domingo, 30 de octubre de 2011

LOS VAMPIROS, de Riccardo Freda

Los vampiros, dirigida por Riccardo Freda en 1957 es una fábula de terror en blanco y negro, coproducción entre Italia y Francia que cuenta con Mario Bava como director de fotografía y una de las divas del cine de piratas y peplum italiano de los sesenta, Gianna María Canale, como protagonista, acompañada por Wandisa Guida, otro rostro femenino habitual de las películas de espada y sandalia rodadas en coproducción en la Europa de los años sesenta.

La película es curiosa porque nos desvela una forma de entender el terror contemporánea de los primeros abordajes de la Hammer al género, antes de que el color se hiciera herramienta indispensable del mismo. A pesar de ser previa al estallido pop y colorista que vería el género en la década posterior, y por haberse rodado a finales de los años cincuenta, presenta las curiosas características de una película puente entre los terrores clásicos del cine, con su carga melodramática y su argumento vinculado a la enajenación mental y el onirismo, y el estallido de obsesiones sexuales mezcladas con los mitos más clásicos del género que de algún modo contribuyeron a la renovación del miedo en el cine en los años sesenta.

Los vampiros tiene así cierto aire de prólogo o aviso previo de las claves de los miedos que llegarían posteriormente a la pantalla grande y a ese trabajo ejemplar con los decorados considerados como laberinto y desarrollados como un personaje más de la trama que presidió las producciones de la británica Hammer Films, como demuestra por ejemplo la panoplia de referencias y pistas visuales en las secuencias del baile en la mansión.

Estamos por tanto ante un ejercicio de cine de miedo que en realidad es más cine de intriga, que presenta claves visuales y estéticas herederas del expresionismo (las sombras son protagonistas de dos de los momentos más inquietantes de la película) y que en lo narrativo recuerda en cierto modo el trato de lo sobrenatural con cierto aire folletinesco, representado por dos personajes que investigan una serie de asesinatos de féminas cuyos cadáveres aparecen sin una sola gota de sangre en el cuerpo.

El periodista Lantin y el inspector Chantal son personajes que no desentonarían en un serial rodaje por Louis Feuillade o Fritz Lang a la sombra de un relato de Edgar Allan Poe, y más concretamente de Los crímenes de la Calle Morgue, relato con el que esta fábula de asesinatos brutales tiene algunos puntos en común. La trama de conspiraciones para ocultar el verdadero objetivo de los secuestros y asesinatos estaría también en esa línea.

Sin embargo, la inspiración esencial es la historia de la condesa Bathory, figura esencial de la mitología vampírica empeñada en mantener la eterna juventud consumiendo la sangre de jóvenes féminas sacrificadas brutalmente que para esta trama son secuestradas y sometidas a unos experimentos científicos, avecinando así el relato también al territorio del “mad doctor”, el miedo a la ciencia, los alardes tipo doctor Frankenstein, etcétera.

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