lunes, 9 de mayo de 2011

MECHANICUM, de Graham McNeill

Mechanicum, de Graham McNeill es otra entrega de la Herejía de Horus de Warhammer que nos lleva en esta ocasión a lo que promete su subtítulo: la guerra estalla en Marte, la fábrica de armas del imperio, infectada con la perversa influencia de la disformidad y condenada a consumirse en una guerra civil en la que tienen especial protagonismo los titanes, máquinas gigantescas tripuladas por humanos que añaden un toque al estilo de los relato mecha de los mangas y animes japoneses y personalmente no puedo evitar que me recuerden al entrañable Mazinger Z.
Pero en la novela de McNeill, además de enfrentamientos entre los gigantescos guerreros mecánicos de las órdenes guerreras de Marte, con todo el repertorio de modelos, desde los Warhound hasta los Reaver y los Warlords, sin olvidar a la gigantesca amenaza del Imperator, prácticamente una ciudad ambulante, algo así como el equivalente de un portaaviones de nuestros días, más o menos, nos encontramos una trama muy curiosa sobre la iniciación de una humana con cualidades muy especiales que sirve como puente entre el lector y el mundo marciano del universo Warhammer. El puzzle se completa con una trama de conspiración entre los mandatarios del planeta que dudan entre aliarse con el rebelde Horus Lupercal o permanecer del lado del Emperador de Terra en la guerra civil que se avecina.
Y junto a todo eso, una frase curiosa de la adepta Zeth que bien podría valer para reflexionar sobre la tecnología en nuestro propio tiempo: “Mientras seamos libres para preguntar lo que debemos, libres para decir lo que pensamos y libres para pensar lo que queramos, la ciencia no dejará de avanzar. Mi gran pena es que vivimos en una época en la que nos sentimos orgullosos de las máquinas que son capaces de pensar y tememos a la gente que intenta hacerlo. Confía en lo que sabes y en lo que se puede demostrar”.
Si alguien se atreve con la novela asistirá a la noche conocida como la Muerte de la Inocencia y quizá hasta experimente algún psicoestigma derivado de las heridas de las máquinas, además de estar invitado a un trepidante final de batallas entre titanes y de apocalíptica catástrofe en Ciudad Magma que haría babear al mismísimo Irwin Allen, creador de las hecatombes más famosas del cine de los años setenta.
Hasta puede que descubra la verdad oculta tras el secreto de la muerte del Dragón...

No hay comentarios: