sábado, 17 de marzo de 2012

LA SIRENA DE LA JUNGLA (JUNGLE SIREN, 1942)


Ayer me metí un programa doble de dos abuelas del cine de mazmorra paridas en los años cuarenta: La sirena de la jungla (Jungle Siren, 1942) y Nabonga, el gorila (Gorilla, 1944). Protagonizadas ambas por Buster Crabbe, el nadador olímpico americano que se ganó la vida en el cine viajando por el espacio en plan space opera en los seriales de Flash Gordon y Buck Rogers, además de interpretar a un Tarzán alternativo al más famoso de Johnny Weismuller.

Hablando de Tarzán, éstas dos son claras tributarias de las películas del hombre mono que hacían furor en la taquilla de la época, pero hechas con bastante menos dinero, porque son cine de la powerty row del sistema de estudios americanos, la powerty row, donde reinaba el serial y las películas de serie B de ínfimo presupuesto.

En España estas dos las han editado juntas en su colección Matinée la empresa Tribanda Pictrues. Dos películas en el mismo dvd, que salió a precio de 9 o 12 euros. Conseguí resistirme a la tentación de comprarlas en su momento, y las he pillado hace poco en las rebajas de una gran superficie a precio de dos dvd por 5,95, lo cual que me hice la colección completa de todas estas fricadas por cuatro perras y media.

Ambas películas proponen alternativas a la historia de Tarzán de Edgar Rice Burroughs, cambiando el papel del retoño blanco abandonado en la jungla por una fémina a la que oportunamente se le saca el máximo partido erótico festivo en plan pin-up, si bien por tratarse de producciones enfocadas al cine de programa doble y en los años cuarenta, buscando la calificación para todos los público, el despliegue de carne de la protagonista se reduce al mínimo en la propia película, aunque quede liberado a la imaginación del ilustrador del cartel promocional, donde también aparece una pantera negra que no asoma el hocico en toda la película.

En La sirena de la jungla la protagonista es Kuhlaya, la hija de unos misioneros que quedó huérfana y se ha convertido en líder de una tribu nativa africana. El papel lo interpreta Ann Corio, una de los doce hijos que tuvo un inmigrante napolitano a Estados Unidos que falleció cuando ella tenía 16 años, lo que la llevó a empezar a trabajar como bailarina y buscarse hueco en el vodevil, convirtiéndose en una popular bailarina de streptease en Nueva York, hasta que el alcalde Laguardia cerró los garitos de streptease en 1939 y tuvo que emigrar a Los Angeles, instalándose en la serie B, donde sus dos películas más populares fueron La mujer del pantano, en 1941, y La sirena de la jungla, en 1942, además de servir como reclamo erótico festivo para entretenimiento de las tropas norteamericanas que combatían en la Segunda Guerra Mundial, posando como modelo para la revista YANK editada por el ejército de los Estados Unidos.

Además está Buster Crabbe interpretando el papel de un capitán de ingenieros norteamericano enrolado en el ejército de la Francia libre que junto con su colega, un sargento que pone la nota de humor en el asunto, se planta en la aldea nativa de la fémina que da título a la película para construir una pista de aterrizaje con vistas a facilitar la ofensiva aliada. Los encargados de impedirlo son una pareja de nazis no del todo bien avenida y el jefe nativo que asesinó a los padres de Kuhlaya, Salangi, que viene a ser algo así como una mezcla entre el cantante King África y Carmen de Mairena, más o menos.

Hay alguna que otra cabeza cortada para señalar el territorio controlado por los nativos chungos, secuencias de animalillos salvajes paseándose por la pantalla para darle tono documental y verosimilitud al asunto, que se desarrolla fundamentalmente en selvas construidas en el interior de los estudios, un chimpancé llamado Greco que resulta un émulo algo soso de la popular Chita y parece haber sido tratado con una dosis masiva de calmantes para no menearse mucho durante el rodaje, y una doble moral en todo el asunto. Por un lado quieren explotar a la moza y su físico, pero al mismo tiempo camuflan las escenas de desnudo… ¡cuando la tipa selvática se mete en una cama como si fuera una princesa Disney!

Aberrante. Imaginen a Tarzán metiéndose en una cama convencional con sus sábanas y sus mantas y tapándose hasta el cuello.

Pues eso.

Lo más llamativo: la posibilidad de asomarse a una producción de la serie B de los cuarenta en clave de powerty row, con una manera de contar ahorrando al máximo y un ritmo de serial reducido a un solo capítulo en el que se acumulan los acontecimientos de manera vertiginosa y siempre está pasando algo. No maneja mal la obligación de meter con calzador el rollete sentimental al mismo tiempo que se plantea un triángulo entre la espía alemana, el protagonista y la chavala selvática, sin descuidar la parte de intriga y cierta parte de aventuras con nativos lañando flechas y lanzas, cortando cabezas, envenenándose entre sí y paseando sus plumas arriba y abajo en una selva con aspecto de invernadero.

El director fue Sam Newfield, un auténtico artesano en la realización de películas de bajo presupuesto que además era hermano de Sigmund Neufeld, el productor de PRC Pictures, una de las principales compañías que se dedicaban a poner este tipo de cine en la cartelera,

Sólo dura 68 minutos y de paso es una curiosa muestra de cómo trabajaba la propaganda antinazi en el cine norteamericano de serie B, así que la he incorporado sin dudar a la colección de cine de mazmorra del blog.

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