sábado, 18 de junio de 2011

HOMBRE, de Martin Ritt

- ¿Cómo quieres que te llame hoy?

- Cualquier cosa que no sea un insulto vale.

El diálogo es de la película Hombre, dirigida por Martin Ritt en 1967, que adaptaba una novela de Elmore Leonard. Leonard la señaló como la mejor adaptación al cine de las muchas que se han hecho de su amplia producción novelística en el seno de la literatura policíaca y las historias del oeste. Protagonizada por un apache blanco, personaje servido con impresionante solvencia por Paul Newman, hasta el punto que incluso nos tragamos, o al menos toleramos su aparición con una melena negra de indio bastante ortopédica al principio del relato, es, como suele suceder en otras muchas novela de Leonard, una historia de wetern, pero con muchos elementos de novela negra. Entre otras muchas cosas, como el tratamiento astuto y desmitificador que aplica a sus personajes de villanos, una de las cosas que hace grande a Leonard es precisamente la habilidad con la que mezcla ambos géneros.

Y su excelente manejo de las situaciones y los personajes expresados a través de los diálogos, que además de convertirle en ejemplo y escuela esencial para escribir novela negra hacen de sus obras un material fácilmente adaptable al cine.

Sus personajes se expresan por sus palabras. Tomemos como ejemplo otra frase del apache blanco interpretado aquí por Newman, cuando replica a la protagonista femenina después de que ésta le recrimine que no haya intervenido para pararle los pies al bravucón interpretado por Richard Boone cuando estaba abusando de otro tipo:

- Si no le importa, señorita, no tenía ganas de morir por él. Y si le importa, tampoco.

Blanco y en botella. No es un héroe. No quiere ser un héroe. No necesita ser un héroe. Sólo es un tipo que quiere seguir vivo.

Otro tema que me parece interesante de esta película es cómo reinventa la clave argumental aplicada por John Ford en La diligencia, incorporando el tema del racismo, sustituyendo los indios de aquélla por forajidos, pero manteniendo la idea del viaje y la reunión de distintos personajes en clave de protagonismo coral, si bien es cierto que en esta ocasión está mucho más claro el protagonismo individual del apache blanco encarnado por Newman de lo que lo estaba el de Ringo, el personaje interpretado por John Wayne en la película de Ford. El arranque del relato enmarca claramente al mestizo como el epicentro de todo el relato, y es un camino hacia el desenlace. Es esencial en ese sentido fijarse en cómo hacen evolucionar el personaje de Newman de manera elegante, apenas perceptible, sin grandes gestos ni alardes, en total coherencia con la personalidad y la psicología del mismo.

Y después tenemos el final. Un final con agallas.

Uno de los mejores trabajos de Newman, que aquí se encontró con un papel que era la horma de su zapato.

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