lunes, 9 de abril de 2012

VERACRUZ: EL DÍA QUE GARY COOPER SE ENCONTRÓ CON BURT LANCASTER

Duelo de titanes entre dos de los más destacados iconos del cine clásico: Burt Lancaster toma el testigo como tipo duro del western de manos de Gary Cooper desenfundando la sonrisa en lugar del revólver. Dirigida en 1954 por Robert Aldrich, que la consideraba como una de sus mejores películas por ser la primera que presentaba la figura del antihéroe, Vera Cruz, es una producción que presenta el detalle curioso de mostrar en pantalla el relevo generacional de galanes de Hollywood que se venía operando en los años cincuenta, tras el final de la era dorada del sistema de estudios del cine norteamericano.

Uno de sus protagonistas, Burt Lancaster, era también el productor de la película a través de la firma Hecht-Lancaster, y se reservó el papel de co-protagonista dejando el protagonista a Gary Cooper, que como icono del western era una garantía de cara a la taquilla. A pesar de ello, Lancaster, que venía a ejemplificar la generación de relevo de los antiguos galanes del cine norteamericano, ya entrados en años, se reservó un personaje muy carismático y se garantizó un papel destacado en el plano en casi todas las escenas.
Para empezar, mientras Cooper tiene que hacer frente a un personaje más plano que enlaza con sus héroes vaqueros de una pieza, respetables y con trasfondo ético, Lancaster da vida a un sinvergüenza con maneras de pícaro desalmado que puede convertirse en un asesino en cualquier momento, pero a pesar de todo ello es capaz de ganarse las simpatías del público.
La clave es la sonrisa, una sonrisa deslumbrante que desenfunda como si fuera un arma en los momentos de tensión de la película, y que destaca su ambigüedad moral, pues es la sonrisa de una serpiente que representa justo lo contrario de lo que estamos habituados a interpretar cuando vemos sonreír a otra persona. En el personaje de Lancaster, la sonrisa va a ser siempre sinónimo de violencia, agresión o peligro.
Vera Cruz fue una poderosa influencia en el director italiano Sergio Leone y anticipa algunas de las características del espagueti western, como la alianza de enemigos en una clave de enfrenamiento final anticipado por una tensión entre ambos personajes que se va acumulando durante todo el metraje.
Por otra parte, la película anticipó las producciones de repartos corales con secundarios-estrella, en la línea de Los siete magníficos, Doce del patíbulo, Los cañones de Navarone, La gran evasión
Destaca también por ser uno de los ejemplos más curiosos de la incorporación de las aventuras mejicanas en el ciclo mitológico del género del western. Otras destacadas producciones en esa misma línea son Bandido (1956), de Richard Fleischer, Más allá de Río Grande (1959), de Robert Parrish, Los siete magníficos (1960), de John Sturgess, Los profesionales (1966), de Richard Brooks, Villa cabalga (1968), de Buzz Kulik y Grupo salvaje (1969) de Sam Peckimpah.
En lo referido a filmación y montaje Vera Cruz fue también pionera. Fue convertida en Cinemascope después de rodarse y además cuenta con más cortes y transiciones de los que eran habituales en ese momento: 1130 cortes en 90 minutos de duración.
El duelo final Lancaster-Cooper inspiró una novela de Barry Gifford, Perdita Durango, que fue adaptada al cine por el director español Álex de la Iglesia y en la que para su desenlace se recuperan imágenes de esos momentos finales de Vera Cruz, estando poderosamente influido el personaje del forajido Romeo Dolorosa al que dio vida Javier Bardem por el personaje de Burt Lancaster.
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