por lo sano lo que nos molesta me parece más saludable mentalmente hablando que dilatar las situaciones. He probado la sutileza, el juego de cintura y la diplomacia de esperar y ver… y nunca me ha funcionado. Sin embargo atizándole una leche al problema en todo el hocico me he quedado muy relajado. Aunque no lo haya solucionado. Aunque lo haya empeorado. Más relajado fijo. Así que aquí decidan ustedes. Yo me sigo quedando con hablar claro. Por otro lado si agradezco que la gente que me importa o me paga me hable claro, porque eso me permite tomar medidas, no entiendo por qué no iba a funcionar la cosa en sentido contrario. Hablar claro a la gente es un síntoma de respeto, no una falta de respeto.
            8 La deslealtad engendra deslealtad. No lo duden. Los traicionados quieren cobrarse lo suyo. Eso o son gilipollas pesebreros. Si son gilipollas pesebreros, no te sirven para nada. Son inútiles, y con un ejército de inútiles no vas a ninguna parte. Así que mejor que asumas que si trabajas con gente competente te conviene no traicionarlos.
            9 No te hagas mala sangre. Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas. Lo que pasa en tu curro no puede influir en tu vida, en tu salud y bajo ningún concepto puede joderte el sueño o el apetito. Hay que establecer compartimentos estancos entre unas cosas y otras. Entiendo que es difícil, quizá incluso imposible, pero ¿quién coño nos dijo que esto de vivir iba a ser fácil? La vida no es un anuncio de compresas con alas. Y por otro lado, la vida de verdad no tiene nada que ver con la mierda que nos sueltan cotidianamente en el curro, en el metro, en el autobús o en el puto parque cuando le estamos dando de comer a las palomas.
            10 Si nada de lo anterior te vale…siempre puedes tomar el mismo camino de Santa Claus y tirarte a la basura. O dejar que te tiren otros. A mí me van a tener que llevar a rastras, mordiendo, manoteando y pateando como un gorila cabreado. Dócilmente a la basura va a ir su puñetera madre.
            Y si alguien te suelta el rollo ese de que persigas tu sueño o te promete ganar dinero fácil en internet: ¡sal corriendo!¡Huye por tu vida!
¡Es un moñas o te quiere vaciar la cuenta corriente!
En todo caso, y para no cerrar esto con un tono tan negativo, lanzo una pregunta: observando la foto, ¿no parece también que Papá Noel está intentando escapar de la basura?
Ahí dejo la idea y la foto, en plan optimista. 
 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

España tiene el gobierno que se merece. O nos alzamos y luchamos por nuestros derechos o será nuestro fin.

Miguel Juan Payán dijo...

Hombre, amigo Anónimo, yo no estoy hablando de ningún gobierno así en concreto, que habría para echarles de comer a parte no a uno sino a varios gobiernos y de todos los colores. Hablo de cosas que llevo viendo un tiempo. Del desgaste de la confianza y la motivación. De nuestro propio desgaste como personas. En todo caso, si dices que España tiene el gobierno que se merece, ¿nos alzamos contra nosotros mismos que nos merecemos este gobierno? Lo encuentro algo confuso eso de alzarse. Alzarse ¿contra qué gobierno? ¿El de aquí? ¿El de la Unión Europea? Y, ya puestos, nos alzamos y ¿a quién ponemos? ¿A otros que van a hacer exactamente lo mismo, aunque públicamente nos inviten a hacernos unas pajillas, como el amigo Torrente? Porque, no nos engañemos, no hay mucho entre lo que elegir... En todo caso, mejor dejo el tema, porque se me está empezando a calentar la boca y cuando escucho consignas me dan ganas de echar la pota. El asunto es más complejo que alzarse contra un gobierno en concreto. Ojalá fuera tan fácil la cosa.