sábado, 17 de septiembre de 2011

ALIEN RESURRECCIÓN, de Jean-Pierre Jeunet

Ayer acabé de repasar el ciclo principal de la saga de Alien viendo Alien resurrección, película que se llevó curiosos palos de la crítica en el momento de su estreno, como muchas otras que me gustan, así que nada nuevo bajo el sol. Como en el caso de Alien 3, aviso que en las siguientes líneas hay algunos spoiler que afectan no sólo a Alien resurrección, sino también a Cowboys y Aliens, de manera que si alguien no las ha visto, quizá conviniera que dejara de leer en este momento.

Entre otras cosas me gustó su manera de rendir tributo a las convenciones de la saga sin por ello bajarse los pantalones o perder su propia personalidad (por ejemplo, el inevitable momento de “¡Mátame!” está servido para acoplarse al resto del tono muy siniestro del resto del relato).

En esta ocasión estamos claramente frente a una variante del cine de aventuras y acción muy visitada por las producciones desde que se estrenó Aliens, el regreso, y que además tiene mucho que ver con un cine anterior, el de catástrofes, tan taquillero en los años setenta con películas como La aventura del Poseidón y El coloso en llamas, entre otras. Ambas corrientes se funden en esta producción que curiosamente se adapta a la fórmula que al año siguiente iba a explotar otra película muy similar en sus planteamientos, Deep Rising (1998), anticipando además algunas claves de la saga de Resident Evil iniciada en 2002. De manera que podríamos decir que Alien resurrección es el eslabón intermedio entre Aliens el regreso, de Cameron, que impone la fórmula de las principales claves del cine de acción y supervivencia adaptando algunos elementos del cine de catástrofe a la saga iniciada por Ridley Scott, y las películas que vendrán más tarde y en esencia explotarán los mismos elementos.

En ese sentido es curioso el guiño de Joss Whedon a la escena en la que los supervivientes del trasatlántico vuelto del revés en La aventura del Poseidón tienen que bucear para acceder a otra zona, que aquí repite con la primera escena de ataque submarino de los aliens en toda la saga.

Es su guiño para dejar clara la propuesta de la fórmula clave de la saga que sigue siendo la mezcla de géneros, con el terror como dominante, tal y como estableció Ridley Scott en la primera entrega. En la segunda entró el bélico, con Cameron, y ahora se incorpora el cine de catástrofe sin negar el legado de las dos primeras entregas, algo que sí hizo Alien 3.

Al contrario que aquella, ésta entrega sabe mantener lo esencial de la saga en el relato sin renunciar a ser ella misma, como demuestra la manera de tratar el terror, por ejemplo en la entrada en los laboratorios, que son su propia “parada de los monstruos”, un circo de los horrores creado por la experimentación con los clones de Ripley, capaz de poner de manifiesto una vez más el axioma esencial de toda la saga: los humanos son mucho más peligrosos que los aliens. De hecho, los humanos son los verdaderos villanos de toda la saga, porque en definitiva los aliens sólo hacen su trabajo como especie: intentan sobrevivir y reproducirse, arrasando para ello con todo lo que se les ponga por delante. Ese viaje al terror en el labortorio es sin duda el momento más terrorífico de la trama, y engarza perfectamente con las escenas de inmersión de Ripley en el paritorio de la reina alien hacia el final y con el aspecto de la criatura que resulta del cambio en el ciclo reproductor de la misma dejando de lado los huevos en beneficio del parto al estilo de los mamíferos.

Todo ello configura un especie de pesadilla siniestra e impregna toda la trama con un cierto horror lovecraftiano que siempre estuvo presente en la misma pero queda potenciada en esta ocasión por la manera de contar de Jean-Pierre Jeunet y su colaborador habitual en la fotografía, Darius Khondji.

Además ese juego con los clones permite a la película explotar otra vuelta de tuerca en el personaje de Ripley, convirténdola en algo nuevo y distinto, casi un nuevo personaje, reedificado sobre las cenizas del mismo que dejó su suicidio en la película anterior, y convirtiéndola en una especie de variante de los superhéroes, como si en lugar de una araña radiactiva en plan Spiderman le hubiera “picado” un alien radiactivo, transmitiéndole parte de la fuerza, los instintos depredadores, la sangre como ácido y otros adornos de la especie. En eso Alien resurrección también dio una pista decisiva a la saga de Resident Evil y más concretamente a la mutación que sufre el personaje de Alice (Milla Jovovich) a lo largo de la misma.

Otro tema que responde bien a ese ambiente de pesadilla es el hecho de que todos los personajes implicados en la trama son unos bastardos, mala gente. Sólo hay un inocente, que resulta ser un infectado cuya cápsula de criogenia ha sido secuestrada por el grupo de piratas protagonista para entregarla a las experimentaciones de la división militar con los aliens.

Es ahí donde brilla algo que suele gustarme mucho: la economía y la sencillez en la forma de introducir elementos en la narración y evolución de los personajes sin perderse en diálogos excesivamente densos, como ocurría en Alien 3. Whedon aplica aquí la flexibilidad y rapidez de narración que suele imponer la televisión en sus series y dibuja personajes y conflicto entre los mismos con poco más que un plumazo, una línea de diálogo. Ejemplo de ello es la escena en la que la Ripley clonada le explica a ese único personaje inocente lo que ha ocurrido, le dice que tiene un alienígena muy violento en el pecho que va a matarle, y cuando éste le pregunta quién es ella contesta: la madre del alienígena. No hay nadie libre de culpa, salvo ese pobre minero raptado durante el criosueño que se ve metido de lleno en la peripecia terrorífica, toda una pesadilla, y consigue salir de la misma de manera honorable, sacrificándose y al mismo tiempo obteniendo su venganza de uno de los principales responsables de que se encuentre inmerso en la misma.

