sábado, 10 de marzo de 2012

¿JOHN CARTER O AVATAR? NO SON EXCLUYENTES, PERO ME GUSTA MÁS LA PRIMERA


El otro día cometí una “tremenda” osadía en el twitter: me mojé.

Lo que dije en el twitter fue: “Lo diré más claramente: me lo he pasado mejor viendo John Carter que viendo Avatar”.

Alguien me dijo que si había puesto por las nubes Avatar esta debía estar en el cielo. Y como no es el caso, quiero aclarar algo en este blog, que para eso lo tengo.

Empecemos por releer la frase en cuestión: “me lo he pasado mejor viendo John Carter que viendo Avatar”.

Eso es todo. Sin decir cuál es mejor o peor. Sólo digo con cuál me lo he pasado yo, a título personal, mejor.

Lo dije hace una semana. Antes de que los analistas de estas cosas en Estados Unidos, que deben ser primos de las agencias que nos tienen fritos a todos en Europa y en lo que no es Europa con sus valoraciones sobre la prima de riesgo, afirmaran, a priori, que John Carter “podía” perder unos 165 millones de dólares. Vamos, como los cachondos que están sembrando el miedo con las finanzas de los países haciéndonos la vida más hija de perra a la mayoría.

La película ha salido por unos 250 millones y un analista de Wall Street ha llegado a esa conclusión antes de que empezaran a venderse entradas, basándose en distintos factores que no voy a discutirle, pero que en general valoran el rendimiento de otros títulos, etcétera. Mientras otras fuentes afirman que en Rusia la película ha batido ya todos los récords y la película ha recaudado en su primer día 6,5 millones de dólares, convirtiéndose en la más taquillera de la historia en el día del estreno.

Las taquillas me importan lo mismo que los premios, esto es: un carajo. Lo que me importa es si algo me gusta o no me gusta. Hay cosas que me gustan y no le gustan a nadie. Bien. Hay cosas que no me gustan y le gustan a todo el mundo. También bien. Hay cosas que me gustan y le gustan a todos, o casi todos. Vale. Hay cosas que no me gustan y tampoco le gustan a casi nadie. Pues vale también. No puedo evitar tener gustos propios que no coinciden, o sí, dependiendo, con los de la mayoría. Y además, si todos pensáramos lo mismo, esto de estar vivos sería aburrido de cojones.

Lo primero que me jode de Avatar es que Cameron me enchufara el discurso ecológico en plan Pocahontas en azul pitufo. No voy al cine a que me suelten discursos fáciles, sin currárselo. Si van a discursear, que se lo curren un poco más, que no sea tan obvio que te das cuenta de que no se lo cree ni el director. Soy omnívoro, como de todo, tenga madre o no, sea del mar o de la tierra. De vez en cuando incluso como verdura. Pero que no me suelten el rollo del buen salvaje que eso no me lo creía ni cuando estaba estudiando segundo de BUP y nos enchufaban a Rousseau en las clases de Filosofía (sin embargo el cabronazo de Maquiavelo captó toda mi atención, ya ven, y lo del homo homini lupus ya ni les cuento…). El buen salvaje no existe, o en todo caso, se come a otros salvajes. Es ley de vida y de lo cabrona que es nuestra especie, en su estado salvaje o civilizado. Dicho sea de paso, esa movida del buen salvaje ya la había contado, y bastante mejor, John Boorman en La selva esmeralda, en 1985.

Lo segundo que me jode de Avatar es que con lo rebuena que es en lo referido a espectáculo visual, el mejor espectáculo visual que ha dado el 3D, (no la obra maestra en tridimensional, porque ésa la ha rodado Scorsese en La invención de Hugo) la fastidiara tanto con el guión. Lo que me pregunto es dónde se dejó las pelotas Cameron para que Avatar no fuera algo como Aliens: el regreso, que sigue siendo muy buena, que le da cuarenta vueltas a Avatar… ¿Cuándo se nos convirtió Cameron en una nenaza y se puso a hacer The Abyss con esos aliens “humanistas” de las narices, en plan E.T…? ¿Por qué Avatar no sigue con el tono cabroncete de las escenas del principio, con el cadáver del hermano del prota metido en una mierda de caja de cartón como si fuera basura para ser incinerado? ¿Qué narices hace Cameron enchufándome un discurso ecologista?

