lunes, 11 de junio de 2012

¿PARA QUÉ VALE INTERNET? ¿INTERNET ES UNA FARSA?


Segunda y tercera de las cien preguntas que me he planteado hacerme antes de que acabe este año.
¿Para qué vale Internet?
¿Internet es una farsa?
Absolutamente imprescindible el artículo que publicó ayer en el suplemento El semanal, del diario ABC Carlos Manuel Sánchez en torno al fiasco de salida a bolsa de Facebook. Un viaje a las falacias que llevan vendiéndonos sobre Internet como la locomotora económica y el trampolín para una revolución social.
Ni locomotora.
Ni revolución social.
Ni nada de nada, señores.
Una farsa tan grande como un castillo de Walt Disney. 
 
Dejo algunas perlas incluidas en el artículo, para abrir boca, como suele decirse.
Ahí va un par para los iluminados que pronostican la caída de las revistas en papel, el libro en papel y el papel en general (tranquilos, alguien en algún sitio del Valle de la Silicona -¡dejen de pensar en tetas, leches!- debe estar inventando en este momento el papel electrónico para limpiarse el culo).
“La economía digital se caracteriza por una penetración enorme y un rendimiento limitado” (Tyler Cowen, economista de la George Mason University)
“Internet significa ocio barato. La mayoría de los productos que ofrece son gratuitos (…) Por supuesto existen compañías exitosas, pero son aquellas cuyo negocio está en la producción y distribución de bienes materiales, no virtuales”. (Tyler Cowen, economista de la George Mason University)
Ahí va otra para quienes venden la moto de internet como recurso para profesionales.
“Incluso el porno, que es el mayor negocio de Internet, está perdiendo muchísima rentabilidad porque cada vez hay más sitios amateur y los profesionales han perdido el monopolio”.
Aquí tengo que aclarar que no es lo mismo ver a una actriz porno haciendo lo suyo que a una señora de su casa con ligero e incluso excesivo sobrepeso exhibiendo lorzas y varices en horas libres para satisfacer el morbo del marido y del personal pornógrafo en general. El asunto puede resultar exótico al principio, pero se pierde mucha estética, las cosas como son. Y un profesional es un profesional, incluso para enseñar culo y un buen par de tetas.  
Pueden aplicar lo mismo al periodismo, los blogs, las páginas de aficionados y la crítica o análisis sobre cualquier cosa que hace el vecino de la puerta contigua.
No es lo mismo.
Y aquí viene la que más me gusta.
“El ocio es el cimiento de internet. La mayoría de sus contenidos los crea gente que no espera remuneración alguna. Es el paraíso de los diletantes y los desocupados”.
Más claro imposible.
Mientras los ordenadores, los teléfonos móviles, los i-pad, i-pod, i-supuñetera madre, y las compañías telefónicas, naturalmente, siguen embolsándose dinero con esta feria.
Y  muchos profesionales, como un servidor, mantenemos el puesto en esta trinchera básicamente por tres motivos (hablo por experiencia propia).
1.- Porque así lo exige nuestro trabajo y comunicarse con la gente, alumnos, lectores, etcétera, dándonos a conocer y presentando nuestro trabajo, libros, revistas, etcétera, forma parte de nuestra profesión. Nos guste o no nos guste.
2.- Porque en este mundo de las nuevas tecnologías si no estás aquí, no estás. De manera que estás y sigues aquí porque no te queda otra, aunque no ganes un duro con este trabajo suplementario, que viene a ser como una especie de tarjeta de visita sobredimensionada o un escaparate. Si no estás tú, habrá otro currante de tu mismo gremio cubriendo ese nicho biológico y comiéndose tu comida aunque sea más tonto que una piedra (hay numerosos ejemplos, yo conozco varios con nombre, apellido y número de la seguridad social). Así que te quedas y sigues.
3.- Porque realmente sí que somos un poco o un mucho diletantes, aunque no estemos desocupados, y en el fondo nos apetece charlar con la gente, contar cosas, compartir, debatir, trolear y pelearnos con todo bicho viviente por la cosa más gilipollas que se nos pueda ocurrir cada mañana…
Pero, ojo: ¡nada de eso es negocio!
¡Esto no da dinero!
Así que aclaremos.
