martes, 6 de diciembre de 2011

SPACE BATTLESHIP YAMATO, de Takashi Yamazaki

Llevaba tiempo detrás de esta película japonesa dirigida por Takashi Yamazaki en 2010 y basada en una serie de anime en clave de ciencia ficción militarista que llegó a reunir entre 1974 y 1981 tres temporadas, cuatro películas y un especial. La versión cinematográfica se me antojaba todo un caramelo después de ver el tráiler, aunque no aguanto al moñas de Steven Taylor aullando sus cánticos rituales de apareamiento desde que tuve que tragarme el edulcorado vídeo musical del final de Armaggedon, que casi dan ganas de ir a buscar otro aerolito para que le atice en toda la cabeza al buen señor.

Aprovechando que mañana es fiesta le he metido un ojo a Space Battleship Yamato y ha habido momentos en que me ha llegado a convencer de que era una de las mejores muestras de ciencia ficción militarista que había visto trasladada al cine (de hecho, sería curioso poder verla alguna vez en pantalla grande). El acorazado espacial Yamato, en el año 2199, es la última esperanza de la humanidad para hacer frente a una raza alienígena que parece empeñada en aniquilar nuestra especie y quedarse con nuestro planeta, que a esas alturas está tan cubierto por la radiación que no es azul ni verde, sino simplemente rojo. El personal vive en el subsuelo, muertos de asco y cagándose en la madre que parió a Einstein y otros padres de la energía nuclear. Tras una batalla, solo el Yamato consigue sobrevivir, se oculta y finalmente volverá a los cielos para emprender un viaje de 148.000 años luz buscando el planeta Iskander, donde podría encontrar la solución definitiva para purificar la Tierra de las radiaciones.Todo un tanto episódico, hasta el punto de que en algunos momentos su guión parece habere construido pensando más en el ritmo de los capítulos de las serie de animación de televisión que en un largometraje.

Muy tributaria de la serie Galáctica, Estrella de Combate, con personajes y situaciones que la recuerdan en todo momento (un ejempo, el personaje de Yuki Mori, interpretado por Meias Kuroki, es una variante de la piloto Starbuck de Galáctica, las naves enemigas y los alienígenas son una variante de los Cylon y las batallas espaciales son también del mismo planteamiento visual que las de esa serie de televisión norteamericana, así como la forma de rodar en los interiores, con la cámara en permanente movimiento, muy cerca de los personajes, o los decorados del interior de la nave espacial que da título a la película, que como la de Galáctica ha sido diseñada pensando en el interior de los portaviones), Space Battleship Yamato incluye también otros muchos guiños que van más allá de la serie de animación japonesa de la que parte, como por ejemplo una batalla previa al final que con el desembarco y ataque por tierra en el planeta Iskander/Gámila, recuerda Star Wars (la batalla aérea en las cuevas es un remedo del ataque a la Estrella de la Muerte en la primera entrega de la saga de Lucas, y el Analista que lleva el protagonista siempre encima y en ese momento incorpora a su nave es un claro remedo de R2D2, con unas naves, los Cosmo Cero, que son un híbrido de los Raptor de Galáctica y las Ala-X de la República en La guerra de las galaxias.

Hasta ahí todo bien: ciencia ficción trepidante y entretenida con algunos planos ciertamente espectaculares, entre otros una breve pero impresionante vista de las ciudades subterráneas. Yamato arriba, Yamato abajo repartiendo disparos de su cañón de ondas (voy a pedir uno tamaño miniatura para Reyes, que para la hora punta en el metro por la mañana debe ser mano de santo, oigan), o saltando en el hiperespacio como las naves de la serie Babylon 5 a golpe de Warp (término que guiña a los seguidores de la franquicia de Star Trek y más concretamente, por el tono general de argumento y situaciones, a la serie Enterprise, con la que tiene algunos puntos en común).

Pero llega un momento en que hacia los últimos diez minutos, el asunto se atraganta inevitablemente. No es mala cosa, considerando que la película dura más de dos horas, así que cabe decir que durante casi todo su metraje es altamente recomendable. Pero el final ecologista con mensaje incluido y la innecesaria manía de alargar la movida de la parejita protagonista, acaba convirtiéndose en un lastre. Luego ya se pone a soltar estrofas el amigo Steven Tyler y la cosa se pone excesivamente moñas. Lo del sacrificio samurái me parece bien, de hecho, está perfecto considerando la nacionalidad del producto y la necesidad de que cada cine conserve sus propias raíces culturales, pero el rollete romántico y el final es demasiado moñas e ingenuo incluso para el ecologista más recalcitrante. Bueno, a lo mejor para el más recalcitrante no, pero al resto del personal nos joroba bastante, porque parece un anuncio de energías renovables pagado por una asociación de simpatizantes de Al Gore.

Ya digo que eso asoma el hocico en los últimos siete minutos, así que ante la perspectiva de ver volar al Yamato por última vez no me parce mucho sacrificio. La mayor parte de sus 131 minutos y los 12 millones de dólares que se gastaron en hacerla merecen la pena. Su metraje no moñas, vale como buen ejemplo de ciencia ficción militarista, aunque algunos momentos pequen de ser algo ingenuos y el protagonista le pegue a las lagrimitas de vez en cuando, en plan sensible.

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