Dicho esto, resulta que voy al pase de John Carter con la mosca detrás de la oreja, temiendo que hayan vuelto a cagarla, que a mitad de película me quiera pirar de la sala como me pasó con Piratas del Caribe 3 y 4, y acodándome de los viejos buenos tiempos en los que, con doce años, salía de ver otra adaptación de una novela de Burroughs, La tierra olvidada por el tiempo, alucinando en colorines aunque estaba echa con cuatro cuartos y los muñecos de dinosaurio parecían unos teleñecos mal ensamblados y con artrosis. Subiendo en el ascensor a la sala donde se va a proyectar voy pensando en la primera vez que vi El imperio contraataca, la mejor de la saga de Star Wars, escrita por una admiradora de Burroughs, Leigh Brackett…

Y con todo eso en la cabeza, cuando se apagan las luces de la sala, me acomodo las puñeteras gafas de 3D sobre el tabique nasal y la pantalla se ilumina, y empieza la película, me paso los primeros diez minutos diciendo: ¡al fin alguien ha metido pasta en poner en la pantalla todo lo que se imaginó Burroughs! ¡Todo lo que tantos creativos de la ciencia ficción han estado saqueando durante mucho tiempo, con mayor o menor habilidad, “inspirándose” que se dice! Y veo el abordaje de película de piratas pero en Marte y con naves voladoras, y me trago a John Carter dando saltos, y cuando temo que la mascota se les vaya de la mano y se convierta en un bicho-Disney, me sorprenden atándola en corto y procurando que no joda la cuestión más de la cuenta. Y me trago el rollete de los protas con esas miradillas en el lago, y el intercambio de tortas… etcétera. Y cuando salgo de ver la película salgo convencido de que me lo he pasado muy bien viéndola, porque han esquivado todas las trampas del campo de minas que suelen ser este tipo de historias, porque han sorteado el riesgo de quedarse antiguos, algo que inocentemente valoraba el analista de Wall Street como un factor a tener en cuenta, quizá pensando que los artífices de la película iban a ser tan memos como para contarnos la historia a estas alturas tal y como la expuso Burroughs hace la pila de años... Y salgo del pase concluyendo que me apetece verla otra vez.

Bien construida narrativamente, evasión pura y dura, pero sin soltarme discursitos. Bueno, sí, hay un discurso ecológico, breve, sencillo, rápido, que no molesta pero ahí queda: el del alienígena manipulador interpretado por Mark Strong, que le explica al prota lo que pasa con los planetas cuando el personal empieza a reproducirse como conejos. Corto, directo, sencillo: a la yugular. Sin ponerse pedante. Sin el estigma de Pocahontas. Sin darme la brasa durante más de dos horas porque en realidad yo he ido allí a ver cómo Carter les das lo suyo y lo del pulpo a los dos gorilas gigantes con cuatro brazos.

Así que, pasando de lo que pueda ocurrir en la taquilla, insisto: me lo pasé mejor viendo John Carter que viendo Avatar.

Y creo además sinceramente que como estructura narrativa está más trabajada que Avatar.

Podría haber sido más diplomático. Podría haber nadado y guardado la ropa. Pero no: cometí la temeridad de decir lo que me sugería en ese momento la película. Si el propio Cameron citó a las novela de Burroughs como una de las fuentes de inspiración de Avatar, me parecía de justicia hacer la comparación, sobre todo pensando en la paradoja de que Avatar le saliera tan “Disney” a Cameron (el arbolito con sus lucecitas) y John Carter le haya salido tan La guerra de las galaxias a los de Disney.

Podría haber soltado el rollete ese de: “hombre, son películas muy distintas y su idiosincrasia, bla, bla, bla, bla…” ¡Mis narices! Las dos juegan en la misma liga y la verdad es que pienso que a James Cameron le vendría bien dejar de pensar en Encuentros y E.T. y echarse otro vistazo a su propia Aliens, el regreso y mirarse La invención de Hugo y John Carter.

Lo que creo es que el Cameron de Terminator y Aliens el regreso debería estar aplicando el 3D a la adaptación de una novela de Warhammer 40.000, en lugar de aplicar su talento como realizador de cine circense y espectacular visualmente impresionante y tridimensional a soltarnos un panfleto ecológico, buenrrollista y gafapasta.

Y mejor si la película de Cameron es sobre los lobos espaciales, ¡qué leches!

Y mientras eso sucede –cruzando los dedos para que algún juez firme una orden de alejamiento del universo Warhammer 40.000 contra Michael Bay y otras amenazas similares -, me lo paso como un chaval viendo John Carter.

Es lo que hay, coincida o no con la taquilla o los gustos de la mayoría.

A parte de eso, hasta el más memo sabe que cualquiera de las dos películas es bocado apetecible si te gusta el cine, y son de obligado cumplimiento si te gusta el cine de ciencia ficción. El recorrido fotográfico que acompaña este texto debería ser una buena muestra de ello.

Pero eso no significa que no podamos verle las pegas a la de Cameron.

1 comentario:

Ryo Hazuki dijo...

Veo lógico lo que as puesto y es verdad que John Carter es muy entretenida y como divertimiento funciona muy bien incluso mejor que Avatar con la que me llegue a quedarme dormido, eso si yo le vi dos cosas que no me hicieron mucha gracia y son el montaje que no lo vi muy acertado en algunas escenas de acción exceptuando la pelea contra los monos blancos que si esta rodada genialmente y el guión que llega a ser muy lioso.
Saludos :)