lunes, 22 de agosto de 2011

STAKE LAND, de Jim Mickle

Ayer tuve el DVD echando humo. Me pasé una película de artes marciales por la mañana, Caza desesperada, con Jimmy Wang Yu, un documental dedicado a las grandes estrellas de las artes marciales a continuación y otras dos películas por la noche. La primera de la noche, The Tournament, me pareció entretenida. El enfrentamiento a muerte de una colección de asesinos a sueldo en el que solo puede quedar uno, en plan Los inmortales, no es especialmente original, pero me resultó más curiosa y aceptable que muchas de las chorradas mal paridas de cine de acción que suelen llegar a la cartelera cinematográfica. No es nada especial, pero es un pasatiempo aceptable como vehículo de acción con alguna que otra peripecia curiosa y un personaje, el de Robert Carlisle, al que podrían haberle sacado más jugo pero que con todo tiene su gracia. Anda al nivel de la primera de Ases Calientes, la segunda de Transporter, y en esa línea. Que nadie se confunda.

La parte mejor de la cuádruple sesión de la jornada llegó con la última película del día, Stake Land, una historia de vampiros que se deja de vainas y monsergas y recupera el personaje de los chupasangres como está mandado, en plan alimañas asesinas. En realidad podría haber sido una película de zombis, pero en lugar de muertos vivientes tenemos colmilludas bestezuelas que resultan más inquietantes precisamente porque no pierden en momento alguno la apariencia humanoide ni se consiguen con un efecto especial diseñado por ordenador. Siempre están encarnadas por actores a base de curro de maquillaje, incluso en su variable más inquietante, la forma Berserker.

Es incomprensible que esta película no haya llegado a las pantallas comerciales con la cantidad de mierda en cine de terror que nos estamos comiendo habitualmente en la cartelera. Narrada con el tono de una producción independiente de las que suelen exhibirse en festivales como el de Sundance, tiene toda la pinta de convertirse en título de culto, no solo por abordar la peripecia de supervivencia o el tema del vampirismo con unas claves de sobriedad narrativa que se agradecen, convirtiéndose en una especie de memoria de viajes narrada en primera persona con voz en off por el joven protagonista, que para ello nos encontramos ante una historia de iniciación y aprendizaje, sino porque aún entrando en contacto en distintos momentos con situaciones y temas que pueden recordarnos títulos como Soy leyenda, Vampiros de John Carpenter, La carretera, la serie Los muertos vivientes, e incluso Zombieland, pero sin humor, mantiene su propia personalidad dentro de la temática apocalíptica con toque de terror. Desde ese punto de vista, creo que está mucho mejor que otras historias vampíricas que nos han llegado en los últimos tiempos, me ha gustado más por ejemplo que Daybreakers o El sicario de Dios. Ésas me parecieron buenas recuperaciones del asunto, interesantes, curiosas, entretenidas. Pero Stake Land las supera en calidad, sobriedad y madurez de planteamientos, propuesta, personajes y situaciones.

Sin hacer concesiones a la galería, jugando con el fundido a negro de una de las formas más efectivas y elegantes que he visto este año, Stake Land es el tipo de cine de calidad con abordaje diferente que están pidiendo a gritos los géneros tradicionales. Si la comparamos con 30 días de oscuridad, por ejemplo, nos daremos cuenta de por qué fracasan tantas buenas ideas de partida, ahogadas en las aguas del espectáculo gratuito, sin referencias, sin contenidos, sin capacidad para presentar personajes creíbles, y totalmente atacados hasta la muerte por el tópico y lo previsible. Ideas que sobre el papel son argumentalmente buenas, interesantes, pero a las que les falta un planteamiento narrativamente maduro y con su propia personalidad para salir adelante como algo más que otra película del montón.

Y no hay que confundirse. Stake Land no es en absoluto aburrida, ni discursiva, ni pesada de vez. Nada de eso sería interesante ni maduro. No es un ejercicio de autoría cinematográfica que ahogue el entretenimiento o la evasión. Al contrario, hace del entretenimiento y la evasión su aliado. Tiene no sólo vampiros, sino también caníbales, porque en el fondo el hombre sigue siendo lobo para el hombre y nosotros mismos seguimos siendo la peor amenaza con la que se enfrenta nuestra especie, e incluso bandas paramilitares capaces de lanzar vampiros desde el aire contra poblaciones pacíficas con el fin de exterminarlas.

Lo que ocurre es que cuenta todo eso con respeto por el público, considerando que no somos niños a los que se puede entretener fácilmente con juegos de artificio, y valorando la sencillez como la mejor arma para meterse al espectador en el bolsillo.

Muy recomendable, te guste o no el cine de vampiros o el cine de terror.

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