El guión de Whedon nos permite además reflexionar sobre un recurso narrativo a veces mal explotado: la “muerte y resurrección” de un personaje central de la trama. En este caso, Call (Winona Ryder). Hay una forma de hacer eso bien y muchas formas de hacerlo mal. Yo mismo he criticado la aplicación de ese recurso en Cowboys y Aliens con el personaje de Ella (Olivia Wilde), y quiero explicar por qué en mi opinión ese recurso está bien aplicado en Alien resurrección y mal en Cowboys y Aliens.

En ambos casos esa “muerte y resurrección” supone un riesgo de sacar al espectador de la película, de hacer que se sienta engañado, de manera que es preciso asegurar la jugada. La aportación de la misma haciendo evolucionar la trama y/o el personaje debe ser superior al riesgo que se corre al “engañar” al público con un recurso que por otra parte tampoco es tan original como para que no haya que trabajarse bastante la parte final de la maniobra para que realmente constituya una sorpresa.

En el caso de la “muerte y resurrección” de Winona Ryder, Whedon hace que merezca la pena porque no sólo completa la evolución del personaje sino que facilita que pueda avanzar la trama. Eso también se da en el caso de la “muerte y resurrección” de Olivia Wilde, pero lo que le falta a ésta última es que no tiene la misma capacidad para introducir elementos narrativos que abren una nueva puerta para oxigenar el relato y facilitar un fleco en el mismo que el espectador puede completar con su propia imaginación, aventurando en el mismo otro relato que podría contarse perfectamente en un spinoff. En el caso de Winona se nos habla de la segunda generación de robots, personajes que además son una constante en la saga de Alien, una auténtica tradición, con Ash y Bishop como partes esenciales de la misma, lo cual también es una ventaja añadida al giro de “muerte resurrección”, ya que se ejecuta sobre un tipo de elemento conocido por el público: la revelación del robot es una constante desde Alien de Ridley Scott. Pero es que además, como digo, al comentar en el diálogo toda la historia de los robots que se revelaron y su destino (los robots que como César en El planeta de los simios aprendieron a decir “no”), el giro “muerte resurrección” gana en interés, el pasado de ese personaje justifica esa reaparición para añadirle más interés y trasfondo al mundo de ficción en el que se desarrolla la historia, es como poner otra capa de ficción en la misma.

No ocurre lo mismo con el personaje de Olivia Wilde, donde la explicación sobre su pasado queda reducida a informarnos de que su raza fue exterminada por los invasores, sin dar suficientes datos como para que el espectador pueda armar su propia versión sobre la procedencia de ese personaje. En cuanto a la “resurrección” propiamente dicha, creo que es mejor y está mejor narrada la reaparición del personaje de Winona que la del personaje de Olivia Wilde.

Junto a todos estos asuntos, ya digo que lo que más le agradezco a esta entrega es que recupere el tono de aventura de acción y supervivencia que instaló en la saga James Cameron con la segunda entrega, y que incluso aunque se le va la pinza un poco hacia el final, creo que hace su propia aportación pesadillesca y malsana al ciclo de Alien sin traicionarlo, abriendo además el paisaje a posibles secuelas que no me importaría ver, al contrario de lo que me ocurre con Alien 3, visualmente quizá más interesante y elegante, pero narrativamente menos coherente. Al contrario de la de Fincher, esta cuarta entrega no está en conflicto consigo misma ni con la saga. Tiene más clara su función como pieza de la misma, y acepta esa función con una modestia que no le impide intentar desarrollarse como una muestra digna del cine de su director, siempre tan inclinado hacia el cómic. Aquí el cómic es un elemento a tener muy en cuenta, ejemplificado en casi todos los personajes y respaldado por los efectos visuales de Pitof, con esos aliens que caminan y atacan como los velocirraptores de Parque jurásico, superiores al “alien mascota-gato” de Alien 3 y diferentes de las hordas de aliens reptantes de James Cameron, un buen toque de personalidad para esta entrega.

El cómic está especialmente representado o resumido en tres personajes que en mi opinión reflejan muy bien esa especie de construcción en viñetas de la película, quizá no suficientemente valorada o analizada, porque en ese aspecto de cruce entre el cómic y el cine Alien resurrección tiene algunas aportaciones que la convierten en título muy interesante. Esos personajes son el General Pérez interpretado por Dan Hedaya casi como un dibujo animado (algunos críticos no pillaron la idea de caricatura de ese trabajo y pensaron que era una mala interpretación, craso error: recuerden las caras de Hedaya cuando habla con sus científicos, el gesto de ponerse la gorra en la cama cuando suena la alarma o su cara cuando es “descerebrado” por el alien…puro cómic, e incluso puro dibujo animado).

También es totalmente cómic el personaje de Ron Perlman, que en su primera aparición incluso se satiriza a sí mismo imitando a un simio que bien podría ser descendiente del personaje que interpretó en En busca del fuego, un guiño del director, supongo.

Pero el gran resumen de la faceta de cómic de la película está en el actor-fetiche del director, Dominique Pinon, atado a su silla de ruedas, pero en absoluto vulnerable, superviviente total capaz de medirse cara a cara y en solitario con un alien sin perder los nervios, convirtiéndose en mi opinión en uno de los mejores personajes de toda la saga, porque es un auténtico caballo de Troya para los tópicos habituales en este tipo de tramas de aventura y supervivencia.

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