jueves, 15 de septiembre de 2011

ALIEN 3, de DAVID FINCHER, Y SUS FALLOS

Ayer noche seguí con el ciclo de repaso de la saga de Alien que estoy haciendo con mi hija y estuve viendo Alien 3. Me quise enredar a mí mismo en el juego de pensar que si no nos gustaba a la mayoría quizá era porque la de James Cameron era tan buena que nos pusimos a comparar y no fuimos muy justos con la de David Fincher. Pues bien, no es así. Confirmé que la tercera entrega tiene cosas buenas, pero también tiene mucho lastre detrás que impide su funcionamiento. Aprovecho para avisar que puede haber algún que otro spoiler, así que si el personal no la ha visto debería dejar de leer aquí, ver la película y luego seguir leyendo. No quiero destriparle a nadie nada.

El primer problema es que parece que de repente a todos los implicados en el asunto les hubiera parecido poco dedicarse a rodar la tercera entrega de una saga y se hubieran juramentado para hacer otra cosa. Empezando por el principio, donde se quitan de en medio de mala manera a dos elementos esenciales en la entrega anterior, el cabo y la niña. Se los fumigan sin demasiado esfuerzo, como si no valieran nada, grave error que lógicamente pagaron en la taquilla. Prescinden de dos elementos de probada eficacia en la película de Cameron y además que habían conseguido ya asentarse como parte destacada de la franquicia. Cameron se los dejó servidos en bandeja, pero los rechazaron. Inexplicable. Por supuesto, ese fue el primer cabreo de los seguidores de la saga nada más comenzar la película. Se los quitan de encima con unas cuantas imágenes de montaje en los títulos de arranque donde parecen estar empeñados en dejar claro que esto es algo distinto a lo de Cameron.

Pues bien, me apunté a la diferencia. Me dije ayer: seamos abiertos, dejemos aparcado lo que vimos en la de Cameron, entremos en el juego de Fincher, a ver si nos propone algo curioso. Borrón y cuenta nueva. Y lo cierto es que al principio, acepté el cambio, porque visualmente la película está muy bien servida y con gran personalidad, como suele ser el cine de Fincher, con cuya filmografía conecta plenamente por lo que se refiere a sus características como autor. Por ahí, nada que reprocharle.

Pero de repente empieza a ocurrir algo curioso. Sigourney Weaver es la productora ejecutiva, y lógicamente tiene que ser el epicentro del asunto, se lo ha ganado con las películas anteriores. El problema es cuando empiezo a ver en pantalla algo que cada vez que me antoja más próximo a una nueva visita a dos de las mejores versiones del personaje de Juana de Arco que ha dado el cine, La pasión de Juana de Arco, de Dreyer (1928) y El proceso de Juana de Arco, de Robert Bresson (1962). La asociación que hago en mi memoria no es tan disparatada como pudiera parecer. Basta considerar el papel de los presos encerrados en esa cárcel futurista desprovista de tecnología y entregados a la religión como una variante de los sacerdotes encargados de procesar a Juana/Ripley, un paralelismo que se manifiesta incluso en los ángulos de cámara forzados, en contrapicado, y los juegos con los primeros planos. Es eso lo que me resulta más interesante de la película, pero, claro, eso no tiene mucho que ver con la saga de Alien. Incluso el final, con el sacrificio de Ripley en el fuego remite a la historia de Juana de Arco. Hasta el tratamiento de los rostros de los actores me recuerda el de La pasión de Juana de Arco de Dreyer, y no digamos ya la indumentaria cuasisacerdotal que visten los personajes, incluyendo los soldados armados de la compañía que aparecen al final del relato.

Y digo que si ésta hubiera sido una revisión de estas visiones de Juana de Arco no le pondría pegas, podría resultar muy interesante. Pero inevitablemente, el director tiene que justificar la pertenencia de la misma a la saga de Alien, cosa que hace como con desgana, y ello le lleva inevitablemente a traicionar incluso esa naturaleza de reexploración de la historia de la doncella francesa quemada en la hoguera, porque tiene que servir también a las necesidades de la saga y del estudio que produce. De ese choque sale una película siempre visualmente brillante, a ratos inquietante, pero nunca, en ningún momento, entretenida. Es muy densa. Tiene ciertamente imágenes hipnóticas, como la del Alien acercando la cara a Ripley, pero sin matarla. Pero el argumento presenta un comportamiento errático, quizá demasiado empeñado en ser algo distinto a lo visto en las películas anteriores, quizá simplemente zozobrando entre la ambiciosa reconstrucción de Juana de Arco en clave de ciencia ficción y la obligación de meter al alien por algún sitio.

Y así los personajes hablan, y hablan, y no hay alien por parte alguna. Tampoco la intriga, en plan El nombre de la rosa, se sujeta demasiado bien como ejercicio de suspense, porque no manejan bien la información, algo esencial para la intriga, según estableció Hitchcock. Me refiero a que ya desde el principio deberían haber dejado más claro qué es lo que ocurre en la nave, que Ripley está infectada, y construir a partir de ahí con la información que no tienen los personajes, pero sí los espectadores. En lugar de eso, se muestran ambiguos y poco claros pretendiendo mantener al espectador en la duda y la sospecha mientras los personajes (Ripley con el robot Bishop y la caja negra de la nave Sulaco, por ejemplo), se esfuerzan por desentrañar un misterio que en el fondo no es tal. La revelación mediante el escáner de la violación de Ripley y que lleve una reina ponedora alien en su interior no nos sorprende tanto como debiera por ese error en el manejo y la administración de la información al espectador. El ejercicio de suspense fracasa.

