domingo, 27 de noviembre de 2011

ESCRIBIR ES LLORAR: LA CADENA DEL LIBRO Y LA CADENA DEL RETRETE

Ustedes me disculparán si hoy estoy un poco obtuso, porque tengo un catarro tubárico, de esos que dicen de las vías altas, aunque me tiene hasta los mismísimos bajos, esto es, hasta los cojones, con tanto moqueo y tanto pañuelo de papel hecho una puñeta a los cinco minutos de sacarlo del bolsillo. Ayer y hoy me he sentido como el pañuelero más rápido del oeste por la velocidad con la que soy capaz de desenfundar un pañuelo nuevo y llevármelo a la nariz, como si fuera la dama de las camelias con un ataque de angustia tamaño King Kong. Se me saltan las lágrimas de pensar en la pasta que me estoy gastando en pañuelajos y que podría estar invirtiendo en algo mucho más sano, como botes de cerveza, por poner un ejemplo lúdico y con espuma.

El caso es que, en plena subida del globo de este catarro cabrón y mientras estaba en capilla para ver el Real Madrid-Atlético de Madrid (hace tiempo que decidí no hacer comentarios sobre fútbol en este blog, de manera que me echo la cremallera, esto es sólo como apunte situacional del personaje, de mí mismo en mi misma mismidad, ayer tarde) me leí un artículo (EN PAPEL) del suplemento El Cultural, del diario El Mundo (sigo leyendo papel porque sin papel sospecho que nos vamos a ir todos al carajo y la civilización empezará a irse por el agujero del retrete en el mismo momento en que desaparezcan totalmente los periódicos en papel, los libros en papel, los cómics en papel, y en general… EL PAPEL).

El asunto venía precedido por un titular de tintes apocalípticos al que no pude resistirme. Decía así: “Se rompe la cadena del libro”, precedido por la frase: “Autores, editores, distribuidores y libreros afrontan el desafío digital”. Considerando que en cierta ocasión tuve rota la cadena del retrete y me vi obligado a sustituirla con un cordón de zapatilla deportiva rojo que se quedó allí más o menos por espacio de un año, hasta que reuní la vocación necesaria para ir a buscar la pieza rota y ponerme a repararla (la lección de ser macho proveedor y manitas en la casa debí perdérmela, o en todo caso me muestro reticente a recordarla, un lapsus de memoria que mi parienta no acaba de entender, me temo), me sacudió un calambre de interés al leer lo de que se rompía otra cadena, la del libro, supongo que por una extraña asociación de ideas envueltas en cordones de zapatos rojos relacionada con el abotargamiento producido por el catarro.

O a lo mejor es que simplemente me acordé en ese momento de que he publicado un buen puñado de libros…

Así que poniéndome mentalmente en el tocadiscos de la cabeza el tema Over The Hills And Far Away de la colección platino de Gary Moore que acababa de escuchar esa mañana, por aquello de animarme a subir la colina de lágrimas y suspiros que barruntaba me esperaba agazapada en las declaraciones del artículo.

Y lo primero con lo que me tropiezo es un sencillo pero muy clarificador esquema de tantos por cientos que quiero compartir con ustedes/vosotros, como solía decir un profe que tuve en la escuela.

Es sobre el reparto de beneficios de la cadena editorial esa que dicen que se va a ir a freír puñetas:

10 por ciento para el autor (no se confundan, aunque vaya en primer lugar, el autor tendrá que esperar una laaarga temporada para hincarle el diente a ese porcentaje de su esfuerzo, talento y sudores con el teclado, y además no siempre es el 10 por ciento: algunas editoriales pagan un 8 por ciento desde mucho antes de que empezara esta movida de la crisis… Y conozco muchos autores que llevan años esperando a cobrar esa parte).

15 por ciento (QUE SALE DEL 10 POR CIENTO DEL AUTOR, OJITO), para el agente, si lo hubiera o hubiese.

43 por ciento para el editor.

13 por ciento para el distribuidor.

34 por ciento para el librero.

Finalmente el lector paga ya entre 9 y 14 euros por un libro de bolsillo que antes costaba como máximo 6 euros, y los libros de historia están generalmente por encima de los 25 euracos, etcétera.

Un libro de unas 100.000 palabras es mucho curro de teclear para el autor. Se lo aseguro. Muchas horas. Si además el libro se escribe con ganas, con cariño, pensando en que habrá alguna vez un lector que dedicará parte de su tiempo de ocio a leerlo, el autor seguramente intentará currárselo con dignidad.

Espero que estas cifras hablen por sí mismas a todos aquellos que piensan que escribir es un chollo. De paso voy a ponerle un marco al esquema para mirarlo cada vez que me entren las ganas de escribir algún otro libro y aplicarme a golpear mi cabeza contra el armario, justo donde tengo el póster del bicharraco de Iron Maiden, poniendo como banda sonora Tailgunner, por ejemplo, que está dedicada a los artilleros y además acaba de forma apocalíptica con aquello de: No más bombas (sólo una gran bomba).

Creo que una mirada al esquema y diez cabezazos bastarán.

Hala, me voy a seguir desenfundando pañuelos en el salvaje y lejano oeste de mi catarro.

¡Atchús!

1 comentario:

Manel Rourke dijo...

Payán! Soy Manel. Antes de nada, a ver si depositas tu catarro de manera indirecta sobre las vías respiratoria de algún pez gordo, así sin más, sin querer. Por otro lado, me ha parecido un escrito de ¡estar muy hasta los cojones! leer este tipo de cosas sí es la polla, algo que es escrito desde las entrañas. Tienes justamente lo que veo que falta en los libros que más pasta hacen: entrañas. Habrá que pensar en escribir con un falso corazoncito y teniendo en mente al público más amplio, pero como esa manera es una mierda, conténtate con ser, gracias a Dios, perfectamente diferente. Que le jodan! Este mundo está hipotecado y más muerto que el escroto de mi abuelo. El día que desaparezcan tanto el papel, como el formato físico de las películas, DVD, Bluray(fíjate que ya he abdicado al blu, porque me veo que al DVD, le dan 2 años de vida) yo paso, es decir me niego, así que armemos un "pitote" reclamando que nos devuelvan lo que nos garantizaba el materialismo. Sino a la mierda. Libros electrónicos, películas online, Spotify.... Pero ¿qué coño es esto? Qué manera de hacer saltar por los aires la esperanza, la espera, la ilusión por algo, que inmediatez más torpe la de este tipo de vida.

Sobre los porcentajes que te has tirado en cuanto al tema de las ventas decir que es: indignante. Nothing more. Espero que vaya bien. Un abrazo. Viva la resistencia.