sábado, 5 de mayo de 2012

LA RABIA DEL YETI ME PONE RABIOSO...

 
A ver: se prepara uno la sesión cinéfila de mazmorra de los viernes noche con todo cuidado. Selecciona un título al azar producido para el canal SyFy, en contra del criterio de mi hija, que ya me tenía avisado que la cosa no tenía buena pinta. Se sienta uno delante de la tele. Empieza la puñetera pelicula y a los cinco minutos caen exactamente en los mismos errores que han  llegado a convertirse en marca de fábrica de este tipo de producciones para la televisión que dinamitan buenas ideas argumentales para entregarse a un desparrame de guión y una torpeza de postproducción de los efectos visuales que me resulta tan impresionante como inexplicable. Porque me parece imposible que se puedan hacer las cosas tan mal, incluso aposta, tantas veces. Estos no tropiezan en la misma piedra dos veces, ni dieciocho veces, sino cada vez que se ponen a contar una historia en imágenes.
Antes que ser lo que aquí he llamado Cine de Mazmorra es cine de más morro.
Primero y principal: tienen adicción, manía persecutoria, trastorno obsesivo compulsivo o una mezcla de todo ello en relación a los malos efectos visuales de animación por ordenador. Más bien habría que decir por ordeñador, porque, en serio, son tan malos los resultados en lo referido a la creación de los bichos que parece que los yetis del título han sido escupidos de una impresora rescatada de un desguace mezclada con un ordenador Amstrad de los de pantalla verde y juegos de Arcade.
Imposible que el espectador se crea nada de lo que pasa en la película si cada vez que se asoma un yeti, aquejado además de prognatismo frenético, te da el ataque de risa y te sacan de lo que está pasando en la pantalla.
He escrito risa, pero lo mismo podría haber escrito vergüenza ajena.
 
Repiten ese mismo error una y otra vez. No se gastan un duro en efectos de animatrónica, no invierten ni en mandar fabricarse un brazo para poder atravesárselo al bicho cuando intenta entrar en el refugio de los protagonistas, tiran cada dos por tres de croma chungo, de los que cantan la discografía completa de Parchís, Enrique y Ana y hasta La Ramona de Fernando Esteso si hace falta (ya saben: "La Ramona es pechugona..." etcétera...).
Y para redondear la jugada: ¡los guionistas!
El peor enemigo de las producciones SyFy son los guionistas.
Les importa un carajo repetirse más que el ajo.
Y encima cae en verso.
¡Que has hecho que un yeti derribe un avión! Ningún problema, poco después, en un alarde de imaginación y originalidad,  puedes hacer que un yeti ¡derribe un helicóptero! ¿Qué les parece? Prodigioso y venturoso despliegue de recursos narrativos.
¡Que has hecho que una moto sea atacada por un yeti!
Ningún problema: hay más motos y muchos yeti, así que repite ese recurso siempre que puedas porque además no sale nada caro y rellena metraje.
Y trabaja con la elipsis como te salga de las narices. Vamos que si mandas a los dos protas, que por cierto parece que se han esapado de una secuela de segunda generación de Dos tontos muy tontos, a buscar una medicina para curar a la rubiales herida, no hace falta que muestres cómo la curan, ni siquiera cómo vuelven o llegan al refugio para curarla. Es prescindible. Te ahorras planos dando un salto hasta el momento en el que, ya totalmente curada, la rubiales está esperando el helicóptero con ellos.
Añadamos a eso varios errores de continuidad con el encargado de hacer de script a por uvas y alguna que otra frase mítica, como: "¡Con los ojos abiertos!". Hombre, es que si van por la nieve y el hielo con los ojos cerrados y rodeados de bichos que se los quieren comer lo probable es que no lleguen a los próximos cinco segundos sin ser estofado en la mesa de los yetis... digo yo. 
Y el humor. Amigos, ¡que no falte el humor!
Un humor prodigioso. Desternillante. Vamos que si te descuidas acabas con las costillas vendadas de tanto reírte.
Los dos protagonistas tienen tanta gracia como Adolf Hitler soltando un discurso sobre lo que él llamaba "el problema Judío".
Sus parientes lo mismo les encuentran la gracia al dúo cómico-aventurero, aunque me parece más probable que sus propios padres les retiren la palabra y pidan una orden de alejamiento para no tener que volver a verlos.
Además los actores se pasan toda la película, toda, entera, completa y verdadera: ¡GRITANDO COMO ENERGÚMENOS!
Y, lo peor: en medio de todo eso me encuentro a ¡Yanci Butler! Una clásica del cine de serie B y las series de televisión que incluso se asomó por Babylon 5...
Vale que no es Angelina Jolie, pero, leches, la tenía yo encuadrada en otra liga...

Dirige David Hewlett, que se ganó cierta popularidad entre los aficionados a la ciencia ficción televisiva ejerciendo del doctor de la serie Stargate y su variante, Stargate: Atlantis.
La broma ésta contó con 1.800.000 dólares de presupuesto.
Y el caso es que en algunos momentos da la impresión de que Hewlett sabe lo que se trae entre manos detrás de las cámaras, pero entre que no le han dado la pasta minima para hacer creíbles los bichos y tiene un guión para quemarlo en la papelera, por desmotivado, falto de ritmo, abominablemente imperactivo, reptitivo y cansino, no puede hacer milagros. 






2 comentarios:

Anónimo dijo...

La película tiene una postproducción mala, repiten la historia a los 10 minutos del final,y es de SyFy, y se nota un montón que el Yeti esta hecho por ordenador

Anónimo dijo...

Si se esforzasen un poco, al menos disfrutiariamos de las caspas pero nada.