sábado, 5 de mayo de 2012

X-MEN ESCLAVIZANDO HUMANOS EN UN FUTURO ALTERNATIVO


 Hace dos o tres post, más o menos, el amigo Telly Chavalas habló de un cómic de la colección What If…, concretamente el número 22 de la edición española, que corresponde al número 13 del volumen dos de la edición original norteamericana. En el mismo se plantea un mundo paralelo en el que el profesor Charlse Xavier se convierte en Juggernaut, y organiza a los mutantes para tomar el poder, dejando a los humanos convertidos en poco más que sus esclavos.
La premisa es interesante por los cambios que plantea, y sin duda sería buen caldo de cultivo para que los encargados de escribir los guiones de las próximas entregas de la saga cinematográfica de los X-Men incorporaran algunas ideas argumentales curiosas a la misma. Pero sobre todo me interesa más como ejemplo o rastro de lo mucho que ha cambiado el mundo desde que se editó el cómic, a finales de la década de los ochenta (en 1990 concretamente) hasta la actualidad.
“Saludos. Soy el vigilante. He dedicado toda mi vida a observar lo que ocurre en el universo. No interfiero. No juzgo. Sólo vigilo. Pero también hay otros mundos… “Mundos alternativos”, cuya historia ha seguido diferentes caminos al del mundo que conocéis y que también vigilo. Este es uno de ellos…”. 
 
Así comienzan toda las tramas de la colección What If…con el discurso del calvete alienígena ataviado con toga romana, personaje que siempre he me ha parecido una inspiración para los vigilantes de la serie Fringe, lo mismo que el planteamiento de los mundos paralelos.  Aunque sólo fuera por la influencia que tiene en el proceso creativo de muchos de los narradores del ocio audivisual de nuestros días, el cómic ya debería estar siendo más y mejor considerado como fuente de información y producto cultural del siglo XX y XXI.
En el caso concreto de este número, encontramos pistas interesantes sobre cómo las viñetas sirven como espejo de la sociedad y el momento histórico en el que se producen.
Lo primero que me llama la atención es cómo han cambiado las historias del nacimiento de los  personajes de la Marvel en estas dos décadas y pico que han transcurrido entre la publicación de este cómic y las nuevas adaptaciones de esos personajes a la pantalla grande. Por ejemplo en lo referido a cómo  cuenta este cómic la manera en la que Magneto toma el poder haciéndose cargo de la Hermandad de Mutantes Diabólicos…, que convertirá en una legión. 
 
Y todos esos cambios giran en torno a las guerras. Porque son las guerras en las que han participado o donde han nacido los superhéroes y los supervillanos, más aún en las fábulas de la editorial Marvel que en las de DC.
Más concretamente en este cómic, la guerra en la que el Profesor X se convierte en Juggernaut es la de Corea. De ocurrir hoy sin duda habría sido la guerra de Irak o Afganistán. En los cómics clásicos de los ochenta se podía conocer la edad de los personajes por las guerras en las que han participado.
Nick Furia y el Capitán América eran los más ancianos de estas sagas, participantes en la Segunda Guerra Mundial.
Luego Xavier y su hermanastro, Caín Marko, el Juggernaut habitual, en Corea.
Lo mismo que Iron Man.
Pero lo realmente significativo es que sean esos conflictos bélicos los que marquen esas vidas de ficción, un espejo de cómo la historia de los Estados Unidos se construye en el siglo XX sobre esas mismas guerras, que se trasladan al cómic como medida de tiempo que marca la edad de los personajes.  Es para pensarse más tranquilamente lo mucho que dice de una sociedad, un país o una civilización que incluso sus productos de ficción más sencillos se organicen de ese modo en torno a los conflictos armados.
En toda nuestra ficción se refleja nuestra verdadera naturaleza eminentemente violenta y cainita. No podemos evitarlo. Somos así de cabrones.
En el cómic, como digo un producto de  1990, la URSS todavía está plenamente operativa como antagonista y está plenamente presente el miedo al calentamiento de la Guerra Fría y el estallido de una Tercera Guerra Mundial. 
 
Además nos tropezamos con un elemento clásico de las tramas de acción urbanitas que define muy bien los miedos sociales urbanitas recreados por el cine de los años ochenta, plena era Reagan: las bandas de gamberros juveniles. Los Zumbadores, jóvenes mutantes incontrolados, aterrorizan a la población humana, preferentemente ancianos. Casi parece un argumento salido directamente de las películas de Charles Bronson ejerciendo como justiciero de la noche. 
 
La parte mala es la misma de toda esta colección de universos paralelos: las prisas por contar muchas cosas en pocas viñetas hace que el guión flojee. En este caso en las peregrinas formas que aplica Juggernaut para eliminar a otros personajes del Universo Marvel, como Los Cuatro Fantásticos, los miembros de Los Vengadores, Spiderman (una estupidez como un templo en la que, como no podía ser menos vuelve a estar implicada la maldita vieja, la puñetera Tía May de las narices), Thor, Namor, Daredevil… Muy chapucero. 
 
Y, algo anecdótico pero significativo: ¡No aparece Lobezno!
Esa es la mayor diferencia. El personaje que hoy está hasta en la sopa ni siquiera asoma el hocico. Claro que tampoco aparece Furia o Shield…
Es lógico, no pueden abarcar a todo, la principal debilidad de los guiones de esta colección que no obstante tiene en este número una de sus entregas más curiosas por lo que nos cuenta de una época tan diferente a la nuestra.
A modo de testimonio histórico de las formas del ocio en las dos últimas décadas del siglo XX.

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