sábado, 13 de agosto de 2011

SEGOVIA: DE LA HISTORIA ENTENDIDA COMO ENTRETENIMIENTO, JUAN BRAVO Y LAS ARMADURAS INFANTILES

Bueno, pues como lo prometido es deuda, ahí os dejo la segunda y última tanda de fotos que estuve haciendo en Segovia el otro día, que tampoco es cosa de dar mucho el coñazo con el asunto.

Y para empezar, nada mejor que seguir donde lo dejamos el otro día, con una foto que saqué después de pensar que si me pagaran por redactar la típica guía turística del asunto diría que Segovia es una ciudad mirada desde los ojos del acueducto.

No es muy original, seguro que se le ha ocurrido antes a alguien, pero lo peor es que tampoco se muy justa. En todas las ocasiones en que he visitado Segovia la visita al acueducto ha sido siempre obligada, pero para ser sincero nunca me ha parecido lo más interesante de una ciudad que la mayoría de los que nos acercamos a ella desde Madrid nos empeñamos en visitar en un día, pero tiene mucha más tela que cortar en lo referido a historia y monumentos de lo que nos deja apreciar un rápido viaje de ida y vuelta. Los encargados de vender las entradas del sitio que más me gusta visitar cada vez que voy por allí, el Alcázar, tiene ya asumida la prisa como elemento emparejado con los visitantes, así que incluso han calculado lo que se tarda en visitar el recinto general -40 minutos- y lo que se tarda en subir a la torre -20 minutos-, así que si preguntas te dan el cronometraje aproximado del asunto lo mismo que una señora que viajaba en el autobús que nos llevaba hasta el centro me dio el minutaje exacto de separación entre un autobús y el siguiente. Sospecho que esa preocupación por el tiempo es algo que le hemos contagiado a Segovia los que turisteamos por allí, y no una característica propia de sus habitantes. Y a poco que uno se pasee por sus calles, en las que en cualquier momento puedes encontrarte con algo interesante a lo que dedicarle una mirada pausada exenta de miradas nerviosas al reloj, la visita puede convertirse en otra cosa.

Por ejemplo, es esencial explicar a los más jóvenes de la expedición quién era Juan Bravo, figura en mi opinión muy ejemplar de la Historia de España. De otro modo las generaciones más jóvenes se van a conocer de memoria, del derecho y del revés, cualquier historia de cualquier lugar en el que no han nacido, antes que la del sitio del que vienen tanto ellos como sus antepasados. El cine español tiene una asignatura pendiente con la Historia, así, con mayúsculas, de España, y cuando se decide abordar algún asunto histórico, lo políticamente correcto ahoga todo alarde de reconstrucción válida y útil en un empeño de convertir las figuras destacadas de nuestro pasado en ejemplos para la defensa de tendencias políticas de nuestro presente, ignorando algo muy obvio: que aquí en España no todos los ciudadanos pensamos lo mismo, pero a la mayoría nos jode bastante que intenten adoctrinarnos en un u otro sentido. La objetividad sería buena cosa cuando el cine español abordara asuntos históricos, pero me temo que si ahora mismo algún cineasta diera en adaptar la vida de Juan Bravo, acabaría éste convertido en emblema del Movimiento 15-M y, seamos serios, tampoco es eso ni van por ahí los tiros…

Esa manipulación de la Historia para convertirla en historia, con minúscula, domesticada y dócil a la tendencia de cada momento, no es nueva. De hecho, forma parte del propio concepto de Historia, que con frecuencia acaba convirtiéndose en propaganda. Conviene tenerlo en cuenta y precisamente por ello consultar varias fuentes antes de hacerse una idea de lo que ocurrió realmente, y por qué ocurrió, aunque siempre nos quedará la duda de si nos están metiendo una descarga de moralina de baratillo en plan arenga, como hace el profe reciclado en guerrillero que protagoniza la serie Falling Skies o simplemente nos quieren comer el coco antes de unas elecciones, o vendernos la moto de lo políticamente correcto, que cada vez está más vieja y ya tira menos que el burro del tío Perico.

Además, hay muchas formas de conocer la Historia, y muchas más de divertirse con ella. No hay más que ver las caras de los niños cuando se acercan al Alcázar y empiezan a recorrerlo como si fuera una especie de castillo-laberinto en el que pueden tropezarse con cualquier sorpresa girando cualquier esquina…

… incluso algunas escenas particularmente gore, con cabezas cortadas y todo…

De manera que conviene recuperar una parte de críos al encontrarse con la Historia, concretamente la que estimulaba nuestra curiosidad y hacía de motor de nuestro intrépido atrevimiento y simplemente entregarse al disfrute de la experiencia sin empeñarse en explicarlo todo, que tiempo habrá luego de reflexionar sobre todo el asunto, pero sólo después de haber experimentado la sorpresa… por ejemplo de ver una armadura tamaño infantil…

A poco que uno tenga imaginación, resulta imposible no inventarse cien historias detrás de cada piedra, cada torre, cada escalera y cada armadura…

… o en las piezas de la exhibición de maravillas de la Academia de Artillería, donde hay armas con cara y supositorios tamaño King Kong…

Total, que hay que darse un buen paseo por Segovia, o mejor varios, o un paseo con más tranquilidad y menos carreras… como ustedes prefieran. Si se cansan, de regreso siempre pueden aprovechar las dos horas de viaje para recuperar fuerzas mirando el paisaje, antes de zambullirse de nuevo en las arteras de ese monstruo que llamamos Madrid, en el cual, no obstante, un servidor está tan cómodo y feliz, aunque para muchos sea regresar al infierno… Pero esa es ya otra historia, para otro post que subiré cualquier otro día. Ahora me voy a tomar un café con mi mujer y pasaré a terminarme un tebeo (cómic) de Spiderman que tengo a medias.

1 comentario:

David C. dijo...

cuanta historia en esas bellas fotos.