domingo, 11 de marzo de 2012

FUGITIVOS REBELDES (THE RAID, 1954), de HUGO FREGONESE


Fugitivos rebeldes es el título español de una curiosa película dirigida por el argentino emigrado a los Estados Unidos Hugo Fregonese (1908-1987) en el año 1954 y con el título original de The Raid. La he puesto esta noche en el dvd después de ver el Real Madrid-Betis en un bar y beberme tres cervezas con su correspondiente tapeo, porque entre mi parienta y la línea 2 de metro, que estaba cortada entre Banco de España y Goya a eso de las 9:30, se han puesto de acuerdo para jorobarme llegar a tiempo a ver el partido en casa. Así que, mosqueado con la cónyuge, me ha tocado improvisar, y he descubierto de paso lo gratificante que es ver fútbol en la tele de un bareto con desconocidos que gritan lo mismo que tú, la mayoría, o lo contrario que tú, la minoría. Luego paseíto relajado a punto de cambiar el sábado por el domingo, con las calles sin un alma. Más relax, imposible. Y como frío no hace, porque tenemos la primavera adelantada, no hacía falta correr, así que al final he acabado llegando a casa a las doce, cenando a las doce treinta y poniéndome la película a las 12:45.

Menos mal que no era muy larga.

Volviendo a la película, la curiosidad y originalidad de Fugitivos rebeldes radica esencialmente en desarrollarse a caballo entre varios géneros al mismo tiempo. Por un lado podría ser consideradas un western mezclado con una película bélica y al mismo tiempo funciona en una clave que finalmente la sitúa más en la órbita del cine negro, en la variante crook story, las historias narradas desde el punto de vista del delincuente y por lo tanto convirtiendo a éste en protagonista del relato. Y como no podía ser menos, para dejar aún más claro este asunto, la trama se inicia con la fuga de una cárcel nordista llevada a cabo por los protagonistas, un grupo de oficiales del ejército del sur que posteriormente establecidos en Canadá preparan un ataque relámpago contra un pueblo del norte perpetrado en tiempo récord, con su oficial superior, el mayor Benton (Van Heflin) trabajando como espía. En realidad, no hay buenos ni malos, y el relato es bastante amargo, por un lado en su manera de expresarse visualmente: la escena con el herido y el perro volviendo a buscarle, el momento en que Benton contempla al herido que ha perdido una de sus muletas sin hacer nada por ayudarlo, o la subasta de la bandera y la posterior confesión del militar del norte interpretado por Richard Boone en un papel ciertamente poco habitual en su carrera, que por aquellos tiempos estaba comenzando. Todos esos momentos hablan del tema central de la película, el odio fratricida entre los contendientes, aparentemente irreconciliables. Amarga es también por la manera en la que los personajes acaban siendo todos un grupo de perdedores. Los sudistas, como se ocupan de aclarar los informes que se van acumulando en esas hojas que informan de los progresos del general nordista Sherman , están cada vez más cerca de perder la guerra. Luchan en una guerra perdida. Y a muchos de ellos les mueve la venganza. El cobarde encuentra su manera de redimirse, pero sólo a medias, sin completar la faena. El niño encuentra un sustituto de su padre muerto, pero no es lo que él creía que era, el tipo de héroe que había imaginado. Lo mismo se aplica a su madre, la viuda interpretada por Anne Bancroft, que cree encontrar una pareja en el canadiense Mr. Swayze pero acaba encontrando al enemigo. El oficial interpretado por Lee Marvin quiere contribuir a la causa, pero se convierte en el mayor peligro para la misma… Y así todos los personajes principales, incluyendo el capitán del ejército del sur encarnado por Peter Graves, actor que tiempo después acabaría por hacerse famoso interpretando el papel de líder en la serie Misión imposible, quien quiere ajustar cuentas con los nordistas que quemaron su casa con su esposa dentro…

Ese tono amargo encaja bien en la fórmula de crook story que sustituye el tradicional golpe contra una joyería o un banco por un ataque relámpago que ha de ejecutarse milimétricamente y en tiempo récord, en el paréntesis relativamente breve en que la ciudad atacada acaba de despedir a una columna de la caballería y se dispone a recibir, apenas dos horas después, a una columna de infantería.

La película me recuerda en algunos momentos Ha llegado el águila (John Sturges, 1976), por su planteamiento argumental, con el tema de los uniformes ocultos que los sudistas han de llevar durante la operación para que ésta no sea considerada guerrilla, sino una operación militar, un ataque militar en toda regla.

Tal y como ocurre en Ha llegado el águila, aquí también esos uniformes ocultos revelan todo el plan a las víctimas, poniendo en peligro el plan, en ambas como consecuencia de la travesuras de un niño.

El reparto es además la reunión de un grupo de secundarios que habían de convertirse luego rápidamente en estrellas, como Lee Marvin, Richard Boone, Anne Bancroft, Claude Akins y Peter Graves.

Y el argumento tiene buen ritmo, la historia está muy bien narrada, configurándose como uno de los mejores trabajos, sino el mejor, de Fregonese en su etapa americana.

Fregonese se desvela como maestro en narrar con sencillez, pero al mismo tiempo dándole una personalidad propia a cada escena, jugando con claves visuales que apuntalan el conflicto psicológico de los personajes. Me gusta más el título original, The Raid, que el español, Fugitivos rebeldes porque dice mucho más sobre la película y además aborda más directamente y con mayor puntería su tema central, el ataque propiamente dicho, mientras que la condición de fugitivos del título español marca a los personajes sólo en el principio de la trama, pasando posteriormente a ser simplemente soldados elegido para llevar a cabo una operación de comando.

Dicho todo lo anterior, tiene el atractivo añadido de ver lo muy guapa que era la señora Robinson de El graduado cuando tenía unos cuantos años menos. No es mal incentivo tampoco.

Dicho sea de paso, algo que ya he comentado en la página web de la revista Acción: por si alguien no lo sabe, se ha muerto un grande del cómic, Jean Giraud, Moebius, un tipo que nos descubrió una forma distinta de contar historias del oeste con sus cómics sobre El teniente Blueberry.

Valga esta portada de una de las mejores entregas de la colección de Blueberry, como homenaje a sus impresionantes trabajos como guionista y dibujante vinculado también al cine.

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