Internet, páginas web, redes sociales, blogs, foros y demás son la mayor parte de las veces y con muy pocas excepciones que no obstante confirman la regla:
a/ una imposición de las circunstancias para muchos profesionales que deberíamos dedicar nuestro ocio a otras cosas, pero tras comprobar que si nos descuidamos los lobos más tontos de la manada nos pueden comer los talones, hemos decidido jodernos y dedicar parte de nuestro tiempo libre a mantener el tipo en esta trinchera que no proporciona ni un duro, con lo cual alimentamos a la bestia del sistema, a las empresas que sí sacan dinero con este asunto.
b/ onanismo puro y duro, pajas sin fin dándole a la tecla y contando todo lo que nos pasa a todas horas, en plan coñazo. Las compañías telefónicas salen ganando mientras los cepillos de las iglesias puestos junto al confesionario se vacían, los psicólogos tienen menos trabajo, nuestras parejas respiran tranquilas porque nos tienen que aguantar menos chorradas y todos nos sentimos en posesión de la verdad aunque muy posiblemente seamos la generación de seres humanos más tonta, incapaz e inútil que ha pisado este planeta. Así en bloque, sin distinción de razas ni colores.
 Toca espabilarse y hacer cuentas.
Toca dejar de aguantar que los alucinados o económicamente implicados en las nuevas tecnologías nos suelten su salmodia de ventajas y beneficios de esta puñetera mierda de Internet.
Toca dejar de lado la educación, hablar claro y mandarlos a freír puñetas explicándoles que esto de Internet es en un 90 por ciento una convención global de pajilleros enloquecidos, un corral de gallinas en el que cada bicho con pico quiere decir lo que piensa pero le importa una mierda lo que puedan pensar los demás, síntoma claro de que pertenecemos a la civilización más torpe de la historia de la humanidad, aunque tengamos muchas más herramientas en nuestra mano para aprender y compartir.
Ustedes dirán: vaya tipo contradictorio, que para contarnos todo esto dedica sus primeros minutos hábiles del lunes en lugar de ponerse a currar.
Bien, repasen los puntos 1 y 2 y el párrafo a.
Y tengan en cuenta otro factor sobre esto de Internet y la redes sociales que también viene explicado en el artículo, como digo imprescindible, publicado ayer domingo en El Semanal de ABC, en el cual se incluye una afirmación de Clem Chambers, analista de la revista Forbes: “Facebook es el mayor destructor de productividad laboral creado por el hombre después de la guerra”. Añadan a Facebook todas las redes sociales, las páginas porno, los blogs, foros, chats, etcétera.                                                                   A ver, no quiero decir con todo lo anterior que esto de Internet, redes sociales, blogs y demás no tiene su utilidad.
La tiene.
Pero es menor que la prometida. Y además no estamos usando bien la herramienta en la mayor parte de los casos.
La herramienta en cuestión no es ni el Santo Grial para la economía y el paro que nos habían contado ni la mochila cohete que reclamaba el consejero del presidente en un capítulo de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca.
Eso sí, estoy seguro de que si George Orwell, autor de Un mundo feliz y creador del Gran Hermano (no, el concurso de la tele no), levantara la cabeza (falleció en 1950), volvería a morirse del susto.
Porque hoy, más que nunca, hay algo para lo que sí sirve internet: para tenernos a todos más fichados y más controlados que en ningún otro momento de la historia.
De manera que, ya ven: la mentira servía para algo, la farsa tenía un objetivo que cumplir y lo ha cumplido.
Somos más esclavos, trabajamos gratis y encima estamos más vigilados que nunca.
Podríamos aprender mucho más, pero somos más tontos que nunca porque no escuchamos a nadie. Sólo nos escuchamos a nosotros mismos.  
Deduciendo de todo lo anterior se llega a la conclusión de que somos también la generación más gilipollas que ha existido.
QED…como diría Sherlock Holmes.
Cada vez me caen mejor los luditas…
Y eso que Skynet todavía no ha cobrado conciencia de sí misma…
¿O quizá sí?

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