sábado, 5 de noviembre de 2011

KULL, OTRO CÓMIC DE CUANDO LOS CÓMICS ERAN MÁS CÓMICS...

Kull de Valusia, creación de Robert E. Howard, algo así como una variante de Conan, pero en un mundo todavía más oscuro, porque no en vano sus aventuras transcurren en la corte de un reino decadente cuya corona consigue a golpe de hacha. Una de las frases más célebres de sus aventuras: ¡por esta hacha gobierno! Me da que muy partidario de la democracia no era el hombre. Total, que con esos mimbres, la Marvel se puso a editar las versiones en viñetas de sus peripecias en el eterno y siempre tan socorrido combate contra el mal absoluto, representado en esta ocasión no sólo por los cortesanos que quieren quitarle de en medio en una serie de tramas de conspiración que seguramente fueron inspiradas a Howard por las obras de Shakespeare más sangrientas, Coriolano, Hamlet, Enrique V, Tito Andrónico... (ya que estamos, ¡qué bien nos viene en estos aciagos tiempos darles un repaso!), sino también por la habitual ración de brujos, mujeres fatales (Howard también escribió relatos policíacos de acción, historias de boxeadores, historias del oeste...), demonios, bichosaurios como el de la portada que reseño aquí, y sobre todo los hombres-serpiente, que podían adoptar la forma de los hombres y tenían su talón de Aquiles en que si les soltabas a bocajarro, en los propios morros, la frase: Ka nama kaa lajerama, cambiaban a su forma real de ofidios humanoides, una variante de nuestra especie que a veces y mirando la ración de siniestros que nos rodea cotidianamente doy en pensar que no ha sido erradicada del todo. Así que si un día me ven ustedes gritando en la Puerta del Sol o la Plaza del Callo o cualquier otro sitio Kaa nama kaa lajerama, antes de que lleguen los de la camisa de fuerza para encerrarme miren a su alrededor, a ver si algún mamonazo de los que les rodean habitualmente está empezando a tener pellejo con escamas.
Coñas al margen, la historia de este tebeo es sencilla: me lo compré en un quiosco del puente de Vallecas un día que salía de clase, por el precio que indica la portada, y fue uno de los botes salvavidas que utilicé para salir a flote cuando estudiaba primero de BUP. Luego acabé pasándoselo a mi hermano, por si a él también podía servirle por lo menos de flotador en circunstancias similares, y también porque hace tiempo que nos distribuimos el gasto quedando en su territorio los cómics y en el mío las películas. Lo de los libros ya está más disputado, caen de los dos lados, y es un lío...

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