viernes, 22 de julio de 2011

EN NOMBRE DE LA LEY (LAWMAN), de Michael Winner

- Marc era bueno con el revólver

- Marc era un bocazas que se creía bueno con el revólver. Un agujero en la tierra lo demuestra

Este es uno de los diálogos de En nombre de de la ley (Lawman), un western dirigido por Michael Winner en 1971 con un trío protagonista que ya por sí mismo merece echar un vistazo y garantiza resultados interesantes: Burt Lancaster, Robert Ryan y Lee J. Cobb, a los que hay que añadir la presencia de Robert Duvall en uno de sus papeles como secundarios y ¡al fin! un papel con enjundia al que pueda agarrarse Sheree North, que debutó como rubia platino de la Fox en los tiempos en que la productora andaba loca buscando relevo para sobrevivir al embarazo de Marilyn Monroe y luego se quedó relegada a segunda rubia platino de moda tras la más exitosa y reconocida Angie Dickinson, aunque el cine de los sesenta y setenta la rescató como uno de sus más perdurables sex-symbol en la madurez.

Pero volvamos al tema que nos interesa, este western que es una de las mejores películas de su director y una de las mejores muestras del género en los años setenta.

Otro de los diálogos esenciales, mantenido por el sheriff cobarde o en horas bajas encarnado por Robert Ryan y el terrateniente al que da vida Lee J. Cobb, donde el segundo le plantea al primero que concierte una reunión con el sheriff encarnado por Lancaster, Maddox, que ha llegado para llevarse detenidos a los responsables de un tiroteo en su ciudad con resultado de muerte de un ciudadano de la misma.

Ryan: ¿Y si no quiere hablar?

Cobb: ¿Por qué no iba a querer hablar?

Ryan: Algunos hombres tratan las cosas con rectitud, señor Bronson. No negocian, ni se venden.

Este diálogo define al personaje de Lancaster, que con el personaje del sheriff Maddox estaba tendiendo un puente entre uno de sus más célebres personajes, el Wyatt Earp de Duelo de titanes, y la etapa como tipo duro como astro maduro en películas como Que viene Valdez, también e 1971, y La venganza de Ulzana, rodada al año siguiente.

Por su parte Robert Ryan desempeña aquí un personaje, el del sheriff comprado que arrastra tras de sí tanto un pasado heroico hace años como una fama de cobarde más reciente, algunos de los rasgos que marcaron su personificación del perseguidor Thornton en Grupo salvaje, de Sam Peckimpah. Su personaje Cotton Ryan en esta película es el filósofo de la película, el que tiene las mejores líneas de diálogo, porque el de Lancaster es un hombre de acción, eminentemente, y habla lo justo. Cotton será el encargado de poner sobre la mesa los temas básicos de la película. Está en todos los diálogos mejor escritos de la película, es un espejo que nos devuelve la imagen de lo que Maddox no quiere pero puede llegar a ser, es otra expresión de Maddox, en cierto modo, y por eso le define tan bien en el diálogo destacado anteriormente.

Además, marca el otro tema central de la película: “La ley. Los hombres honrados la respetan durante toda su vida, y a sus espaldas los otros la compran, la venden y la envilecen”.

Pero además, acierta a definirse a sí mismo en una sola frase: “Estoy metido en un lío y no tengo valor suficiente para salirme de él”.

El de Ryan es un personaje tan complejo como el de Lancaster. Y lo mismo ocurre con el terrateniente encarnado por un clásico del cine, Lee J. Cobb. El guión es suficientemente astuto como para nutrirse de solidez tratando a estos tres personajes casi con el mismo grado de protagonismo, sin establecer diferencias entre héroes o villanos. De hecho, no hay héroes o villanos por cuanto comprendemos a los tres, se nos muestra la trama alternativamente a través de los ojos de todos ellos, y además podemos advertir claramente aspectos negativos y positivos en sus conductas. Eso les da mayor complejidad, contribuyendo a la propia complejidad de la historia, y como la propia vida está llena de grises y no de tonos negros y blancos puros, y resulta tremendamente compleja, este planteamiento añade realismo a la película. Nos la creemos más. La pone fuera de los tópicos. La aleja del estereotipo. Y desarrollando su propia personalidad, manteniendo cierto nexo con el western clásico, pero sin dejarse arrastrar hacia las nuevas corrientes que vivía el género en ese momento, ya sea la del western crepuscular estilo Peckimpah (aunque como digo el personaje de Robert Ryan es un crepúsculo en sí mismo), o la del eurowestern…

Es una película narrativamente muy bien construida que además se define por los detalles. Por ejemplo el del entierro de uno de los personajes, en el que vemos con una sola imagen la segregación a que se encuentra sometido el propietario del burdel y sus chicas, que asisten igualmente, pero en la periferia del cementerio, segregados. El propio personaje del dueño del burdel es una especie de puente entre el pasado de Maddox y el presente de Cotton Ryan, y de una forma sutil marca también la historia como espejo deformante de ambos.

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