domingo, 19 de febrero de 2012

ACTUALIDAD: ¡NO ME FÍO NI DE MI SOMBRA!

Es curioso. Leyendo periódicos y asistiendo al ceremonial informativo de las noticias en distintos canales de televisión, sumando además a todo ello los últimos movimientos de tropas o tropillas, por mejor decir, en mi entorno privado, he llegado a la conclusión de que no me puedo fiar ni de mi propia sombra.
No es algo que me sorprenda, la verdad, porque el depósito de confianza en mi prójimo lo llevo siempre casi vacío, pero reconozco que ahora ya no me planteo ni pasarme a recargarlo.
Lo sorprendente de todo ello es que encima casi me lo estoy pasando bien con este deporte de riesgo que es moverse entre los congéneres.
El patio está sembrado de mentiras que van cayendo al suelo como hojas de árbol podrido en otoño, y a pesar que estamos en carnaval, las máscaras ya no se sujetan en las caras ni con pegamento. Y al final en el rostro del prójimo, lo único que se puede leer son unos signos de interrogación tamaño King Kong.
Y a pesar de todo me siento optimista.
En todo caso, y para demostrar que nada es lo que parece, miren fijamente la foto que sigue e intenten averiguar qué es.
Y ahora ahí va la solución.
¿Un puñado de nieve con trozos de regaliz escupidos por un niño que imita a Nicole Kidman escupiendo sangre en Moulin Rouge?
¿Una esponja de baño en el retrete de un tipo realmente poco aseado?
¿El trozo de un peluche venido a menos?
¿Una gota de corrupción en un mundo que se descompone?
Pues no.
Es la barra de un bar cerca del Templo de Debod en el que me tomé un café cargado el viernes tarde.
La barra de un bar es una de las muchas fronteras entre la realidad y la ficción que nos rodean. Me imagino a los que están trabajando al otro lado de la barra mirándonos a los de este lado como si fuéramos los bichos que habitan al otro lado del Muro de Juego de Tronos, y diciéndose a sí mismos: se acerca el invierno.
Seguro que el amigo José entiende a qué me refiero, aunque ahora esté a este lado de la barra conmigo y otros compinches, porque se ha pasado mucho tiempo en el otro lado...
La gran verdad es que, nos guste o no, el dinero se ha convertido también en un instrumento o herramienta para dejar las cosas más claras, como demuestran estas fotos.
No digo que sea la maquinita de la verdad, pero aclara muchas cosas.
Por favor, no se dejen manipular ni engañar por sus inclinaciones políticas, ni por su credo, ni por sus pasiones, ni por sus sentimientos, ni por cómo creen que debería ser el mundo según la película que vieron ayer o el libro que tienen que devolver a la biblioteca mañana.
Piensen por sí mismos.
No dejen que les engañen.
Respétense a sí mismos.

3 comentarios:

Alfredo Suárez dijo...

No sé si sería por el hambre o que, pero a mi me vino a la mente enseguida...un helado de stracciatella jajaja.

Kill James Cameron dijo...

No lo pillo. El billete con el que fuiste a pagar... ¿era falso o algo asi?

Anónimo dijo...

Uno no puede fiarse de nadie.