jueves, 31 de mayo de 2012

¡ATAQUE! de Robert Aldrich


 ¡Ataque!, de Robert Aldrich.
Con Jack Palance y Lee Marvin como protagonistas.
Una película que escoció especialmente al ejército norteamericano por poner en pantalla una imagen poco grata de los oficiales. Hay uno cobarde que provoca la muerte de sus hombres, el capitán Cooney, interpretado por Eddie Albert, que paradójicamente había sido condecorado como héroe de guerra.
Cooney se presenta primero como una sombra, y luego se explica como personaje simplemente con un elemento, el lugar donde lleva las botellas de brandy con las que piensa agasajar en plan pelota a su superior. 
Es un tipo falso que vive en la mentira y el oportunismo. 
 
 
 
Palance y Marvin también habían combatido en la Segunda Guerra Mundial.
Cosas del cine.
Cuando estos tipos cogían un arma, te creías que habían  cogido un arma toda su vida. 
 
 Otro personaje es un teniente dispuesto a amenazar de muerte a su superior si lo deja tirado, el teniente Costa, encarnado por Palance.
Y el oficial que manda sobre todos ellos, el coronel Burnett, Marvin, es el peor de todos, conocedor de la cobardía y la inutilidad del primero, pero empeñado en mantenerlo en el mando con vistas a conseguir lanzar su carrera política cuando vuelva del frente. 
 
Es interesante ver cómo interactúan Palance y Marvin, el primero siempre con el estigma de ser uno de los pioneros del Método en Hollywood. El segundo siendo simplemente él mismo.  
 
La película se rodó en 1956.
La Guerra de Corea (1950-1953), a la que España también envió fuerzas, era un conflicto todavía presente representado en el espíritu de la película, aunque ésta se ambientara en la Segunda Guerra Mundial.
Aldrich haría una jugada parecida con la guerra de Vietnam, representada en las actitudes, situaciones y planteamientos, incluso de situación de la trama en la jungla, de otra película que ambientó en la Segunda Guerra Mundial, Comando en el Mar de China. 
 
La fotografía de Joseph Biroc sugiere adjetivos como árida, bronca, adherida a cada centímetro de los edificios en ruinas en los que se desarrolla la historia como una denuncia en clave luminosa de las turbulencias que habitan en el seno del alma de los personajes principales. 
 
Jugando con el tema de picado y contrapicado para manejar las entradas y salidas de los personajes en escena rompe con el corsé teatral que corría el riesgo de convertir la primera fase del relato en una representación bidimensional y le otorga una clara naturaleza cinematográfica ya desde sus interiores. 
 
 
Tras el prólogo de acción que deja las cosas claras en cuanto a la situación que vive la Compañía Zorro en el seno de la cual se va a desarrollar el drama, la película nos conduce hasta una partida de cartas entre los personajes principales que arranca con un picado, buscando una planificación que nos mete de cabeza en la pantalla como si formáramos parte del relato, como si fuéramos un personaje más de la misma, cualquiera de los soldados rasos que por allí circulan. 
 
Luego llega la aceleración de los acontecimientos con el ataque a la posición alemana que da título a la película, seguido por el contraataque alemán contra la posición estadounidense que da lugar a una batalla entre las ruinas precursora de lo que muchos años después rodará Steven Spielberg en la parte final de Salvar al soldado Ryan. Con menos medios, pero con mejor soporte argumental, interpretativo y dramático. 
 
 Es el momento en el que el personaje del capitán Cooney, reconociendo su propia cobardía, afirma: “Si uno no tiene valor para vivir, menos para morir”.
Una gran alternativa al cine bélico más adocenado y menos realista. Una de las pocas películas bélicas producidas en Estados Unidos en las que no se observa su posible uso como herramienta de reclutamiento, al contrario de lo que ocurre con otra de las grandes películas de Aldrich, Doce del patíbulo, que además de ser una de las mejores y más populares películas de la historiad el cine bélico, es también una de las más significativas en lo que se refiere a la utilización del cine como medio promocional para el reclutamiento.
Vamos que salíamos de verla con ganas de irnos a la mili… Bueno, más o menos. Algunos siempre hemos tenido muy claro que el cine es cine, y la realidad es otra cosa. 
 
Y hablando de realidad, ¡Ataque! es una de las propuestas más maduras y realistas de cine bélico norteamericano que recuerdo. Un clásico. Imprescindible. Y buena escuela de dirección e interpretación en la que se mezclan varios estilos, corrientes, escuelas y formas de entender la narración cinematográfica.
Rodada en 35 días por 750.000 dólares, un presupuesto mínimo.
Sin cooperación militar, por desacuerdo con el guión.
La controversia le fue rentable: recaudó casi 2 millones de dólares.

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