martes, 1 de mayo de 2012

GUIONES A OCHO MANOS, UNA PROMISCUIDAD CREATIVA INCONTROLADA, CLAVE PARA LA FLOJERA DE ALGUNAS PELÍCULAS

 Esta tarde, repasando material para un artículo que estaba escribiendo para la revista Acción, me tropiezo con una película, Fortaleza infernal, con cuatro guionistas. ¡Cuatro! ¡Ocho manos metiéndole caña al asunto! Cada dos manos de su padre y de su madre. En un largometraje. Si al menos fuera una serie. Pero no, es un largo.
¿Se imaginan cuatro directores de fotografía para la misma película? ¿Cuatro directores tomando decisiones al mismo tiempo sobre cómo se va a acontar lo que se va a contar?
No dudo de lo rica que puede ser la colaboración de varios guionistas en una misma película, pero sospecho que la flojera de algunos títulos que nos han ido llegando en los últimos tiempos tiene su punto de origen principalmente en un guión que es como los retales del monstruo de Frankenstein: trozo aquí de un padre, trozo allá de otro, esto lo metemos de relleno para que quede claro que ahora el guionista que manda soy yo, esto otro lo sacamos para que no nos haga sombra porque lo hizo el otro...
Ocurre con esto como en tantas otras cosas de la vida. Que como buenos no somos, pues lo de compartir y colaborar cada vez se pone más difícil. Y si encima hablamos de actividades creativas, con todo el ego que ello supone... Tengo experiencia al respecto, por mi propio ego y por el de los demás, aunque muchos no tengan los huevos de admitir que su orgullo tiene peso en las decisiones que toman y vayan por la vida de modestos, esto es, que encima te toman por gilipollas: no cuela. Es inevitable que un guión escrito por cuatro o cinco o a veces incluso seis padres finalmente no tenga cohesión, tenga más cambios de ritmo que una canción playera y los personajes parezcan retales de sí mismos, sombras de lo que podían haber sido, efímeros ecos de su imposible existencia incompleta.
Sin identidad.
Así es como se queda un guión y por extensión una película cuando tanta gente le mete mano al asunto del guión.
Ahora llegará alguien a decirme que tal película la escribieron dieciocho tíos y es cojonuda, a lo cual sólo puedo contestarle que una orgía es una orgía, y eso es caos puro y duro, y que la película acaba la pobre como una víctima de escena porno colectiva en plan una contra todos, que al final no sabe si mirar a derecha o a izquierda para encontrarse con el pene que le toca por guión, y agotada opta por despatarrarse y que pase lo que tenga que pasar. 
Más de dos metiéndole mano a un guión me parece un ejercicio de promiscuidad innecesario y desorientador de personajes, historia y espectador.
Así pasa luego lo que pasa, que no se sabe a quién se le rompió el condón y la liamos parda.

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