jueves, 17 de mayo de 2012

LOS VIKINGOS, LA MUERTE DE RAGNAR (QUE NO, QUE NO SE QUIERE TIRAR A TONY CURTIS, SINO A LOS PERROS)

 ¿A ustedes no les pasa que algunos días sacan las pezuñas de la cama pensando en imitar a Ragnar (Ernest Borgnine) en Los Vikingos, tirar de espada y echarse a los perros mientras el resto de los cagones miran?
Yo tengo esa imagen cada vez más presente en mi cabeza.
Debe ser la crisis.
Por cierto, abundando en el tema de lo gay o lo no gay en el cine: no se confundan, esto no es Espartaco de Kubrick. Ragnar no mira con amor carnal a Tony Curtis ni está pensando en ostras o percebes, como el Capitán Haddock cuando le ponen delante a Tintín.
Es que ha criado como a un hijo al personaje de Tony Curtis, un rajado cabronazo, si me permiten la opinión, que se ha pasado al enemigo.
Y Borgnine es tan grande como actor que en los ojos pinta primero el reproche por la traición, luego pasa   a mirarle con el cariño de un padre a un hijo, y luego ya le importa todo tres cojones y experimenta la alegría del tipo que cuando le ponen entre la espada y la pared toma la decisión de clavarse la espada y lanzarse a sacarle los ojos al cabronazo que la empuña.
Muy vikingo todo.
Quien pudiera, o estuviera lo bastante pirado.
Un buen ataque berserker de vez en cuando nos tranquilizaría mucho.
Fijo. 
Así que no se líen: esta escena de Los vikingos no es gay.
Ahí se la dejo.
Piensen en ella la próxima vez que la vida les tire de los cojones.
Piensen si prefieren ser Ragnar y gritar ¡Odiiin!.
O quedarse mirando como el resto de los cagoncetes.
Por cierto, Ernest Borgnine habría sido un excelente Odín en una adaptación de los cómics de Thor, ahora que caigo.
Nunca mejor dicho lo de caer.


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