martes, 4 de octubre de 2011

EL ADEPTUS OSCURO, de Ben Counter

“El puente de la Tribunicia era una majestuosa catedral oculta en las entrañas de su proa blindada, dominada por un techo abovedado al que sostenían unas enormes columna de mármol blanco”.
Este es uno de los muchos paisajes en los que se desarrolla El adeptus oscuro, novela de Ben Counter sobre los la orden de los Caballeros Grises, astartes al servicio de la inquisición del Ordo Malleus en el universo futurista apocalíptico de Warhammer 40.000 al que cualquier día va a hincarle el diente el cine y sólo cabe esperar que lo haga con un director decente y no con uno que quiera salir del paso o trufarlo todo de efectos visuales por ordenador que tienen difícil supera las descripciones que dan los propios autores de las novelas.
Juzguen ustedes mismos:
“Toda la maquinaria que movía aquel mundo se parecía más a las entrañas de una criatura, enorme y monstruosa, vuelta del revés y cubriendo toda una ciudad de acero negro y sudoroso”.
Cierto es que muchas de las descripciones que se incluyen en las novelas tienen ecos lejanos de paisajes cinematográficos de películas como las de la saga de Alien, Blade Runner, etcétera, pero tal como está el cine hoy en día cabe temer que si la pantalla grande le mete mano a este universo nacido de los juegos y respaldado por las novelas acabe pareciéndose más a una variante de la saga Transformers.
Las novelas, siempre con poco diálogo, abocadas inevitablemente a la acción, bien merecen ser tenidas en cuenta como construcción de un universo de ciencia ficción diferente en el que se mezclan todo tipo de influencias, no sólo cinematográficas, sino también literarias. En esta ocasión, Alaric, un juez de los Caballeros Grises, tiene que enfrentarse con un planeta que sale de la disformidad, Chaeroneia, y se convierte en un laberinto donde tendrá que llevar a cabo una misión prácticamente suicida para frenar a las hordas del Caos en la segunda entrega de un ciclo dedicado al brazo armado de la inquisición futurista que los creadores de este universo se han fabricado para darle un tono aún más siniestro a las peripecias de sus personajes. Siempre están entre lo malo y lo peor. Entre los demonios del Caos liderados por Abbadon y las hordas de guerreros del Emperador Cadáver de Terra.
La novela incluye además el mejor resumen de lo ocurrido con la Herejía de Horus, el Señor de la Guerra, su enfrentamiento con el Emperador de Terra, la creación de los Astartes y la guerra que se libra en el Ojo del Terror. Si añadimos Tecnoherejes y Tecnosacerdotes, Primarcas, Marines espaciales, las Legiones Negras, y una nave cuya tripulación la constituyen demonios encadenados por uno de los generales de Abbadon, Ukrathus, tendremos una idea de algunas de las piezas más interesantes de este puzzle que me he leído de una sentada, y del que ahí os dejo otra cita para que os hagáis una idea de con qué tipo de material de evasión por la lectura estamos tratando:
“Ukrathus caminaba por el puente en dirección a la cámara de rituales del crucero de combate Forjador de Infiernos. El techo de la cámara se alzaba sobre su cabeza como un cielo negro y distante cubierto por unas nubes de incienso sulfúrico que dejaban caer una llovizna de sangre negruzca. Unos fantasmas revoloteaban entre las espesas nubes, espíritus atrapados por la maldad y el poder del Forjador de Infiernos y condenados a merodear por sus diferentes cubiertas por toda la eternidad. Bajo ellos se extendía un mar de sangre embravecida habitado por unas figuras desnudas que luchaban sin cesar por alcanzar la superficie antes de ser arrastradas de nuevo a las profundidades una y otra vez. Seres castigados por su insolencia o sus fracasos a vivir en un estado de agonía permanente, siempre a punto de morir ahogados pero sin alcanzar nunca la liberación de la muerte. Sus alaridos, patéticos y débiles, se entremezclaban con los rugidos oscuros de un viento que soplaba a lo largo de todo el puente”.
Visto ese paisaje, no es extraño que Ukrathus replique a uno de sus sicarios: “He estado en la galaxia desde hace más de diez mil años. Resulta difícil impresionarme”.
Lo dicho: pura evasión y escapismo, sin mensajes ni enredos, todo acción y nada de reflexión, todo descripción y casi nada de diálogo. Para pasar unas cuantas horas visitando un sitio muy, muy chungo al que además le puedes poner música de Megadeth y te quedas tan fresco.

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