domingo, 15 de abril de 2012

LA FLOTA PERDIDA: OSADA, de Jack Campbell


 
 Ayer, a eso de las tres de la mañana, terminé de leer la tercera entrega de la saga de ciencia ficción militarista de Jack Campbell, La flota perdida, que llega con el subtítulo de Osada. Ya comenté el comienzo de esta saga en su primera entrega, Intrépido, en un post publicado el 29/06/09 17:17. Luego leí la segunda y me produjo la sensación de bajón acoplada a la idea de que me estaban contando más de lo mismo. Pero como pueden figurarse quienes me conocen, soy muy cabezón, y no hay dos sin tres, así que me he metido a leer la tercera entrega y la verdad es que la cosa sigue por el mismo camino, esto es, un tanto estancada y repitiendo las mismas fórmula. Continúa la persecución de la flota Aliada dirigida por el “resucitado” John Black Jack Geary, y hay mucho tema de rollete sentimentaloide entre los personajes que podrían haberse ahorrado para invertir más letras en otros asuntos más interesantes. Las batallas siguen siendo un lío de mucho cuidado y no te enteras de casi nada, por mucho que te pueda gustar el tema de la estrategia y la táctica.  Y vuelven a insinuar la existencia de alienígenas así en plan intriga, pero es una intriga que está siendo sugerida como anzuelo de continuidad para el lector desde la primera novela y no llega a manifestarse, así que tiene pinta que va a pasarle lo mismo que le pasó a Babylon 5 con La guerra de las sombras, una promesa prolongada requiere un gran desarrollo para no defraudar, y no veo yo muchos mimbres de que eso pueda ser así tal como están las tres primeras novelas hasta el momento.
Además cada vez se hace notar más el riesgo de caer en la repetición y la monotonía por un motivo bastante sencillo: no hay antagonista. Ustedes me dirán: sí que hay antagonista, los Síndicos. Lo que ocurre es que están ahí, pero son sombras, no están desarrollados. Son sólo naves que aparecen persiguiendo a los protagonistas por ese entramado tipo telaraña de puertas hipernéticas, puntos de salto, etcétera. Si es una estructura de misterio en torno al enemigo, se prolonga demasiado, porque como he dicho, esta es la tercera novela. Abrir la trama a participación real de los antagonistas Síndicos facilitaría una ventilación de la historia y una alternancia de protagonismo en la misma, facilitando además una más variada gama de posibilidades argumentales y escapando al estancamiento que sufre la serie hasta esta tercera entrega.
El otro tema que considero que está siendo desperdiciado son los mundos por los que van pasando las naves de la Alianza en su huida y enfrentamientos con los síndicos. No hay casi acción en los mismos. Concretamente en esta novela los marines mandados por Caraballi, un personaje interesante pero desaprovechado, bajan a un planeta, y eso anima las primeras páginas de la novela, pero no es una acción que se prolongue o tenga importancia en el resto del relato, que rápidamente vuelve, como en un gesto de miedo a internarse más en un paisaje más amplio, al interior de la nave en la que viaja John Geary con la llave hipernética capturada al enemigo. Ese desperdicio de la “bajada a los mundos”, que suele dar tan buenos resultados en este tipo de tramas de ciencia ficción militarista, tanto en novela como en cine o televisión, es otro lastre para el desarrollo de la saga. Si tienen curiosidad por contrastar estas opiniones, pueden echarse un vistazo comparativo a otras novelas de ciencia ficción militarista como las aventuras de Miles Vorkosigan en las novelas de Lois McMaster Bujold, las de Honor Harrington, de las novelas de David Weber, o las del guardiamarina Seafort de las novelas de David Feintuch. O ya puestos la saga Star Trek, el último largometraje de J.J. Abrams me vale.
Eso sí, las claves esenciales del relato me siguen interesando: John Geary resucitado de la cápsula de salvamento en que quedó náufrago durante mil años convirtiéndose en un mito heroico y “encarnándose” nuevamente entre los vivos en plan Moisés sacando a los judíos de Egipto en Los diez mandamientos, la estructura narrativa de persecución en plan Galáctica, estrella de combate, los conflictos  entre los mandos de la flota de la Alianza, que no obstante podrían estar más trabajados, porque resultan un tanto esquemáticos, y sobre todo las posibilidades que tienen estos elementos de saltar en algún momento a una fase más interesante. Eso es lo que me llevará a leer la siguiente, confiando en que alguno de estos temas salte con más importancia incluso de la que se le ha dado en esta tercera entrega a los rolletes sentimentaloides que me resultan poco creíbles, la verdad.
A pesar de todo,  estaba leyendo un capítulo con reunión de los mandos de la flota y cuando apareció un oficial que responde por el nombre de Neeson me dio por pensar por qué Hollywood ha metido tanta pasta en adaptar el juego de los barquitos en Battleship en lugar de rodar alguna buena versión de la inagotable fuente de relatos interesantes que hay en la ciencia ficción militarista de los últimos años. La flota perdida no haría una mala película, ni mucho menos. Tiene elementos que bien explotados por un guionista de talento podrían ser más interesantes como producto de ocio, evasión y espectáculo circense que las adaptaciones de los juguetes de Transformers o el juego de los barquitos.

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