domingo, 3 de julio de 2011

SOLDADITOS DE AIRFIX EN UN MUNDO MOÑAS, LA CERVEZA PARTECRÁNEOS Y LA JAMONA DE TURNO, CROM LA BENDIGA POR MUCHOS AÑOS, por TELLY CHAVALAS

A las buenas, esta semana vengo algo mosca. Por lo visto en Dinamarca se está produciendo una escasez preocupante de juguetes bélicos, vamos que están poco menos que prohibidos, mal vistos, denostados o como coño quieran llamarlo. Hay que joderse cómo han caído de bajo los vikingos. Quién les ha visto y quién les ve. Siendo un tipo que creció jugando con muñequitos de soldados, como los de la marca Airfix que les traigo en la primera ilustración, la verdad es que la cosa me toca las narices.
Vamos a ver, yo me jartao de jugar con esos muñecos y con otros de tipo bélico, y con pistolas, me he hinchado a ver westerns, pelis de guerra y de tiritos como dicen algunos. Cuando estaba haciendo abdominales (o más bien abominables) en la puta mili, sudando como un jodío gorrino, me prometí que cuando saliera de aquél atolladero me iba a hinchar a ver pelis de guerra, joder. La verdad es que pegar tiritos no me hacía ni puta gracia, de hecho decían por allí que las armas las carga el diablo y las disparan los gilipollas, así que yo procuré hacer poco el gilipollas y disparar lo justo. Vamos que pillé más fregonas que fusiles. A pesar de todo este oscuro pasado, todavía no he matado a nadie (o naide, como dicen algunos). Cabreos me pillo como el que más, pero vamos que todavía no he hecho ninguna barrabasada. Y en caso de pensar en hacerla, preferiría llevarla a cabo con una señora y en posición horizontal, así que no sé porqué tantas hostias con los juguetes bélicos y con las pelis de tiritos. Después me acordé que hace un par de semanas había visto en el cine una peli danesa titulada En un mundo mejor, de la que les traigo el cartel, que más o menos va de un médico pacifista al que le sale un hijo petardista. Como peli está muy bien pero el prota es un canto a poner la otra mejilla. Bueno la otra y las dos del culo si hace falta. Y volví a pensar lo mismo: cómo han caído de bajo los vikingos, por Baldur. Pero bajo de narices, mucho más bajo que Nifleheim. Sí, ya sé que como crítica cinematográfica es una puta mierda, por eso le dejo el trabajo a los especialistas como Miguel. Yo a mis frikadas. Y continúo con mi diarrea mental. Me ha alegrado muchísimo encontrar por fin a un verdadero vikingo, aunque haya sido en la etiqueta de una cerveza, llamada Skullsplitter ("Desparramacráneos" o "Rompecráneos" en cristiano viejo). Así que por lo menos uno está más tranquilo de ver que aun quedan vikingos como Odín manda. Y vikingas, que es mucho más importante. Y como probablemente todos los progres y bienpensantes ya habrán abandonado la lectura asqueados de tanta barbaridad, ahora puedo enseñarles a la jamona rubia de la última ilustración que les traigo, con su salacot y su ombligo al aire. Ah, y un consejito: vayan acaparando material de este tipo, soldaditos de plástico, revistas con mujeres impúdicas en la portada, películas de tiritos, tebeos de superhéroes, discos de rock (o peor ¡¡de heavy!!), cómics de terror, novelas de ciencia ficción o espada y brujería y demás mierdas de esas que nos gustan, simplemente porque las seguimos disfrutando como cuando (y desde que) éramos chavales. Acaparen porque un día llegará en que esta sociedad tan bien pensante y tan mal haciente acabará con esas cosas. Y entonces sólo nos dejarán ver los "pogramas" del corazón, los documentales de hienas follando y los reportajes de cámara al hombro en los que nos enseñan los rincones más sucios y meados de la ciudad. Y el deporte. El deporte que no falte. Vamos, como Fahrenheit 451, pero en plan moñas.
Hala, a cascarla.

2 comentarios:

Miguel Juan Payán dijo...

Tranquilo Telly, si algún día tengo nietos y seguimos por aquí dando por saco, Dios lo quiera, pienso irme contigo a comprarles un equipo completo de bárbaro partecráneos, hacha de plástico y casco con cuernos incluidos, y dos cajas de soldaditos de esos, para ponerme a jugar con ellos a las batallitas.
Y conste que me va a dar igual el sexo que traigan de fábrica: niños o niñas, el hacha, el casco cornudo y los soldaos no se los quita nadie.
Igualdad total.

Telly Chavalas dijo...

Vale, hecho, pero siempre pensé que si llegaba a viejo acabaría cazando ratas mutantes, convertido en un Curro Jiménez viejuno y achacoso o transformado en galletas nutritivas para una humanidad hambrienta como le pasó al amigo Edward G. Robinson en Cuando el destino nos alcance. En éste último caso nada de ciervitos, ni bosquecitos, una peli de Russ Meyer como poco. Y música de Rainbow o Iron Maiden. Y cerveza. Bah, creo que no llego a los cincuenta... por lo menos sano del coco.