sábado, 12 de mayo de 2012

FATAL, de Jean-Patrick Manchette, UNA NOVELA QUE PODRÍA HABER SIDO UNA BUENA PELÍCULA DE SAM PECKIMPAH


 Fatal, publicada por Jean-Patrick Manchette en 1978 y editada en España en la edición que me he leído (Ediciones B, Libro amigo, Serie Policíaca), es una de esas novelas negras que te puedes leer de una sentada en un par de horas como mucho, pero cuando terminas estás convencidos de que te has leído una historia capaz de ocupar trescientas y pico páginas. Tal es la riqueza de personajes y situaciones que incluye el autor en su trama, con un planteamiento narrativo que consigue que el lector tenga la sensación de estar viendo una película. De hecho, es una novela de muy viable y rica adaptación al cine, con una protagonista que sería un auténtico caramelo como personaje para poder mostrarlo en la pantalla grande. Tiene claves de la mujer fatal del cine negro, pero elevada desde el papel de elemento secundario a protagonista absoluta, y no he podido evitar imaginármela con los rasgos de la Simone Signoret de Un lugar en la cumbre, la Kathleen Turner de Fuego en el cuerpo o una más moderna Natalie Portman en un arrebato de auténtica mala leche y dispuesta a optar por otro Oscar a la mejor actriz. Aunque si la película se hubiera rodado en el momento en que Manchette publicó su novela, a finales de los setenta, y me hubiera tocado elegir a la protagonista creo que habría pensado en la Susan George de Perros de paja, la película de Sam Peckmpah, que además habría sido el director perfecto para adaptar esta novela que en algunos momentos, sobre todo en su arrebato final de violencia, tanto me recuerda aquél largometraje.
Porque junto a ese personaje femenino que te atrapa desde su primera aparición, la novela nos propone otros habitantes de la historia, una amplia galería de personajes que invitan a volver a leer otra vez todo el relato para sacarles aún más jugo del que ya les hemos sacado en la primera lectura. Representantes de la burguesía rural gala cargados de secretos a los que el novelista machaca en su descripción de un mundo estancado, putrefacto, inmóvil, al que, como un monstruo del terror, llega la protagonista para instalar el caos.
Lo dicho: al leer casi la he visto en versión adaptada al cine por Sam Peckimpah, especialmente en sus momentos finales, aunque un buen Claude Chabrol tampoco le habría venido mal, y hasta la he mirado imaginándola a través de los ojos de un Wim Wenders dispuesto a repetir la jugada de otra gran muestra del cine policíaco europeo, El amigo americano… 
O un Samuel Fuller tardío... 

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