miércoles, 11 de abril de 2012

LA DILIGENCIA (STAGECOACH, 1939)

La diligencia (Stagecoach, 1939)
Bola de sebo, de Guy de Maupassant sirve como inspiración.
Lleva el western a la madurez, con desarrollo psicológico de los personajes.
Ejemplo de presentación de protagonismo coral que anticipa claves del cine de catástrofe de los años setenta (Ford había conseguido su primer éxito con una película que es prólogo al cine de catástrofe, Huracán sobre la isla).
Repetición de uno de los planos habituales de Ford, dentro y fuera de la casa, en el personaje de John Carradine, que luego veremos repetido en El hombre que mató a Liberty Valance, por poner un ejemplo.
Presentación del protagonista ausente: otros hablan de Ringo, al que conocemos antes de que aparezca.
Ojo al personaje del mayoral y del viajante de licores, que establecen ese contrapunto cómico habitual en el cine de Ford. Frecuentemente en la compañía estable de John Ford los mismos actores interpretaban ese tipo de papeles de respiro humorístico incluso en los momentos más dramáticos, como ocurre con el explorador enajenado de Centauros del desierto.
Mitificación de los momentos dramáticos: lo que no vemos.
Del mismo modo que no vemos los cuerpos de las mujeres violadas y torturadas en Centauros del desierto (aunque en La diligencia sí muestra brevemente unos restos descubiertos por John Carradine), tampoco aquí vemos uno de los grandes momentos dramáticos de la película: el parto.
Lo expresa visualmente con las sombras reflejándose sobre la pared frente a la puerta donde se produce el alumbramiento.
Elige así una forma de recrear un momento melodramático sin caer en la trampa del melodrama, lo que aporta mayor madurez a ese fragmento.
Es prólogo a su ciclo de la caballería: el ejército es aquello que aparece y desaparece y por lo que se preguntan todos los personajes, y además resuelve el desenlace.

ANTIGUO Y MODERNO
El personaje más moderno de La diligencia es sin duda el Doctor alcoholizado que le proporcionó un Oscar como mejor actor de reparto a Thomas Mitchell.
La parte más “antigua”, que peor ha resistido el paso del tiempo, es la más melodramática: Ringo y Dallas. Más convencional es igual a más perecedero.
Sin embargo, Ford se asegura de darle una resolución estética muy interesante y moderna en el arranque de la relación y en su desenlace.
En el arranque tenemos el prólogo al encuentro en el pasillo.
RINGO Y DALLAS
Ford reviste a estos personajes de un tratamiento de luz que consigue hacernos tragar la píldora babosa de la declaración de Ringo a Dallas por la belleza de la composición de ese momento romántico.
En el reencuentro de Ringo con Dallas, empieza con un plano subjetivo de Ringo que rompe en la panorámica para sacarnos fuera de ese momento personal y terminar con el abrazo de ambos personajes, que vemos desde fuera.
Lo cual que las convenciones obligadas por la explotación industrial del cine pueden sortearse o mejorarse a base de talento.

Además Ford aprovecha el fragmento romántico narrativamente para:
a/ explorar y explicar el pasado de Ringo
b/explorar y explicar el pasado de Dallas
c/establecer la relación entre ambos, sometida al conflicto de encajar su vida de futuro en común sobre un pasado divergente.
Por supuesto respeta la codificación esencial del cine clásico, imponiendo una escala de planos que pasan al primer plano cuando la relación se vuelve personal. En ese sentido es una escuela de cine.
Aunque el contenido dramático nos resulte tópico, no ocurre así con su contenido estético y su presentación visual.

COMEDIA
Atención al personaje del mayoral y del viajante de licores, que establecen ese contrapunto cómico habitual en el cine de Ford. Frecuentemente en la compañía estable de John Ford los mismos actores interpretaban ese tipo de papeles de respiro humorístico incluso en los momentos más dramáticos, como ocurre con el explorador enajenado de Centauros del desierto.
El humor entremezclado con el drama es una de las claves del cine de John Ford.
El duelo: cómo “miramos” la escena.
En primer lugar, no vamos a ver el tiroteo propiamente dicho. Ford, ya en 1939, tiene claro algo que muchos cineastas actuales no: la acción por sí misma no es interesante. Interesa más el antes y el después.
LA OTRA CARA DE FORD: UNA HISTORIA DE FRACASADOS
En La diligencia el supuesto final feliz no lo es tanto.
Más bien es una historia de fracasos.
La redención de Doc tras asistir al parto y quitarse la borrachera no es completa: sigue siendo un alcohólico.
El sheriff no cumple su misión, no encierra a Ringo, no evita las muertes.
El banquero no consigue escaparse con el dinero.
El jugador no consigue completar su redención. Inicia la frase: “si ven al juez… díganle que su hijo…”, pero no la termina.
La embarazada no encuentra a su marido, y además intenta pero no consigue aceptar a Dallas. Está claro que se impondrán en ellas las costumbres y censuras de las damas “decentes”.

El tratante de licores no consigue que Doc respete sus muestras, y además no consigue su objetivo de salvaguardar su físico del peligro: acaba herido.
El conductor de la diligencia no quiere meterse en líos, y acaba herido.
Finalmente, Ringo y Dallas vuelven, precedidos por una frase ambigua de Doc: “Ya se han librado de la civilización”, al lugar salvaje, el exterior de la ciudad, el lugar en el que esperan los indios, aunque ellos vayan camino de Méjico…

ELIPSIS
En La diligencia, Ford hace elipsis del duelo final de Wayne/Ringo.

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