Además durante toda la película se detecta un exceso de ambición, como de querer contar demasiadas cosas y manejando demasiados géneros en una misma historia.

La mezcla terror con paisaje de ciencia ficción funcionó perfectamente en Alien. Luego la mezcla terror y bélico, con paisaje de ciencia ficción volvió a funcionar en Aliens. Pues bien, aquí Fincher intenta meter demasiadas cosas, demasiados referentes genéricos, en el mismo saco. Empezamos con un paisaje que remite al cine fantástico, más que al de ciencia ficción, luego intenta meternos en una historia de cárceles (la entrada de Ripley en el comedor y su encuentro con los presos), pero no llega a desarrollar o profundizar por ese camino, y además en medio mete el tema de la religión, añadiendo a todo ello algunos momentos de ataques de alien que realmente no producen terror propiamente dicho. No es extraño que durante toda la película observemos un divorcio absoluto entre los personajes de los presos y Ripley, que parecen habitar en dos películas distintas que sólo se cruzan de vez en cuando por casualidad. La forma de mejorar eso es la sencillez, la modestia, no morder más de lo que podemos masticar. Si hubieran desarrollado la trama sin el componente Juana de Arco, aun manteniendo todo el esquema del argumento, la mejor forma era plantear la película claramente como una película de prisiones al uso, con alien suelto por el lugar (o, mejor, para ser más listos, con aliens, porque, claro, pasar de las hordas de bichos de Cameron a un alien solitario que además se mueve como una mascota del juego de los Sims no ayuda mucho a que el personal disfrute con el asunto).

Una lástima, porque como digo la película tenía elementos para haber sido una pieza de lujo en el collar de la saga de Alien. Así se ha quedado en una rareza, que además empieza a funcionar mal desde dentro, se traiciona a sí misma, con esa especie de retroceso en el guión que se produce después de que hayan encerrado al alien y no sepan qué hacer a partir de ese momento con el argumento, hacia dónde ir. Incapaces de mantener la trama, la prolongan, y caen así en la reiteración, en repetirse, hasta conseguir dormirnos.

Tras la muerte de Charles Dance, el asunto empieza a irse a freír puñetas, quizá porque es un error darle a ese personaje tal grado de protagonismo e interés, despertando las expectativas del público y luego de repente amputarlo brutalmente de la acción. La sorpresa generada no supera los beneficios que se le podría haber sacado al desarrollo del personaje. Es lo que hay que preguntarse cuando te cargas a un principal: ¿va a ser mejor la sorpresa que lo que puedo sacarle si lo mantengo vivo? En ajedrez habría sido una malísima jugada sacrificar la pieza de Charles Dance. Pero es que en realidad tampoco sabían qué hacer con ella. Me remito a un ejemplo: el jefe de la prisión amenaza al personaje de Dance con revelarle a Ripley el pasado de éste. Eso crea unas expectativas en el público. ¿Qué habrá hecho el pavo para estar allí encerrado o exiliado? ¿Qué cosa tan terrible habrá en su pasado que Ripley no podrá perdonarle? Imaginamos que mató a sus hijos, o algo peor, si es que hay algo peor. Pero luego resulta que era médico, estuvo una pila de horas doblando turno, se fue a emborrachar cuando terminó de cumplir con su labor, le llamaron para atender a las necesidades de un accidente y se cargó a 11 o 13 enfermos por un error diagnóstico… Si creas una expectativa, asegúrate de que cumples con ella, no te bajes luego los pantalones. Lo mismo ocurre con el personaje de Dance. Lo matan antes de tiempo, prescinden de él de forma gratuita.

Alguien dirá que pasaba lo mismo con el capitán Dallas en Alien. Pues no. A Dallas no nos lo han estado presentando como un tipo interesante, sólo como el líder, esperamos que sobreviva él porque es un tío y en aquel momento las tías no eran protas (estamos a finales de los setenta), pero, insisto, el personaje no ha sido diseñado como si fuera a tener una progresión posterior y tuviera que explicar muchas cosas, como en el caso de Dance. El juego de Ridley Scott era algo así como el del trilero cuando nos pregunta ¿Dónde está la bolita? O lo que es lo mismo: ¿Quién es el verdadero protagonista? El de Alien 3 es simplemente dilapidar personajes con grandes posibilidades de desarrollo, como el cabo, la niña o el médico interpretado por Dance, buscando una sorpresa que se extingue con rapidez, diluyéndose en la trama.

Y en esto se aplican las mismas reglas expuestas por Alfred Hitchcock para diferenciar entre los 15 segundos de sorpresa y los 15 minutos de suspense en relación a la construcción de la intriga y la información que tienen el espectador y los personajes.

2 comentarios:

Kill James Cameron dijo...

Juana de Arco en Alien 3? Coño! te referias a esto cuando me soltaste lo de "tu falta de fe resulta molesta".

Miguel Juan Payán dijo...

Tú mira la Juana de Arco de Dreyer y ya me dices...