viernes, 12 de agosto de 2011

SEGOVIA: UN CERCANÍAS SIN RETRETE, HULK, TELLY CHAVALAS Y EL ACUEDUCTO

Buenas noches, por decir algo. Primera noche en la que realmente no tengo otro remedio que encender el ventilador mientras tecleo estas palabrejas. Hasta ahora el verano nos había respetado, pero parece que la tregua ha terminado y el calor aprieta.
Y eso ocurre en una madrugada que sigue a un día de paliza que me he dado paseando con la familia por Segovia. Un día repleto de cosas curiosas que quiero explicar en este blog en vaias partes: la primera hoy viernes, así, por entregas, en plan serial (es que son un montón de fotos para meterlas seguidas de buenas a primeras).
Empezamos.

Primero madrugón salvaje en pleno verano: 8 de la mañana. El tren sale a las 10, pero hay que estar antes en la estación, de manera que me descubro mirándome la cara en el espejo con cara de qué carajo hice yo para merecer esto y jugando con la idea de volver a meterme en la cama, aunque en el fondo se que no tengo escapatoria. Pinta un día de expedición a Segovia. Así que después de poco más de cinco horas de sueño, subimos al tren y pasamos por un lugar con una rima muy española...

Precisamente me acuerdo de lo que rima cuando pregunto a la revisora y me entero que nos han colado un tren de cercanías sin retretete para ir hasta Segovia en un viaje que dura dos horas. Afortunadamente no me fío de nadie ni de nada, así que me pasé a vaciar la vejiga en la estación de Atocha antes de salir, pero hago cuentas y caigo en el buen negocio que es llevarnos a Segovia en un cercanías por 12 euros, ida y vuelta, parando además en todos los pueblos que pillan de camino. Naturalmente RENFE pone a mi disposición la posibilidad de viajar hasta ese mismo destino en un tren que va por vía rápida y hace ese mismo trayecto en sólo media hora. Además seguro que lleva retrete. Basta con que afloje 19 euros...
No llevamos retrete, pero teníamos dos guardias de seguridad por si las ganas de ir a hacer aguas mayores o menores convertían a algún viajero en un peligro para el resto de pasajeros. Se me ocurren varios chistes y no pocas burradas sobre el asunto.
Ahi dejo foto de la criaturita:

Por supuesto de camino tropezamos con un paisaje en el que hay de todo, vacas, toros, caballos, toros que miran al tren como si se estuvieran planteando embestirlo, La Navata, que es el sitio desde el que firma sus novelas Arturo Pérez Reverte, más toros, más vallas de piedras que dan ganas de darles una patada, a ver qué pasa, un toro que se ha decidido a saltársela y ha pasado al otro lado del muro, lo que da lugar a una interesante conversación con mi hermano sobre lo poco que hablaron o acertaron a predecir los autores de ciencia ficción la caída del muro de Berlín y sus posteriores consecuencias... No saco fotos de nada de eso, pero ahí queda la memoria escrita de todo ello. En su lugar, un cartel que acierto a leer mientras me dirijo como uno más de la manada de viajeros que baja del tren en Segovia y sale disparada hacia los retretes:

Bueno es recordarlo, porque no se ni sábado, ni domingo, ni festivo, es jueves, pero pretendo estar de vuelta en Madrid a las nueve de la noche pillando precisamente el tren de las siete menos cinco.
Y superada la cola para ir a vaciar la vejiga, empieza la visita con una carrera para pillar el autobús a tiempo, algo muy madrileño, aunque estemos en Segovia, que me lleva a pensar que los urbanitas nunca nos quitamos de encima las costumbres de nuestra trepidante peripecia cotidiana ni el pulso contra el reloj. Parcemos el conejo de Alicia en el país de las maravilas, gritanto que vamos tarde, que se nos acaba el tiempo, que hay mucho que ver y poco tiempo para mirar...
0,88 céntimos de euro después, que es lo que cuesta el bus número 6, y tras enterarme del horario de la línea que más nos conviene para volver a la estación a tiempo de pillar el tren, me bajo en una de las puertas que abren la caja de sopresas visuales de una ciudad que he visitado varias veces, pero en la que siempre consigo encontrar cosas a las que pegar las córneas y sacarles fotos. Como por ejemplo una Puerta del Sol que no es la de Madrid...

... o las calles estrechas, con esos tejados que más que ser buenos vecinos parecen estar a punto de ir a darse de tortas unos con otros, allá arriba. Las calles estrechas son cinematográficas al cien por cien, de manera que siempre me da por pensar lo bien que pueden quedar en pantalla grande, y una cosa lleva a la otra, y empiezo a apretar el gatillo de la cámara, y salen un montó de fotos...
Y lugo están las piedras de esas calles estrechas cuyos tejado parecen ir a entrar en conflicto de inmediato, allá arriba, mientras abajo esas piedras trepan unas sobre otras, se acumulan en un dominó en el que hay mucha huella de la historia...

Imaginen a qué nos conduce todo eso...
Pues justo a una conversación a la vera de acueducto romano de Segovia en la que Telly Chavalas y yo discutimos, para pasmo de mi hija, si no sería buena idea que en el videojuego de destrozo de ciudades de Hulk con el que nos batimos el cobre cada tarde hubieran incorporado una variante de ataque a grandes monumentos del planeta... algo que dentro de su borriquería extrema y políticamente incorrecta podría servir no obstante como herramienta pedagógica o a modo de estímulo cultural para el personal. Telly Chavalas se pregunta además, así en plan sesudo, poniendo cara de científico experto en rayos Gamma a punto de convertirse en una gigantesca masa verde de caos y destrucción, cuántas veces tendría que saltar el Hulk del videojuego para cargarse el acueducto: ¿1? ¿2? ¿3?... Se abre así un amplio debate que se prolonga en la comida, hasta que de repente me encuentro frente a otro monumento, éste de carácter menos histórico, pero igualmente relacionado con el estado líquido de las cosas...

El Sancho Panza que llevo dentro me recuerda que esa cerveza ha pasado a ser uno de los elementos más memorables de la jornada...
Mañana segundo y último capítulo de este paseo estival a 35 grados sobre cero, que ahora ya el ventilador me pide cuartel, pobre, lleva funcionando desde las diez de la noche y ruega un merecido descanso, de manera que no me queda sino mostrarme magnánimo con el fiel electrodoméstico de las aspas y marcharme yo también a la cama acompañado por esta espumosa imagen...
Además, parece que se está levantando una ligera brisa en la calle y el calor afloja, asi que hay que aprovechar para pillar el tren del sueño a tiempo...

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